Son personas que buscan vincularse para tener un lugar donde vivir, sin intención de establecer una conexión emocional genuina
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“Te cuenta una historia para dar lástima (que puede ser verdad) y explicar por qué no tiene casa propia o por qué tiene que dejar su lugar actual. Necesita un lugar temporal donde quedarse mientras resuelve su situación”, escribe una usuaria en Reddit frente a la pregunta “¿cuáles son las señales de que alguien es hobosexual?”.
El término, aunque suena a neologismo y se popularizó en el último tiempo, existe desde hace décadas. Actualmente el Urban Dictionary define la hobosexualidad como “personas que se meten en relaciones para tener un lugar donde vivir”, pero el fenómeno en sí es documentado desde finales de los años 70 y principios de los 80, según se recoge en el libro The Language of Singles Bars. Allí, sin hacer uso de la palabra ‘hobosexual’, el autor, Thomas E. Murray, describe un número creciente de personas sin hogar que comenzaron a buscar a personas solteras vulnerables en bares y discotecas con el motivo de conseguir vivienda.
Manya Wakefield, investigadora especialista en trauma coercitivo, señala que estas personas no tienen como objetivo establecer una conexión emocional genuina. “Observo esta dinámica con una frecuencia sorprendente, y el daño que provoca suele subestimarse sistemáticamente, tanto por quienes la viven como por la sociedad en general, que tiende a verla como un simple inconveniente en las citas y no como la forma de explotación que realmente es”, describe.
Para Wakefield, se trata de individuos que generan activamente una situación de dependencia dentro de la relación, valiéndose del encanto, el bombardeo amoroso (love bombing), el intercambio de favores sexuales y la manipulación emocional para asegurarse el acceso a la vivienda, los ingresos y el trabajo doméstico de su pareja, mientras ofrecen lo mínimo posible a cambio. Identificar el patrón a tiempo, asegura, es la medida de protección más eficaz.
Historial personal y contexto social
De acuerdo con informes relevados por Fundación Tejido Urbano, un 36,6% de la población argentina vive en hogares de 2 y 3 miembros, es decir, que la mayoría de los argentinos viven en pareja/familia. El mismo reporte destaca: “Si bien la proporción total de personas que se encuentran en algún tipo de unión se mantiene relativamente estable a lo largo del tiempo, se observa un cambio en la forma que adoptan esas uniones. En particular, los matrimonios muestran una tendencia descendente, mientras que las uniones consensuales o convivencias aumentan gradualmente su participación”.
Para la psicóloga y sexóloga Sandra López, es fundamental partir de la base de que “uno siempre elige desde algún lugar, ya sea por su historia de vida o circunstancias presentes”. En el caso de quienes se vinculan priorizando motivos materiales, la profesional asegura: “Puede ser que encontrarse sin lugar donde vivir o con una vulnerabilidad económica importante haga que la otra parte del vínculo adquiera un lugar de seguridad”. Para ella, dicha conducta no necesariamente forma parte de la identidad sino que puede tener que ver con una necesidad de amparo o estrategia de supervivencia.

Esto último que menciona López refiere a quienes son motivados por la necesidad. Por eso diferencia: “No hay que confundir necesidad con manipulación”. Una persona puede estar necesitando estabilidad económica/material y encontrarla dentro de una relación sin engañar al otro. “La gran diferencia entre alguien que es hobosexual y el que no radica en la intención con la que se vincula y en el acuerdo que plantea con su pareja desde el día uno”, destaca.
Wakefield, experta en la temática, reconoce a las siguientes como señales de alerta típicas para detectar a estos individuos:
- Recurren a los halagos constantes. Es posible que rápidamente lo llamen a uno como “su alma gemela”, aunque apenas se conozcan. Este tipo de comportamiento suele asociarse con el bombardeo amoroso, un patrón en el que se utilizan muestras excesivas de afecto y halagos para crear un vínculo emocional rápido.
- Se victimizan. Tras atrapar con halagos exagerados, cambian de táctica y cuentan una historia triste en la que ellos mismos son víctimas de la mala suerte, de exparejas crueles o de un mundo que siempre los ha tratado injustamente. “Para entonces, ya han pasado suficiente tiempo diseñando una estrategia para que parezca que existe una conexión profunda y mutua”, dice la investigadora.
- Nunca regresan a su propia casa. Durante la etapa de citas, tienen una habilidad especial para convertirse en huéspedes no invitados, aferrándose a la vivienda de ese otro.
- Historial laboral irregular. Se presentan como personas polifacéticas con todo tipo de habilidades profesionales y trabajos temporales que contribuyen a su inestabilidad y existencia nómada.
- Incompetencia estratégica o instrumentalizada. De acuerdo con Wakefield, fingen no saber realizar tareas domésticas básicas para evitar contribuir al trabajo del hogar. “No pagan alquiler ni mueven un dedo para cubrir los gastos de servicios públicos o las labores de limpieza. En su estrategia de explotación, esperan que los mantengas como si fueras su madre o padre, y no su pareja”, dice.




