Determinar la forma de cepillado más conveniente ayuda a evitar las consecuencias de la placa bacteriana
1 minuto de lectura'
Anton o Antony Van Leewenhoek, holandés de origen, que atendía una tienda de tejidos y era a su vez conserje en la Municipalidad de Amsterdam, tenía la pasión y la rara habilidad de fundir y tallar lentes, de los cuales hizo más de 400. Este conserje o pañero, según nos guste, pasaba largas horas mirando a través de su primitivo microscopio. En una carta de 1683, escribió que "... se adhiere o crece entre algunos de mis dientes frontales o de mis muelas una reducida materia blanca que es tan espesa como si fuera una pasta... Al examinar esta materia con mi aparato estimé (aún cuando no pude discernir nada móvil en ella) que se trataba de viles bestezuelas". Sigue luego diciendo "... que toda la gente que vive en nuestros Países Bajos Unidos no son tantos como los animales vivientes que porto en mi propia boca este mismo día..."
En su carta, Leeuwenhoek, que no era ni dentista ni sabio, sino un hombre simple y poco ilustrado, describió por primera vez en la historia la placa bacteriana, causa principal de la caries y de la enfermedad periodontal ( piorrea ). Además, relacionó a la placa con el sangrado de las encías, signo importante para el diagnóstico de sus enfermedades.
La placa bacteriana o dental se ha definido como agregados microbianos a los dientes o a otras estructuras bucales sólidas. También comprendería a la materia alba que se acumula en las bocas mal limpiadas, pero no a los microbios libres de la boca. Como muchos precursores, Antony sólo tuvo la satisfacción de que sus cartas se publicaran en 7 volúmenes después de su muerte y el asunto de la placa bacteriana quedó en un cono de sombra durante casi tres siglos.
Sólo en octubre de 1971, el doctor Jens Waerhaug, investigador y divulgador sueco, explicó en detalle los fundamentos de la acción patológica de los microbios adheridos y o colonizados en la boca en un interesantísimo curso dictado en la Asociación Odontológica Argentina.
¿Por qué la investigación odontológica tardó más de 250 años para esclarecer lo que Leeuwenhoek descubrió en el siglo XVII? Hace siglos que los textos odontológicos recomiendan la higiene dental y también muchos años que la investigación dental tiene en cuenta el factor microbiano, pero la atención se dirigía al microbio suelto, o sea a aquel que no pudo radicarse y colonizar. El gran progreso en la investigación comienza cuando se le da importancia al estudio de la compleja biología de las colonias, un enfoque que comenzó sólo alrededor de 1958.
Dos problemas diferentes
La higiene oral abarca dos facetas: cómo eliminar la placa bacteriana entre los dientes, y cómo limpiar por fuera y por dentro los arcos dentarios en conjunto; es decir, la limpieza interdentaria y el cepillado de dientes y encías.
En cuanto a la eliminación de la placa interdentaria, actualmente no se concibe realizarla con el cepillo dental. Pero con respecto al cepillado de los dientes y encías algunas ideas ayudarán a precisar mejor la nomenclatura y definir los efectos que se obtienen. Desde que se inventó el cepillo dental, éste ha sido utilizado para su acción específica siguiendo dos modalidades mecánicas: el frotado y el hurgado .
- Frotamiento: es el movimiento habitual. Se lo practica a veces con movimientos antero-posteriores y otras con movimiento de abajo hacia arriba, o viceversa. Como con esos movimientos nunca se alcanzaba la unión entre diente y diente, ni el espacio que existe entre ellos y la encía, muchos odontólogos propusieron usar el cepillo con movimientos penetrantes.
- Hurgado: es revolver o menear una cosa en el interior de otra. En nuestro caso, la punta de los filamentos del cepillo se mantienen fijas en el interior de un surco dental, de una junta interdentaria o de un espacio entre diente y encía. Cuando se hurga, se imprime al cepillo un movimiento vibratorio o de rotación, dejando la punta de los filamentos fijos en un punto. Así, la punta escarbaría mientras el flanco de los filamentos frotaría los dientes o la encía vecinos.
Acciones
El frotamiento, si es prolijo, barrería la placa dental totalmente, rompiendo la unión placa-diente. El hurgamiento, en cambio, pincharía la placa desorganizándola de forma que podrían quedar restos de la misma; pero menos peligrosos por no tener su organización biológica completa.
Los cepillos para realizar ambas acciones también son diferentes. Los que se emplean para frotar tienen un cerdamen parejamente distribuido y la punta de los filamentos a igual altura. Los que se utilizan para hurgar, en cambio, presenta un cerdamen desparejo, los mechones están bien separados, con filamentos largos en el centro y otros más cortos. Son también para hurgar los cepillos llamados unipenacho .
Merecen especial mención -por haber sido comunes en épocas pasadas, los cepillos cuyo cerdamen tiene mechones distribuidos parejamente con filamentos más largos en el centro, rodeados de otros más cortos -o sea, en punta- y que todavía pueden obtenerse. Actualmente han reaparecido con el nombre de zig-zag . Si bien es cierto que con ellos se pretende frotar y también hurgar, en realidad en el frotamiento sólo tocan los dientes los filamentos más largos de cada penacho y en el hurgamiento no pueden penetrar bien en espacio estrechos dado que el cerdamen es más compacto.
En síntesis: sólo el odontólogo, evaluando la necesidad de higiene gingivodentaria de cada paciente, está en condiciones de indicar el cepillo dental adecuado.






