
La charla del doctor en el festival que se realizará en el Hipódromo Palermo será el domingo 25 de octubre por la tarde
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Daniel López Rosetti hace lo que le gusta y en su apretada agenda se hizo un lugar para dar el sí al elenco de Bienestar Fest, el festival de bienestar más importante de la Argentina organizado por LA NACION y OSDE los días 24 y 25 de octubre en el Hipódromo Palermo.
El reconocido cardiólogo, especialista en clínica médica y jefe del Servicio de Medicina del Estrés en el Hospital Central de San Isidro, lleva doce libros publicados y acaba de lanzar Una buena vida (Editorial Planeta). En su nueva obra, López Rosetti explica cómo aprender a administrar nuestra propia vida para vivir mejor, en lugar de ocuparnos únicamente del trabajo, el dinero o las obligaciones cotidianas.
El médico organiza el libro alrededor de cuatro dimensiones: la emocional, la vincular, la existencial y la física. Y precisamente sobre esta temática dará una charla en el espacio Inspiración de Bienestar Fest, el 25 de octubre a las 17.30.
Con la calidez y amabilidad que lo caracterizan, López Rosetti recibió a LA NACION en su casa de Vicente López para charlar sobre qué significa vivir bien.

—En tu libro hablás de administrar 4 dimensiones, ¿hay alguna más importante que otra? ¿Por qué?
—La mayoría somos mejores administradores en el trabajo y en nuestra actividad que en nuestra propia vida. La vida es la administración de estos 4 mundos emocionales. La vida es la administración de tu futuro y del saldo. Y ese saldo tiene 4 mundos y cada quien debe evaluar diariamente, como si fuera una cuenta corriente, cuál de esos 4 mundos está en déficit y dónde conviene invertir nuestros esfuerzos de manera de lograr un equilibrio.
—Comparás la gestión de la vida con la de un maxikiosco emocional o vital...
—Todas las noches hacés caja y tenés que identificar qué déficit tienes: si es emocional, para reconocer y regular nuestras emociones; el vincular, para construir relaciones que nos sostengan y nos permitan crecer; el existencial, para desarrollar una filosofía de vida que nos ayude a descubrir quiénes somos y hacia dónde queremos ir; y el físico, para cuidar el único lugar que tenemos para vivir: nuestro cuerpo. La evaluación del éxito vital no se hace al final de la vida, porque ya es tarde. Se hace todos los días: analizás cómo estás y, a partir de eso, corregís lo que haga falta.
—¿Cómo hacemos para gestionar las emociones y evitar que nos dominen?
—Hay un aprendizaje que tiene que ver con la inteligencia emocional. Para empezar, hay que distinguir las emociones de los sentimientos. Las emociones básicas son seis: miedo, ira, alegría, tristeza, asco y sorpresa. Son respuestas breves y suelen manifestarse en el rostro. Los sentimientos, en cambio, como el amor, el odio, la culpa, la vergüenza, la fe, la esperanza, la envidia o el orgullo, tienen un componente cognitivo y pueden durar mucho tiempo, incluso toda la vida.
Los sentimientos requieren un trabajo de gestión cognitiva, y eso se aprende. También podemos aprender a gestionar las emociones primarias, por ejemplo, trabajando sobre el enojo para evitar que escale hasta convertirse en un ataque de ira. Gestionar nuestra realidad y nuestro mundo emocional es un aprendizaje, como cualquier otro, pero requiere autoconocimiento.
—¿Hay alguna herramienta concreta que nos ayude en la vida cotidiana?
—La filosofía estoica propone, por ejemplo, la llamada dicotomía del control: aprender a distinguir qué podemos controlar y qué no. Cuando incorporás esta herramienta, dividís el mundo entre aquello sobre lo que podés influir y aquello que está fuera de tu alcance. No podés controlar el pensamiento, la actitud o la opinión de los demás, ni las circunstancias adversas de la vida, como la pérdida de un familiar o un despido laboral. Lo que sí podés gestionar es tu reacción frente a esas situaciones. Comprenderlo te cambia todo, porque muchas personas sufren por cosas que no pueden controlar y, si lograran reconocerlo, podrían reducir ese sufrimiento.

¿Cuánto daño nos hace vivir anticipando problemas que probablemente nunca ocurran?
—Mucho. La ansiedad genera un temor anticipatorio y una emocionalidad negativa frente a situaciones que quizás nunca sucedan. Como decía Churchill: “Me pasé la vida preocupado por cosas que nunca sucedieron”. Por eso, vivir el presente, el carpe diem, es algo que también se aprende. Nadie sabe cuándo va a morir, así que no hay que dejar la vida para más adelante.
La filosofía estoica es una herramienta extraordinaria que, además, tuvo una influencia importante en la psicología científica. La terapia cognitivo-conductual, desarrollada a partir del trabajo de Aaron Beck y otros autores, recibió una fuerte influencia del estoicismo. La terapia racional emotiva de Albert Ellis, por su parte, se inspira explícitamente en esta filosofía.
—Le das mucha importancia al mundo vincular, ¿qué características tiene un vínculo que verdaderamente funciona como medicina?
—Primero, lo que llamo la carpa chica: un grupo reducido de personas con las que tenemos vínculos profundos, como la pareja, la familia cercana y los amigos. No se trata de desmerecer al resto, sino de reconocer que son esos pocos vínculos con los que interactuamos de manera más intensa.
En esas relaciones, la escucha activa es fundamental. En el libro explico tres formas de escuchar: en rojo, cuando escuchamos simplemente para responder; en amarillo, cuando escuchamos para juzgar; y en verde, cuando escuchamos de verdad. Si alguien te cuenta un problema, en lugar de responder con una experiencia propia o señalarle lo que hizo mal, podés decirle: “Debe ser muy difícil, ¿no? Contame más". Eso es escuchar. Porque oír, oye cualquiera; escuchar es otra cosa.
Además, el “Estudio de Desarrollo Adulto de Harvard”, que comenzó en la década de 1930, demostró la importancia de los vínculos estrechos y positivos para el bienestar. Las personas que se sienten más satisfechas con su vida, en paz y con serenidad, son aquellas que cuentan con relaciones significativas. La felicidad y el éxito tienen mucho menos que ver con el dinero, la fama o la influencia que con la calidad de nuestros vínculos.
—¿Hay algo de lo que predicás sobre una buena vida que todavía te cuesta aplicar?
—Continuamente de todo, pero esa es la gestión diaria. Tengo la ventajita de que conozco las herramientas, pero no quiere decir que las aplique totalmente bien. Tengo un sesgo, pero lo perfecto es enemigo de lo bueno. Pero sí, cometo errores, me faltan cosas. Nunca se termina de aprender.
—¿Hacés la evaluación por la noche?
—Siempre me pregunto qué hice mal y qué hice bien. Antes la hacía por escrito como debe hacerse; hoy la hago espontáneamente cuando me acuesto.
—¿Qué creés que estamos haciendo mal como sociedad cuando hablamos de “bienestar”?
—Creo que, como sociedad, a veces descuidamos algunos aspectos fundamentales de nuestro bienestar y, al mismo tiempo, nos sobreocupamos de otros. Estamos en una etapa en la que los medios de comunicación y las redes sociales nos proponen constantemente herramientas, métodos, consejos, rutinas y hasta suplementación y medicación, generando la sensación de que, para vivir bien, debemos estar permanentemente haciendo algo para mejorar nuestra salud.
Esto puede llevarnos a desarrollar una especie de neurosis en torno del bienestar, buscando una perfección que muchas veces nos aleja de lo esencial: vivir bien, con equilibrio y sin perder la flexibilidad necesaria para disfrutar de la vida. Creo que el desafío está en aprender a cuidarnos sin caer en los excesos, entendiendo que el bienestar no consiste en hacer todo perfecto, sino en encontrar un equilibrio sostenible. De a poco, siento que la gente está empezando a tomar conciencia de esto y a entender que no hace falta exagerar.
—Si mañana tuvieras que empezar de cero y conservar solamente cinco cosas para construir una buena vida, ¿cuáles elegirías?
—Elegiría cinco pilares fundamentales para construir una buena vida: una alimentación saludable, tomando como referencia la dieta mediterránea; un sueño reparador; la actividad física, combinando ejercicios aeróbicos y de fuerza, sin caer en los excesos; y, por último, una filosofía de vida.

—¿Cómo definís la felicidad?
—Para mí, la felicidad no es euforia, excitación ni alegría. Es, más bien, paz, serenidad y calma sostenida en el tiempo, y eso se puede buscar. El bienestar como una construcción cotidiana.
De fondo, suenan las campanadas del antiguo reloj que marcan la hora. Es momento de terminar la charla y continuarla en el tan esperado Bienestar Fest.
Para acceder a más información sobre la agenda, venta de entradas y sorpresas del Bienestar Fest hacé clic acá.
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