Durante todo el mes de septiembre se podrán ver en la ciudad italiana las garzas realizadas con papel reciclado de antiguas guías telefónicas
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En un taller de San Antonio de Areco, entre pliegos de papel y alambre fino, Josefina Stagnaro moldea alas que parecen a punto de levantar vuelo. Bióloga de formación y artista del papel por vocación, siempre soñó con que su trabajo cruzara fronteras. Ese sueño se cumplió este año: fue seleccionada para exponer en Homo Faber, la bienal de artesanía contemporánea más prestigiosa del mundo, que se celebra en Venecia.

La curadora Luján Cambariere, Homo Faber Craft Expert para Latinoamérica, la eligió para exponer sus delicadas esculturas de aves. Para la exposición, creó especialmente “Garzas Chiflonas y Un Huevo en su Nido”. Las piezas integran la instalación An Infinite Birdsong (Un eterno canto de pájaros), un espacio inspirado en un aviario que invita a reflexionar sobre la relación entre el ser humano y la naturaleza.
Durante todo el mes de septiembre se exhibirá la muestra internacional que reúne a artesanos de todo el mundo en la Fondazione Giorgio Cini, ubicada en la isla de San Giorgio Maggiore bajo el lema An Island of Light (“Una isla de luz”). La dirección artística está a cargo de la reconocida diseñadora británica Es Devlin, quien imaginó un recorrido inmersivo que conecta talento, materiales y saberes a través de la luz, el movimiento y los reflejos del agua.
Ciencia y artesanía en una misma obra
Josefina Stagnaro combina dos universos que rara vez suelen encontrarse. Nacida en San Antonio de Areco, creció rodeada del trabajo artesanal gracias a su padre, Gustavo Stagnaro, reconocido platero de la tradición criolla argentina. Desde pequeña observó y aprendió en el taller familiar la dedicación, la precisión y el valor del trabajo manual.
Más tarde su pasión por la naturaleza la llevó a estudiar Biología. Con el tiempo descubrió que el papel podía convertirse en el puente entre sus intereses científicos y su sensibilidad artística. Hoy, sus esculturas se destacan por una minuciosidad sorprendente: cada pluma, cada curva y cada gesto de las aves remite a una observación atenta del mundo natural.
Para la obra exhibida en Venecia utilizó un material tan cotidiano como inesperado: antiguas guías telefónicas recicladas. A partir de ese soporte, y mediante un proceso completamente manual, construyó aves que parecen cobrar vida gracias al nivel de detalle alcanzado.
El valor del tiempo
Una de las particularidades de la propuesta es que comparte espacio con piezas realizadas por algunas de las joyerías más prestigiosas del mundo, entre ellas Cartier, Buccellati y Van Cleef & Arpels. Mientras esas obras recurren a materiales como oro, plata o diamantes, las esculturas de Stagnaro parten de papel reciclado.
La convivencia de todos estos trabajos dentro de la misma exhibición pone en primer plano una idea central de Homo Faber: el valor de una obra no depende únicamente de la materia prima, sino también del conocimiento, la creatividad y las horas de dedicación que hay detrás de cada pieza.
Cuando le preguntan qué espera que el público se lleve de sus obras, la artista responde con una frase sencilla que resume su filosofía de trabajo: “Que todo lo bueno en la vida lleva tiempo”. Su mensaje adquiere una resonancia particular en este momento donde todo se rige por la inmediatez. Sus aves de papel no solo representan especies observadas con rigor científico; también funcionan como una metáfora de los procesos lentos, de la atención al detalle y de la capacidad humana de transformar un material simple en algo extraordinario.

Un lenguaje universal
Además de las instalaciones inmersivas, Homo Faber tiene demostraciones en vivo, talleres participativos, experiencias gastronómicas y recorridos por talleres artesanales de Venecia. La propuesta busca acercar al público a oficios que sobreviven gracias a la transmisión de conocimientos y al trabajo paciente de generaciones.
En ese contexto, la presencia de Josefina Stagnaro tiene un significado especial. Desde un pueblo profundamente ligado a la tradición artesanal argentina hasta uno de los escenarios más importantes del mundo para los oficios creativos, su recorrido demuestra que la excelencia puede surgir de materiales modestos y que la observación de la naturaleza, la ciencia y el arte siguen encontrando formas de dialogar.
Las garzas de papel que hoy habitan una isla veneciana recuerdan, en definitiva, que la artesanía sigue siendo un lenguaje universal capaz de conectar culturas, territorios y maneras de mirar el mundo.

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