
Prometen luminosidad, firmeza y líneas finas menos visibles sin dolor ni tiempo de recuperación; qué es esta tecnología, cómo funciona y cuáles son sus beneficios reales según los especialistas
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Se las presenta como una herramienta capaz de mejorar la textura, aportar luminosidad y suavizar líneas finas sin dolor ni tiempo de recuperación. En poco tiempo, las máscaras de luz roja LED pasaron a ser parte de las rutinas de skincare caseras de influencers y aficionados del cuidado de la piel. Algunos minutos de quietud y un resplandor rojo prometen más colágeno, menos arrugas y un glow up instantáneo.
¿Se trata de una tecnología con una base biológica real o de una nueva estrategia de marketing? Esto dicen los expertos.
En términos médicos, la terapia de luz roja LED es un tratamiento no invasivo que utiliza longitudes de onda bajas de luz roja e infrarroja cercana para estimular la regeneración celular, aumentar la producción de energía mitocondrial y reducir la inflamación. Es popular en dermatología para estimular el colágeno, reducir arrugas, acné y cicatrices.
“La luz roja es una longitud de onda específica —generalmente entre 620 y 660 nm— que actúa como biomoduladora: no exfolia, no calienta y no daña; simplemente envía energía luminosa que las células aprovechan para trabajar mejor“, explica Marianela Giugni, dermatocosmiatra. En estética, amplía, se la utiliza para mejorar la luminosidad y firmeza de la piel, suavizar líneas finas, lograr un aspecto más parejo y descansado y favorecer la recuperación tras limpiezas profundas o tratamientos cosméticos. “Su principal atractivo es que es indolora, relajante y apta para la mayoría de los biotipos cutáneos”.
Se diferencia de la terapia de luz azul -que también tuvo su momento de popularidad en redes hace unos años- en que trabaja en una franja de ondas con longitudes más cortas y, por ende, en que su acción sobre la piel es distinta.
“La luz azul trabaja en ondas de entre 405 y 470 nm). Su uso estético está dirigido a pieles con tendencia acneica porque ayuda a disminuir la proliferación bacteriana y el exceso de sebo superficial”, indica Giugni, asegurando que ambas pueden complementarse. También advierte que la luz azul es más intensa que la roja y, por eso, requiere protección ocular.

Cómo es una sesión y cuál es la frecuencia
Una sesión de terapia de luz roja suele durar alrededor de 20 minutos, aunque el tiempo puede variar según el equipo, la potencia y el objetivo del tratamiento.
Un punto de conicidencia entre los sitios especializados en salud es que la fotobiomodulación no es un tratamiento de una sola vez, sino que hay que usarla de manera constante para ver resultados.
Si bien ya se han llevado a cabo estudios para medir la eficacia de una máscara de terapia con luz roja, que encontraron mejoras en la calidad de la piel y en algunos signos relacionados con el envejecimiento, los investigadores todavía intentan determinar durante cuánto tiempo y con qué frecuencia debe utilizarse la terapia con luz roja para obtener resultados óptimos.
Beneficios y mitos
Al hablar de los beneficios concretos que puede aportar la luz roja, Giugni señala: “mejora la calidad global de la piel; estimula la reparación y aporta firmeza y luminosidad”. La dermatocosmiatra es clara cuando se le pide discernir entre los efectos posibles reales que pueden conseguirse con este tipo de tratamiento, y las promesas que se quedan en el marketing superficial.
“La terapia de luz roja sí puede mejorar la textura y luminosidad de la piel, líneas finas superficiales, un tono irregular leve, rojeces relacionadas a la sensibilidad cosmética, la recuperación después de peelings suaves o extracciones y lograr un mayor confort e hidratación indirecta por mejora de la función de la barrera cutánea”, plantea. “Si hablamos de lo que la luz roja no puede hacer, diría que no puede reemplazar al láser, la radiofrecuencia o los inyectables; no puede eliminar arrugas profundas; no puede borrar manchas persistentes; no puede tratar patologías; no genera cambios drásticos en pocas sesiones y definitivamente no ´rejuvenece años´“, advierte Giugni.

En definitiva, la fototerapia de luz roja es una herramienta estética segura y eficaz para mejorar la calidad de la piel. “Aunque no sustituye otros procedimientos, sí complementa y potencia rutinas cosméticas, dejando la piel con un aspecto más lumínico, más parejo y revitalizada”, concluye Giugni. "Usada correctamente —ya sea en gabinete o en casa— es una aliada moderna y accesible del cuidado facial. La clave es entenderla como un tratamiento optimizador, no transformador“.
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