
Por Máximo Ravenna y Laura Cordeu
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Las vitaminas son compuestos orgánicos indispensables para la vida. Unidas a proteínas, actúan como catalizadores en múltiples reacciones químicas metabólicas, participando en los procesos de crecimiento y desarrollo, en la formación de hormonas, etcétera.
No pueden ser sintetizadas por las células del cuerpo, y deben ser provistas como tales o en forma de sus precursores químicos, o sea, como sustancias a partir de las cuales el organismo sí puede sintetizar su forma activa.
Junto con los minerales forman el grupo de los micronutrientes, nutrientes que se encuentran en pequeña cantidad en los alimentos y que cumplen sus funciones orgánicas en dosis pequeñísimas y que no aportan calorías; pueden ser utilizadas en dietas hipocalóricas como suplementos dietarios sin aumentar el valor calórico de esas dietas en ninguna forma.
Sin embargo, es una creencia común que las vitaminas engordan y muchos pacientes son reticentes a utilizarlas aun frente a la prescripción médica. Creo que esto está relacionado al uso que muchas veces se les ha dado a los suplementos vitamínicos y minerales, que han quedado relacionados en nuestra memoria de forma no muy clara: "...Aquel abuelo que andaba tan mal... hasta que le recetaron esas vitaminas que le hicieron subir de peso".
Pensemos entonces lo siguiente: cuando una persona se encuentra en un estado de nutrición deficiente por diversas causas, esto le provoca falta de apetito; entra así en un peligroso circuito para su salud. En estos casos el aporte de vitaminas y minerales como suplementos mejora el estado de nutrición; así se recompone el apetito perdido.
Este efecto desde ya no existe en pacientes con apetito conservado o aumentado, como es el caso de aquellos que se disponen a hacer una dieta para bajar de peso. Completará el aporte vitamínico y mineral de la dieta y les permitirá transitar su adelgazamiento en óptimas condiciones, hasta ser eliminados gradualmente durante su plan de mantenimiento.
Decíamos entonces que las vitaminas son sustancias importantísimas para la salud y el buen funcionamiento de nuestro organismo y que son muy potentes por poder actuar en tan pequeñas cantidades, y una ingesta adecuada nos protege de enfermedades por carencia.
Son 13 en total y según su solubilidad se dividen en liposolubles e hidrosolubles. Las liposolubles como su nombre lo indica son solubles en grasa y se encuentran asociadas a la parte de los alimentos; éstas son la vitamina A, la vitamina D, la E y la vitamina K; se eliminan con dificultad y en caso de hacerlo lo hacen por heces.
Las hidrosolubles o solubles en agua son la vitamina C, las vitaminas B1 tiamina, B2 riboflavina, B6 piridoxina, B12 cobalamina, la vitamina C, niacina, biotina, ácido fólico y ácido pantoténico; su exceso se elimina con facilidad por la orina.
Comencemos por la A. Es una vitamina liposoluble, es llamada retinol en su forma activa, por el efecto que tiene sobre el normal funcionamiento de la retina y está presente en los alimentos de origen animal, como hígado, pescados grasos, aceite de bacalao, carnes, alimentos lácteos como manteca, queso y crema de leche (asociada a su parte grasa) y en la yema de huevo.
Sus precursores químicos, los betacarotenos, se encuentran en los alimentos de origen vegetal, vegetales de hoja verde, tomate, zanahoria, zapallo, damasco, durazno, melón, papaya. El retinol se absorbe en un 80 o 90%, mientras que los betacarotenos lo hacen entre un 40 y un 60%. Casi el 90% de la vitamina A se almacena en el hígado y el resto lo hace en pulmones, riñones y tejido graso.
Su principal función es intervenir en la formación y el mantenimiento de la piel, mucosas, dientes y huesos; participa en la formación de enzimas y hormonas sexuales y suprarrenales. Tiene acción antioxidante, ya que elimina los radicales libres y esto frena el envejecimiento celular.
Su deficiencia provoca, en primer término, ceguera nocturna o dificultad para adaptarse a la oscuridad, sequedad de la piel, en los ojos y falta de secreción en las mucosas.
Su exceso provoca alteraciones en el crecimiento, alteraciones óseas y detenimiento de la menstruación. La hipervitaminosis A puede provocarse por el uso inadecuado de suplementos dietarios en dosis mayores que 200 miligramos de retinol en adultos, por eso es indispensable que el consumo de estos suplementos se haga exclusivamente bajo supervisión médica. Se debe evitar la automedicación, la toma conjunta de dos polivitamínicos y la repetición de antiguas prescripciones.
Lo que se recomienda es ser prudente también con las vitaminas. Cada 3 o 4 meses alternar por uno (mes en el cual debe suspenderse su ingesta).
La licenciada Laura Cordeu es integrante del staff del Departamento de Nutrición del Centro Terapéutico Dr. Máximo Ravenna



