Vecinos de la villa La Rana: "Afuera nos ven como si fuésemos todos delincuentes"
Los habitantes de la villa La Rana se consideran discriminados por otros vecinos de San Martín
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Mientras Mónica preparaba unos mates el viernes 9 por la tarde, a pocas cuadras de su casa una escena trágica se producía en las inmediaciones del barrio villa La Rana. Una mujer conducía su Renault Clio, y por error, según relató luego, el GPS la llevó a una de las entradas de ese asentamiento, donde un grupo de jóvenes intentaron robar su auto a punta de pistola. La víctima viajaba junto con su hija Alma, de 4 años. Cuando la mujer buscó escapar de esa trampa, los atacantes dispararon. Una de esas balas impactó en el tórax de Alma, que hoy se encuentra fuera de peligro.
Pocos minutos después de escucharse las detonaciones, Mónica estaba sentada en vereda junto con su esposo cuando dos policías bonaereses se acercaron corriendo. "Vieron algo", fue lo primero que les dijeron. La pareja no sabía de qué hablaban. Ante la negativa los policías se pusieron más agresivos. "¡Cómo puede ser que no escuchasen ni viese nada!", gritaron y sujetaron a Mónica; la empujaron y siguieron su búsqueda. "¿Por qué se me ocurrió salir ese día a la calle, por qué?", se lamentaba Mónica.
El foco se posó sobre el barrio La Rana, en Villa Ballester, en el partido de San Martín. Pocas horas después del ataque a la menor, otro intento de robo derivó en el asesinato de Zaira Rodríguez, una joven piloto de karting. Los sospechosos de ese crimen vivían en La Rana.
"Afuera nos ven como si fuésemos todos delincuentes, pero no es así, acá laburamos todos", comentó Silvia una vecina de La Rana, en un recorrido que realizó LA NACION por ese lugar.
Las entradas al barrio están ahora selladas por puntos de control a cargo de la Policía Federal, fuerza que llegó tras la masiva marcha de vecinos. No entra ni sale nadie sin mostrar su identificación al personal policial. Motos con dos agentes, escopeta en mano, recorren el barrio, ubicado en el centro de una zona residencial de Villa Ballester.
Mientras un grupo de chicos jugaba en la Plaza Luciano Alt, que se denomina así, según relataron vecinos, por un chico asesinado por policías durante los corsos del carnaval de 2016, se visualizaba ahora la presencia de agentes federales. Es la única plaza que tiene el barrio y está ubicada en uno de sus accesos. La Rana es un barrio pequeño dividido por pocas calles de asfalto. Por dentro, es puro pasillo. En algunas de sus paredes hay mensajes: "También de este lado hay sueños", lema que los vecinos repiten a coro para señalar que "los que viven afuera nos ven como si fuéramos todos iguales, nos discriminan ".
El pulso del barrio está en la calle, donde los vecinos toman mate y los chicos juegan mientras patrullan ahora las motos policiales. Por detrás de esa imagen, la trama es compleja. "La segunda de Ballester (por la comisaría) decide quién vende y quién no, quién roba y quién no. Y protege siempre a los culpables porque laburan con ellos", relató Martín, habitante de La Rana.
Otro problema es considerado central en ese asentamiento: "Acá el problema es la comida, cada vez está peor la situación. Eso ayuda a que los pibes vayan por la plata rápida. Nosotros les damos de merendar a 45 chicos y muchas veces es la única comida del día que tienen", dijo María mientras preparaba unas bolas de fraile en un merendero.
"Esto es una villa que para los de afuera está llena de chorros y asesinos, pero acá salimos todos a laburar y la plata no alcanza", agregó Daniel. "Las cosas que dicen afuera nos duelen nos lastiman, el otro día escuché que decían que hay que poner un muro. Sufrimos mucho con ese prejuicio", contó Silvina, una de las vecinas de La Rana.





