Caso García Belsunce: declaró como testigo de la defensa, pero comprometió a Nicolás Pachelo y a los dos exvigiladores de Carmel
Diego Rivero trabajó como custodio en el country donde asesinaron a balazos a María Marta; con su declaración complicó al exvecino de la víctima y a dos excompañeros
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Diego Rivero comenzó a trabajar como vigilador en el country Carmel, de Pilar, pocos días antes de que asesinaran a balazos a María Marta García Belsunce, hace casi 20 años. En las últimas horas, se presentó como testigo propuesto por los abogados de Nicolás Pachelo en el tercer juicio por el crimen de la socióloga. Pero su testimonio pareció beneficiar más a los acusadores, el Ministerio Público Fiscal y a la familia de la víctima, que a la defensa, porque sus palabras comprometieron a los tres imputados del homicidio: Pachelo, José Ortiz y Norberto Glennon.
Rivero, bajo juramento de decir la verdad, sostuvo que un día que no pudo precisar, pero que fue después del homicidio, vio a Pachelo, Ortiz y Glennon reunidos en la guardia [por el sector de ingreso] de Carmel. “Un día vi que se saludaron los tres, como que se estaban haciendo un chiste y se reían. Se quedaron charlando los tres”, sostuvo el testigo.
Pachelo, Glennon y Ortiz están acusados de robo agravado por el uso de arma en concurso real con homicidio criminis causa agravado, que prevé una pena de prisión perpetua.

Ante el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N°4, integrado por los jueces Federico Ecke, Osvaldo Rossi y Esteban Andrejin, Rivero recordó que durante dos semanas cumplió funciones en el puesto 5, como se denominaba el control sobre la casa de Pachelo, al que vigilaban tras las quejas de socios de Carmel por una serie de robos en viviendas.
Si Pachelo o su por entonces esposa, Inés Dávalos Cornejo, salían de la casa, los vigiladores que estaban en ese puesto tenían que dar aviso a la guardia que “Romeo” o “Julieta”, como llamaban al matrimonio, habían salido.
En medio de la declaración de Rivero, le preguntaron al testigo por qué tenían que vigilar a Pachelo. La respuesta del testigo, a diferencia de otros custodios o del propio imputado Ortiz que sostuvieron no saber el motivo, fue rápida y precisa: “Por el tema de los robos”. Y agregó: “Nos dijeron que tengamos cuidado porque había [Pachelo] robado palos de golf”. Ortiz declaró el martes pasado. Sostuvo que sabía que a Pachelo y a su esposa les decían “Romeo” y “Julieta”, pero dijo desconocer los motivo del control fijo.
“Me tocó ser consigna de Romeo y Julieta. Se le avisaba a la guardia: ‘salió Romeo’, ‘llegó Romeo’. Si Pachelo salía a trotar por el country, se lo tenía que seguir”, recordó Ortiz.
El objetivo del puesto 5 era vigilar a Pachelo. Si salía de su casa, el vigilador que cubría el puesto tenía que dar aviso con el handy a la guardia, desde donde se asignaba a un custodio “seguir a Romeo”, explicó el testigo. Rivero afirmó que “Pachelo sabía que los vigiladores lo seguían y entonces se escondía entre las casas o apagaba las luces del auto y lo perdíamos”.
Recordó una noche donde cuatro vigiladores tuvieron que salir a buscar a Pachelo porque habían avisado por handy que se estaba dirigiendo a su casa, pero que no aparecía. Y, de pronto, los sorprendió por detrás.
El auto, una clave
El día que mataron a García Belsunce, Rivero llegó a las 18.15 al country Carmel. Su horario de trabajo era de 19 a 7. Fue al puesto 5 a las 18.45 con la intención de poder irse 15 minutos antes a la mañana siguiente. Rivero no pudo recordar a quién relevó esa tarde en ese puesto, pero dio detalles que les interesaron a los jueces, a los fiscales Patricio Ferrari, Federico González y Andrés Quintana, y a los abogados Gustavo Hechem y Sebastián Maison, que representan a Carlos Carrascosa y María Laura García Belsunce, esposo y hermana de la víctima, respectivamente.
“Si [Pachelo] salía con el auto, sí se lo podía ver, pero si salía por el golf, es decir por detrás, no se podía. La puerta de entrada de Pachelo se veía desde el costado [desde el puesto 5]”, sostuvo el testigo. En ese momento, desde el tribunal preguntaron: “¿Qué sentido tenía que lo vigilaran si podía salir por atrás?”. El testigo recordó que en la cancha de golf había una garita, pero el abogado Hechem, que compró la casa donde vivía la víctima, aclaró que ese puesto de control no estaba cerca de la casa de Pachelo.
Rivero fue consultado sobre los vehículos de Pachelo. Recordó que tenía una Fiat Siena rojo y una camioneta gris oscura. Entonces, le preguntar si recordaba que vehículo estaba el 27 de octubre de 2002, el día del crimen, en la casa de Pachelo. Si bien en un primer momento sostuvo no recordar qué vehículos estaban estacionados allí esa tarde cuando fue al puesto 5, los representantes del Ministerio Público Fiscal le leyeron su declaración testimonial de noviembre de 2007 cuando dijo que había visto el Fiat Siena rojo y, entonces, explicó que si en ese momento había dicho eso, debía ser así.
Para los fiscales y los abogados de la familia fue una aclaración importante porque cuando Pachelo declaró en el debate dijo que si alguien esa tarde lo vio correr fue porque tuvo que ir a buscar el auto de su mujer al estacionamiento del club house.
Yerba y ventanas abiertas
El testimonio puede haber complicado a Pachelo. Pero a Ortiz, Rivero directamente lo hundió. Sostuvo que entraba a casas cuando los socios no estaban. Recordó que en una oportunidad sacó un paquete de yerba y otra vez, un repelente para mosquitos. También recordó que cuando comenzó a trabajar, otro custodio le dijo que tuviera cuidado con Ortiz porque cuando trabajaba en los trenes [para la empresa Ferrovías] era un violento. “¿Violento nada más?”, le preguntó Ferrari: “Chorro de primera. Que tenga cuidado, me dijo”, aseguró el testigo.
Rivero contó que Ortiz le comentó que el día del crimen Pachelo “a hizo muy bien porque no salió con la tarjeta [de socios] para no quedar registrado.
Antes de Rivero había declarado otro excustodio, Ramón Acosta, que ahora trabaja como instructor de golf. Su testimonio se caracterizó por cuatro palabras: “Hoy no lo recuerdo”, que repitió en la mayoría de las preguntas. Hechem lo acusó de ser reticente.
El primer testigo de la audiencia había sido Federico Tiscornia, un amigo de Pachelo, que fue condenado por la mafia de los contenedores. Dijo que nunca vio armado ni agresivo a su amigo. Antes de retirarse lo abrazó y le regaló un chocolate.
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