
En qué quedó el caso de los chicos maltratados en el Jardín Tribilín de San Isidro
A casi cuatro años de que los hechos salieran a la luz, cómo es la vida de estos menores y sus familias mientras esperan definiciones de la Justicia
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Tomi* todavía se estremece cuando ve fotos de esa casa. “Ahí me pegaban”, dice, señalando con su dedito la imagen de las instalaciones del ex Jardín Tribilín. Con cinco años, todavía sigue en tratamiento psicológico para poder superar el trauma. Se trata de uno de los nenes que fue maltratado por las maestras de la institución, hecho que se conoció en febrero de 2013, cuando un padre puso un grabador escondido en la mochila de su hija porque sospechaba que algo no andaba bien. Los audios sacaron a la luz una trama de terror.
“No quiere ni oír hablar de sus maestras. Cuando le pregunto por ellas se enoja y se pone nervioso. Fueron muy duros estos años y todavía no tenemos una respuesta de la Justicia”, cuenta a LA NACION Valeria, mamá de Tomi.
El juicio está previsto para el 21 de noviembre, aunque las personas acusadas pidieron la suspensión. La audiencia tuvo lugar el martes pasado en el Tribunal Oral Criminal 4 (TOC) de San Isidro.

“Sería una vergüenza que se les conceda la suspensión”, señaló Sergio Samuel Arenas, uno de los abogados de las familias de los niños. Arenas detalló que la audiencia fue muy movilizadora. “Una madre lloró cuando recordó los hechos. Estás familias pasaron por mucho sufrimiento, queremos que el caso se resuelva ya, sin más demoras”, señaló el letrado.
Además de Yanina Gogonza y Noelia Gallardo, maestras del jardín, otras tres personas están acusadas de los delitos de abandono de persona, amenazas y lesiones. La elevación a juicio oral fue confirmada el año pasado por la Cámara de Casación.
El caso
En Febrero de 2013, luego de notar comportamientos extraños en su hija de 3 años, Diego Hernayes, puso un iPod escondido en la mochila de la menor para poder grabar todo lo que pasaba en el Jardín a donde asistía. Así quedó registrada una secuencia escalofriante de gritos, llantos y hasta golpes. Las denuncias recayeron en Gogonza y Gallardo, dos de las maestras y otras tres personas que trabajaban en la institución, ubicada en O'Higgins al 500.
Otros padres habían notado los mismos comportamientos: pánico cuando querían lavarles la cara, cambios de humor repentinos, pesadillas.
Los audios dejaron al desnudo la verdadera cara de esa institución: las maestras trataban a los niños con mucha violencia.
Los padres se juntaron y contrataron a un grupo de abogados. El caso debía ir a juicio en septiembre, pero se retrasó y ahora sería en noviembre.
*Por cuestiones de protección de identidad se ha modificado el nombre real del menor
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