
La desaparición de Loan. Analizan en el juicio el rol de la policía durante las primeras horas de búsqueda
En audiencias que avanzan a paso lento por las reiteradas presentaciones efectuadas por las defensas, solo declararon por el momento 19 de los 180 testigos
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Cuatro nuevos testigos —dos policías que actuaron en las primeras horas de la búsqueda y dos hombres que ya habían declarado durante la instrucción— marcaron la reanudación del juicio por la desaparición de Loan Danilo Peña. El Tribunal Oral Federal de Corrientes retomó este martes el debate tras el receso de la feria judicial de invierno, en la décima audiencia, otra vez en el Escuadrón 48 de Gendarmería Nacional. Es la primera jornada desde que, a comienzos de julio, la novena audiencia cerrara con las declaraciones de Alfonso Benítez —padre del principal imputado— y de dos tías del niño.
La convocatoria de esta jornada marca un desplazamiento del eje de la acusación. Si las audiencias previas a la feria giraron sobre la reconstrucción minuciosa de los movimientos de Antonio Benítez —el ida y vuelta con el “encapuchado”, los cambios de vestimenta, la escena de la linterna en la noche de los primeros rastrillajes— y sobre las marcas en el barro atribuidas a una maniobra de Laudelina Peña, la décima audiencia empieza a poner bajo el foco el accionar policial. Es decir, la trama del presunto desvío de la investigación, la segunda causa que corre en paralelo dentro del mismo juicio.
Los dos policías citados fueron Mariano Duarte y Hugo Alegre. Ambos intervinieron en las primeras horas posteriores a la denuncia por la desaparición del niño, ocurrida el 13 de junio de 2024 en el paraje de 9 de Julio. Sus testimonios apuntan a esclarecer cómo se organizó —o se desorganizó— el operativo inicial, y están directamente vinculados al rol del excomisario Walter Maciel, uno de los acusados por el presunto entorpecimiento de la pesquisa. Maciel integra el grupo de imputados que no responde por la sustracción del niño sino por las maniobras destinadas a desviar la investigación, retener testigos y sembrar hipótesis falsas. Cada testimonio sobre el comportamiento policial de esas primeras horas es, para la fiscalía, una pieza para sostener que hubo una decisión deliberada de no buscar donde había que buscar.

El primer testigo civil en declarar fue Virginio Medina, esposo de una de las hermanas de María Noguera, la madre de Loan. Medina reconstruyó cómo se enteró de la desaparición: fue cuando recibió en su taller a un conocido, Cristian Gutiérrez, que —según su relato— había sido convocado por Antonio Benítez para colaborar con la búsqueda. El detalle no es menor, porque vuelve a situar a Benítez como una figura activa en la organización de los rastrillajes en esas primeras horas, un dato que la fiscalía viene hilando audiencia tras audiencia.
Medina participó de la búsqueda hasta el mediodía siguiente. Describió el terreno donde se buscó al niño y remarcó la presencia de caminos cerrados dentro del monte, un elemento que la acusación considera relevante para discutir la hipótesis del extravío accidental. También precisó que recién al día posterior vio a los imputados sumados a la búsqueda, y estimó que llegaron a movilizarse alrededor de 150 personas.
El segundo testigo civil fue Víctor Fernández, cuñado de Mónica Millapi, una de las acusadas por la sustracción del niño. El testimonio de Fernández resultó especialmente sensible porque sus hijos estuvieron en el naranjal el día de la desaparición —el sitio hacia el que, según la reconstrucción, el grupo de chicos se dirigió desde la casa de la abuela Catalina—. Fernández relató que esa mañana no había clases y que él estaba con sus hijos en una panadería cuando Millapi, que repartía pan, les preguntó si querían ir un rato al campo. Los chicos aceptaron y se fueron con ella.
El hombre contó que se enteró del episodio pasadas las 16.30, cuando Millapi le devolvió a su hijo con una frase escueta: le avisó que se había perdido un nene. Pero el tramo más delicado de su declaración fue lo que uno de sus hijos le contó después: que estaban jugando, armando “una casita” en el tacuaral, cuando en un momento Loan dijo que se iba con su padre, salió y se fue.
Es la versión del “se fue con el papá” que recorre el expediente desde el inicio y que la fiscalía sostiene que fue inducida en los relatos de los menores. El fiscal Carlos Schaefer ya advirtió en audiencias anteriores sobre las diferencias sustanciales entre las declaraciones que los chicos brindaron en junio de 2024 y las ampliaciones posteriores, y señaló que la hipótesis del “encapuchado” y la del alejamiento voluntario del niño habrían sido plantadas para desviar la reconstrucción de los hechos.
La reanudación de las audiencias se dio bajo la misma dinámica que caracterizó al juicio desde su apertura formal, en junio. Aquella primera etapa estuvo atravesada por planteos dilatorios de las defensas, ausencias e incidencias, y por el reclamo del fiscal Schaefer, que llegó a pedir la detención de todos los imputados excarcelados para evitar maniobras destinadas a estirar el proceso. El planteo fue rechazado, aunque el tribunal dispuso que los acusados en libertad se presenten una hora antes de cada jornada. El propio Schaefer alertó públicamente sobre intenciones de entorpecer el debate, algo que no sorprende en una causa donde el pacto de silencio entre los principales imputados resistió dos años de instrucción. Romper ese silencio es, precisamente, uno de los objetivos centrales de la etapa oral.

Hasta esta décima audiencia habían declarado 19 de los más de 180 testigos previstos. La lista incluye a los padres del niño, María Noguera y José Peña —ambos apuntaron contra Laudelina Peña y el capitán de navío retirado Carlos Pérez—, además de seis hermanos, la abuela, dos tíos y dos primas, que fueron reconstruyendo las horas previas y posteriores a la desaparición. Ninguno de los siete acusados por la sustracción y ocultamiento aceptó declarar ante el tribunal.
El juicio reúne dos expedientes en un mismo debate: la causa principal, que investiga la presunta sustracción y ocultamiento de Loan, y la paralela, que analiza las maniobras atribuidas a quienes habrían obstaculizado el esclarecimiento de los hechos.
Entre los principales imputados por el rapto figuran Carlos Pérez y su esposa, la exfuncionaria municipal María Victoria Caillava; Mónica Millapi —que sigue el proceso por videollamada desde Neuquén, bajo arresto domiciliario—; su pareja, Daniel “Fierrito” Ramírez; y los tíos del niño, Laudelina Peña y Antonio Benítez. La hipótesis de la fiscalía sostiene que Loan no se perdió durante el almuerzo en la casa de su abuela, sino que fue víctima de una maniobra organizada de antemano para apartarlo del grupo.
Con el foco desplazado hacia el accionar policial y la validación de las escenas del naranjal, la décima audiencia abre un tramo del debate en el que la fiscalía buscará consolidar la trama del encubrimiento antes de llegar al momento central del proceso: las indagatorias, cuando los acusados —si deciden hacerlo— declaren por primera vez ante los jueces.
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