A 200 años. Cómo se gestó la primera Constitución provincial
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Transcurría el año 1819. Habían pasado nueve desde el estallido institucional provocado en 1810 por la Revolución de Mayo, lapso en el que habían fracasado los sucesivos intentos de retejer en una trama estatal única los fragmentos jurisdiccionales de lo que había sido el Virreinato del Río de la Plata.
Acababa de frustrarse la segunda iniciativa para darle una Carta Constitucional a lo que aspiraba ser un país con todas las letras. En efecto, en un simbólico 25 de mayo, el Congreso que en 1816 había comenzado a sesionar en Tucumán y declarado la Independencia de las Provincias Unidas del Sur, ya trasladado a Buenos Aires entrega su último producto político-institucional: la Constitución Argentina de 1819. Pero el rechazo de numerosas provincias que abogaban por la creación de un Estado federal habrá de llegar a poco de leído el texto, de claras características centralistas. La prevalencia de diputados por Buenos Aires era notoria y se traslucía en la concepción general del proyecto organizador. Se repetía el fracaso del primer intento: la Asamblea Constituyente de 1813.
Entre tanto, Santa Fe, que en tiempos virreinales había sido una tenencia de la gobernación de Buenos Aires, inicia su proceso autonómico en 1815 con la designación de Francisco Antonio Candioti como primer gobernador electo por el pueblo de la provincia. La resistencia de Buenos Aires a perder lo que estaba bajo su dominio se traduce en el envío de ejércitos que una y otra vez incursionan en el territorio y toman la antigua ciudad litoraleña.
López, sobre el lomo de la crisis
En 1818, la militarización del proceso termina por encumbrar como gobernador a Estanislao López, infrecuente estratega militar, naturalmente dotado de inteligencia y astucia para hacer la guerra. Aparece el líder que la provincia necesitaba, hombre que a las habilidades militares sumaba una voluntad organizadora difícil de encontrar en su tiempo. Así, al año siguiente de su ascenso al poder, en parte para legitimar su cargo, surgido de un golpe cuartelero, el brigadier general Estanislao López –elegido ahora por el voto unánime de los representantes– decide darle a su provincia un Estatuto Provisorio que emerge como la primera Constitución provincial dictada en el país, con vigencia en los años sucesivos.
De modo que mientras en Buenos Aires volvía a fallar el intento de organizar el Estado nacional mediante la integración de las provincias en un cuerpo normativo común, Santa Fe se daba su propia carta fundamental y se convertía en una pertinaz promotora de la Organización Nacional bajo la forma de un Estado federal, como lo prueba su participación en todos los pactos preexistentes que la futura Constitución Nacional de 1853/60 evoca en su Preámbulo.
Respecto del pionero Estatuto provincial, hay que decir que fue elaborado en medio de graves conflictos internos y una guerra externa a gran escala con España. Como expresa la historiadora Sonia Tedeschi, "el dictado de una Constitución estaba estrechamente relacionado con un gobierno de las leyes y ceñido por esas mismas leyes, desterrando las normas despóticas asociadas con el Absolutismo. Era esencial garantizar el buen gobierno a través de un poder político limitado…".
"Estanislao López, fiel exponente del espíritu santafesino, capaz de elevar la mirada hacia lo importante aun en medio del caos y la incertidumbre, supo impulsar con convicción hace 200 años las bases de nuestra organización provincial, bajo el irrenunciable espíritu federal. Su mirada de estadista permitió el progreso de Santa Fe y la Nación argentina". Miguel Lifschitz, gobernador de la provincia de Santa Fe.
Fijar sistema a la posteridad
En un cuadro de situación extremadamente complejo, López busca ordenar en su terruño el generalizado desbarajuste. El Estatuto, calificado con sensatez de "provisorio", es sencillo y perfectible. Tiene 9 secciones y 59 artículos, que expresan las naturales tensiones entre el antiguo régimen colonial, que se busca dejar atrás, y la voluntad de formar "una República… fijar sistema a la posteridad y formar el código de nuestra dirección", como se expresa en su parte introductoria. El 26 de agosto el mandatario comunica al Cabildo el texto elaborado, con el objeto de lograr su formal aceptación.
Los propósitos son modernos, pero los instrumentos para llevarlos a cabo provienen de una historia secular. Así, se declara a la ancestral religión católica como primer fundamento del Estado, pervive la institución del Cabildo; se refuerza, incluso con funciones judiciales de última instancia, el poder del caudillo, vocablo que luego da paso al de gobernador; subsisten los vínculos corporativos, y el nuevo concepto de ciudadano se sobreimprime al más restringido de vecino, que sin embargo mantiene vigencia. Pero también aparecen palabras y nociones propias del liberalismo republicano, nacido como contracara del absolutismo monárquico: soberanía popular, libertad, representación, derecho de propiedad, entre otras.
Se cumplen 200 años de aquel primer paso, modesto pero efectivo, en el lento camino hacia la Organización Nacional. López, que bregará con denuedo por constituir el país, empezaba por casa, que era lo que estaba a su alcance, con el apoyo del pueblo de su provincia. El ejemplo se irradiará con rapidez, y otras provincias se abocarán a la creación de una nueva legalidad, de estructuras jurídico-políticas con capacidad de trascender el puro presente y construir futuro sobre cimientos sólidos. Todas, además, convergerán en el ciclo constitucional que, entre 1853 y 1860, sentará, en la ciudad de Santa Fe, las bases de una prometedora entidad mayor: la naciente República Argentina.




