A los 29, impulsora de Arte BA, fue a estudiar a Londres y abrió allí su galería

Gabriela Origlia
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11 de enero de 2019  • 00:50

Después de 24 años en Londres, Andrea Harari se define como un "puente, un nexo" entre el arte argentino y el inglés. Entiende que la ciudad que adoptó en 1995 se "continentalizó" –aunque admite la enorme expectativa e incertidumbre que abre el Brexit- y eso facilita los intercambios. "La cultura es una gran manera de unir, educar, entretener e inspirar al público, a las próximas generaciones, y de crear oportunidades de trabajo e inversión".

Desde 2001 es dueña de la galería de arte Jaggedart en Marylenbone con su socia Janeen Haythornthwaite; se conocieron en Christie’s, donde Harari llegó desde Buenos Aires para estudiar por unos meses. Tenía 29 años y no pensaba quedarse. Había estudiado Letras en la Universidad de Buenos Aires y era una de las impulsoras de Arte BA.

"Siempre quise estudiar y pasar tiempo afuera y pensé que si no lo hacía en ese momento no lo haría más –cuenta-. Quería vivir Londres, estar en los museos y las galerías". El destino le modificó los planes, le ofrecieron un trabajo en la que –en esos años- era "la calle de las galerías", Cork Street.

En ese tiempo "casi nadie sabía nada de la Argentina, salvo Maradona y las Malvinas. Tampoco se valoraba en Londres lo internacional, todo era muy inglés". El 1991 marcó su carrera porque empezó con las ARTE BA –la idea era reunir muchas galerías bajo un mismo techo- como nexo entre el Centro Cultural Recoleta (movilizado por el coleccionista Jacobo Fiterman), la Subsecretaria de Cultura de CABA y una agencia de publicidad que trabajaría en el proyecto.

Harari tenía 24 años y había organizado varias muestras como Folon & Glaser y Basaldúa; la de Guillermo Roux en el Alvear Palace Hotel y en el Museo de Arte Decorativo junto a Laura Haber. En menos de tres meses nació la primera edición de la feria de Buenos Aires.

Admite que no tenían la visión de que Arte BA se convertiría en lo que es hoy; incluso recuerda una reunión en la que muchos galeristas estaban bastante reacios, "pero había espíritu de colaboración y ganas". Como suele suceder, la realidad superó las expectativas y la feria logró trascendencia internacional. La Fundación Arte BA era "pequeña como una familia, pero con un motor enorme, con Fiterman a la cabeza; fue creciendo hasta convertirse en una plataforma única para el arte en Sudamérica".

Pinta Londres

Tiene una iniciativa en el tintero; piensa en regresar a una ARTE BA con coleccionistas ingleses "a mostrarles mi país y el arte de allí". En 2010 la convocaron a colaborar con "Pinta Londres", una idea impulsada por Diego Costa Peuser, Alejandro Zaia y Mauro Herlitzka. "Entonces el arte latinoamericano no era muy conocido acá; algunas galerías mostraban a algunos artistas, pero eran pocas".

"Pinta" se convirtió en la cita del arte latinoamericano en Londres; se hacía en junio en coincidencia con la reunión del Comité de Arte Latinoamericano en la Tate Gallery. La feria fue una "gran precursora y promotora" en un segmento de entendidos y muchas instituciones inglesas y europeas compraron para sus colecciones. La última edición se hizo en 2014.

"La demanda de arte es enorme, internacional, con gustos tan variados y distintos que hay lugar para todos. Hay un respeto y seriedad en cómo se hacen las cosas. La palabra vale y si alguien dice algo, se cumple", repasa y menciona una anécdota a poco de llegar: "En mi primer trabajo le dije a mi jefe que un cliente pagaba con un cheque, si podía aceptarlo. ‘Me miro como si viniera de Marte’".

Enfatiza que la ventaja de los argentinos es que son "resourceful" o sea, ven oportunidades y piensan fuera de la caja. "Sabemos trabajar con pocos recursos y tenemos una flexibilidad y espontaneidad que ayuda. Pero ser profesional, cumplir con las cosas, programar con tiempo, eso es fundamental".

En su galería tienen una estética y una programación muy definidas; se iniciaron con obras en papel cortadas de libros, de mapas, pastos, tejidos, con textura y tridimensionales. "El público entonces no estaba muy acostumbrado a comprar ese tipo de obras, ahora la estética cambió. Tenemos clientes que buscan lo que mostramos y coleccionistas importantes que buscan nuevos artistas".

Trabajan con consultores, decoradores y arquitectos para instalaciones específicas. "Obras hechas con tiempo y gran conocimiento de los materiales y de la técnica. Son orgánicas y poéticas. Hay un auge de lo que es único y tiene la huella del artista". La Jaggedart es una "suerte de embajada para los argentinos que llegan a Londres o los ingleses que van a la Argentina".

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