
A principios del siglo XX, otra odisea en los hielos
La protagonizó un aventurero inglés
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"Me llamo Shackleton." Esta breve frase, dicha por quien encabezaba un grupo de hombres melenudos y de larga barba que se presentaron en una estación ballenera, empezaría a dar fin al más espectacular episodio protagonizado por un barco de investigación científica atrapado entre los hielos antárticos.
El bergantín Endurance, de 43 metros de eslora y 7,62 de manga, zarpó del puerto inglés de Plymouth el 4 de agosto de 1914. Llevaba a bordo al científico y aventurero Ernest Shackleton, cuyo propósito era llegar al Polo Sur luego de efectuar observaciones meteorológicas y sondajes en el mar de Weddel. La empresa tenía un nombre ampuloso: Expedición Imperial Transantártica.
No era una zona desconocida para él. En 1901 había participado de una expedición similar, liderada por Robert Scott; y en 1906, de otra que llegó a menos de 100 millas del casquete polar. El Endurance tocó los puertos de Montevideo y Buenos Aires, y luego puso rumbo a las Georgias del Sur.
A más de 300 millas de ese archipiélago, el 17 de enero de 1914 el barco quedó atrapado por los hielos. Los exploradores y la tripulación permanecieron a bordo ocho meses, hasta que el 20 de octubre la enorme presión de los témpanos, que llegaban a los 50 metros de altura, empezó a abrirle grandes hendiduras hasta deshacer por completo el Endurance.
Con la orden de abandonarlo se inició una penosa y larga temporada en la isla Pollard, y a comienzos de abril de 1916 se buscó refugio en otra, llamada Elefante, en el archipiélago de las Shetland del Sur. El 24 de ese mes, Shackleton seleccionó ocho hombres para navegar en una pequeña embarcación en busca de ayuda, hacia las Georgias del Sur.
El arriesgado intento significó una travesía de 700 millas -unos 1600 kilómetros-, pero fue coronado por el éxito cuando un atardecer sus protagonistas aparecieron en el portón de la factoría ballenera Stromness.
Allí obtuvieron el apoyo del escampavía chileno Yelcho, que rescató a quienes aún permanecían en el islote Elefante. Todos los viajeros del Endurance fueron llevados a Punta Arenas. La odisea había terminado.




