Acusan a un mayor del Ejército de asesinar a un teniente coronel
Fue en Núñez, estaban enfrentados por el amor de una mujer
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Dos militares y una mujer. Discusión y golpes. Un solo disparo: final trágico. Un mayor del Ejército quedó detenido, acusado de asesinar de un tiro en la cabeza a un teniente coronel retirado en una calle del corazón del barrio de Núñez.
Hubo testigos de ese desenlace: entre ellos, la esposa de la víctima, que permitió identificar al presunto homicida. Curiosamente, según confiaron fuentes con acceso a la causa, fue ella quien, con total crudeza, dio la pista para comprender la tragedia.
Todo indica que el disparo que segó la vida del teniente coronel Jorge Osvaldo Velazco fue el epílogo de una disputa por el amor de la ex mujer de un camarada: un crimen pasional.
A las 16 de anteayer, el mayor Marcelo Llambías Pravaz, un veterano de Malvinas condecorado por acciones de guerra, llegó a la comisaría 3a., acompañado por un abogado. Con voz seca, este militar de 40 años, casado y con dos hijos, dijo: "Vengo a entregarme. Maté a alguien... fue un accidente".
El mismo día del crimen, el mayor desapareció. El caso llegó rápido a oídos del Ejército. Comenzaron las gestiones para lograr que Llambías se entregue.
No fue fácil, dijeron fuentes de la fuerza: el mayor, que en 1982 estuvo en las filas del Regimiento de Infantería Mecanizada (RIM) de Monte Caseros, soportó el bombardeo de los Harrier en Darwin y fue prisionero de los ingleses tras la Guerra de Malvinas.
Los que lo conocían temían que preferiría suicidarse antes que ser encerrado. Pero, desde la clandestinidad, Llambías mantenía febriles conversaciones con un abogado.
A esa altura, gran parte de lo sucedido ya constaba en el expediente.
Los pasos del drama
El sumario policial de la comisaría 35a. reza, en síntesis, que eran las 19.15 del viernes último cuando al volante de su Fiat Siena el mayor igualó la marcha del Peugeot 206 que conducía el teniente coronel. Hubo testigos de los insultos y amenazas que se cruzaban en plena marcha por Ciudad de la Paz.
Velazco paró frente a un maxiquiosco, casi en la esquina de Juana Azurduy, a la vuelta de la agencia de seguridad Falcon; detrás suyo frenó Llambías. Sin más, se trenzaron a puñetazos. Todo fue muy rápido.
El mayor pareció dominar la situación y logró tumbar al teniente coronel. Lo que siguió es clave para saber qué pasó: apareció un arma en las manos del mayor. Hubo dos estampidos, según varios testigos. Al extinguirse el eco de la explosión, el teniente coronel agonizaba, con un disparo de calibre nueve milímetros en la sien. No hubo mucho por hacer: Velazco murió a las 22.30 del viernes en el hospital Pirovano.
Ayer, el mayor fue indagado por el juez Eduardo Moumdjian: dijo que golpeó con su pistola a Velazco y que el arma se disparó accidentalmente.
Pero la duda quedó abierta: primero, por la limpieza del disparo en la sien; segundo, porque los militares no suelen portar armas en sobaqueras o a "la paisana" -esto es, cruzadas en la espalda, detrás del cinturón-, sino que las llevan debajo del asiento del auto, en la guantera o en un bolso; tercero, porque los testigos coincidieron en que escucharon dos tiros.
El motivo del crimen le da aún más profundidad al drama: dos hombres casados y con hijos enfrentados por el amor de una mujer de su círculo.
La esposa de la víctima estaba al tanto del motivo del odio entre dos hombres enceguecidos por la pasión y ella misma dio el nombre de la dama disputada. La policía, empero, no pudo ubicarla: la buscaron en su casa y en una quinta del conurbano; se les dijo que la mujer, de entre 35 y 40 años, estaba fuera, de vacaciones.
La viuda dijo que Velazco mantuvo una relación con la mujer hasta hace un año. Roto el vínculo, el mayor apareció en la vida de la dama. Tras cumplir destino con los cascos azules de Naciones Unidas en Kuwait y Croacia, Llambías revistaba en el centro de entrenamiento de misiones de paz, en Campo de Mayo. Pero eso cambió.
Quienes los conocían dijeron que a Velazco lo consumían los celos y que Llambías sucumbía ante la posibilidad de perder a su amante: sabía que su nuevo destino, el RIM 29, de Formosa, lo alejaría de ella, y temía que su rival sacara provecho.
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