Adiós al “susurrador de caballos”: revolucionó la doma con una técnica sin violencia e inspiró incluso a Hollywood
Falleció Monty Roberts a los 90 en Estados Unidos; su historia y su legado, que trascendió fronteras
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“La violencia quebraba el espíritu de los caballos. Yo elegí otro camino”, decía Monty Roberts, conocido en todo el planeta como El Susurrador de Caballos.
El mundo de los caballos está de luto. Roberts, el hombre que nos enseñó a escuchar a estos animales, murió en su rancho Flag Is Up Farms, en California, Estados Unidos. Tenía 90 años.
“Con profunda tristeza tengo que compartirles la muerte de mi padre, Monty Roberts, el día 31 de julio. Para el mundo fue conocido como “el hombre que escuchaba a los caballos”; para mí, era simplemente papá, un hombre de extraordinaria bondad, íntegro, y con el convencimiento de que la confianza podía hacer lo que la fuerza no podría nunca. Por más de ocho décadas, se dedicó a cambiar la manera en que la gente entendía el trabajo con los caballos. Su misión llegó más allá de los jinetes. Creía en que el verdadero liderazgo se construye con comunicación, paciencia, empatía y respeto, lecciones que tocaron la vida de incontables personas alrededor del mundo”, publicó su hija Debbie, en el sitio de Monty.
Roberts aseguraba que partiría luego de que su mustang adorado se marchase. Y así fue, Shy Boy murió antes que él. “Shy Boy me enseñó a escuchar, no quiero que se quede solo”, decía.
El año pasado, visitó la Argentina durante la exposición Nuestros Caballos en la Sociedad Rural invitado por la Asociación Criadores de Caballos de Polo. “Trabajamos mucho para poder traerlo, para que todos lo vieran, su método es universal”, dijo entonces Santiago Ballester, presidente de la asociación en ese momento.
“Traerlo a Monty es parte de nuestras acciones para mejorar el bienestar animal”, agregó Ballester, secundado por la veterinaria Inés Morikawa, quien se especializa y promueve el bienestar de los caballos desde la asociación.
LA NACION pudo entrevistarlo, junto a su mujer Pat y su hija Debbie. Viajaban a todas partes en familia, un equipo amable y sonriente. Roberts explicaba, siempre con una sonrisa, que quería dejar al mundo en un mejor lugar del que lo había encontrado “para los caballos y para los hombres”.

Roberts usaba un lenguaje silencioso de bondad y con él, revolucionó el ambiente de la doma. Trabajó durante años sin que nadie lo mirara. Cuando lo vio Isabel II de Inglaterra, quien buscaba una forma no violenta de domar y entrenar algunos ejemplares, lo invitó a su país. En un documental están inmortalizadas sus presentaciones en el Castillo de Balmoral delante de todos los incrédulos invitados de la Reina.
“Cuando la conocí estaba cepillando sus caballos en los establos. Pensé que era una cuidadora”, contaba Roberts, que durante toda su vida recibió el apoyo incondicional de la monarca para poder mejorar la vida de los caballos alrededor del mundo.
Su método, el join-up (“la unión” en español), consistía en entrar a un corral redondo con un caballo salvaje y hablarle en su propio idioma, a través del lenguaje corporal y la mirada, la energía apropiada. En treinta minutos, sin un grito, látigo, espuelas, sin violencia, el caballo permitía ser montado. No por miedo, sino por confianza. Y así, revolucionó el planeta con su método no violento.
Roberts tenía una dura historia. Su padre, domador, lo había golpeado de chico, rompiéndole varias costillas y marcando el rumbo de su vida. “Mi padre era brutal para dominar y domar los caballos, y hacía lo mismo conmigo”, Cuando contaba eso, era el único momento en el que Monty se ponía serio. “Es todo lo mismo, está todo relacionado”, afirmaba.

Su libro El hombre que susurraba a los caballos se convirtió en un éxito editorial, vendió ocho millones de copias, estuvo ocho semanas en la lista de The New York Times y fue llevado al cine, interpretado por Robert Redford y Kristin Scott Thomas. Monty asesoró al actor durante la filmación.
“En la demostración que hice en la Argentina, estoy seguro de que mi ayudante Denise fue ayudada por Dios a elegir el caballo Magic Click. Creo que fue para que un país como la Argentina, donde la relación con el caballo ha ido cambiando, pero de todas maneras todavía hay que trabajar mucho, fuera contundente. Magic Click entra en el 5% de los caballos más difíciles que me tocaron en la vida”, afirmó. “Estoy convencido de que era necesario que vieran lo que se podía hacer sin violencia, ni golpes. Cuando conocí la Argentina, Brasil y el resto de América del Sur, rompían los caballos”. Y agregó: “Prohibir es casi siempre una mala idea. Hay que ir marcándole al caballo para que él quiera hacer lo que vos le pedís”.
Tenía la particularidad de vestirse siempre con la misma camisa y pantalón, y el mismo sombrero de vaquero. “Es mi uniforme –decía entre risas–. Tengo veinte de todo”.
“Mi padre era terrible con los caballos. Una generación después, estoy haciendo lo contrario. Podemos cada uno de nosotros hacer una diferencia y un cambio”, dijo a LA NACION durante su visita a la Argentina a los 89 años. Era su mensaje incansable. “Podemos lograr que los caballos tengan una mejor calidad de vida”, insistía sin dejar pasar una ocasión para dejar su legado.
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