Alertan por el crecimiento del consumo y el abuso de los analgésicos

El 85 por ciento de los adultos compró analgésicos de venta libre en la Argentina
El 85 por ciento de los adultos compró analgésicos de venta libre en la Argentina Fuente: Archivo - Crédito: Shutersttock
José María Costa
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21 de abril de 2018  • 18:27

¿Dormí mal anoche y me duele el cuello, tenés algo para darme? ¿Tenés algo que se me parte la cabeza? Estas son solo algunas de las frases que se repiten decenas de veces al día en hogares, oficinas, facultades y entre grupos de amigos dentro del país donde el consumo de analgésicos sin control crece año a año.

La problemática se extiende en todo el país ya que, según un revelamiento el Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos (SAFYB), el 85% de los adultos usa analgésicos de venta libre. De este total, dos de cada tres lo hacen mensualmente y el tercio restante, en forma semanal. Además, el 75% de la población toma medicamentos sin consulta profesional previa.

Sobre este punto, Silvia Cortese, Coordinadora de la red integral de prevención y cuidados progresivos de los usuarios de sustancias y alcohol del Ministerio de Salud porteño, dijo: "Es una cultura que está circulando en el mundo, no solo en los argentinos. Hay una cuestión que tiene que ver con el consumo y otra que tiene que ver con nuestra época donde las cuestiones, un poquito más dolorosas, se tienen que transitar con una pastilla que lo resuelva".

Para Gustavo Blanco, Jefe de la Unidad de Diagnóstico y Tratamiento del Dolor de la Fundación Favaloro, "El boca a boca hace que la gente consuma más fármacos, sin considerar, que son una sustancia química ajena al cuerpo y que pueden hacer daño".

"La propaganda que hay sobre el uso de drogas analgésicas de venta libre y que no son inocuas, no hay ninguna droga que sea inocua, uno lo ve en televisión y piensa que es una propaganda como de una gaseosa, que lo tomás y no pasa nada", detalló Blanco y agregó: "A lo mejor, un antiinflamatorio o analgésico consumido una vez no produzca ninguna reacción adversa, a menos que se sea alérgico a esa droga. Pero hay muchas personas que lo consumen permanentemente y eso sí los expone a un riesgo mayor".

Sin embargo, también reconoce que, en los últimos años "se tomó conciencia, en lo que se conoce como educación médica continua, que el dolor debe ser tratado. Hay más médicos que pueden recetar más medicación porque entienden que el dolor debe ser tratado".

El aseguró en su informe que, en el 2017, el consumo excesivo de analgésicos provocó 5400 muertes. Los números representan un crecimiento del 30 por ciento en los últimos tres años y equivalen a 15 muertes por día por el mal uso de este tipo de fármacos que incluyen los de venta libre (como aspirina, paracetamol o ibuprofeno) y los opiáceos, cuya prescripción es bajo receta. Además, el sindicato alertó que tres de cada cuatro personas toman medicamentos sin consultar a un profesional. Si se tiene en cuenta a todos los fármacos, estos constituyen la cuarta causa de muerte en el país después de los problemas cardíacos, oncológicos y respiratorios.

"Las sobredosis de analgésicos aumentaron un 30% entre marzo 2015 y 2018, en todos los grupos de edad, hombres y mujeres, más en zonas urbanas que en rurales, derivando en 5400 fallecimientos en 2017. La cifra constituye el 21% de las muertes totales por problemas relacionados con medicamentos, que ascienden a 25800 anuales", explicó a LA NACION, Marcelo Peretta, coautor del informe y titular del SAFYB.

El informe detalló también: "Los médicos recetan cada vez más analgésicos opiáceos para dolores de espalda crónico y de articulaciones, ya que los productos comunes no resuelven. Pero los productos para mitigar el dolor son adictivos y producen efectos secundarios como: dolor estomacal, daño renal y hepático e hipertensión arterial. Los más potentes provocan la muerte del paciente por asfixia debido a que suprimen su capacidad para respirar".

Desconocimiento y complicaciones

El informe reveló también que solo la mitad de las personas leen el prospecto de un medicamento antes de consumirlo y que apenas el 30 por ciento lo entiende. Esta mala utilización de los fármacos generó 12 millones de consultas nuevas por año vinculadas al consumo de medicamentos y 8.3 millones de tratamientos adicionales que se deben a errores en la medicación.

"Los medicamentos producen efectos adversos y pueden provocar reacciones idiosincráticas (intolerancia) que hace que una persona tenga complicaciones o muera", dijo Cortese y agregó. "Respecto de los analgésicos opiodes, hay un consumo más extendido, tramadol el que más se usa que se da sin ningún tipo de recaudos por algunos profesionales que los prescriben y son medicamentos que pueden generar una dependencia física. En el caso de los pacientes que tienen una estructura psíquica con adicción a las sustancias, es probable que se vuelvan adictos a la sustancia".

Ante la consulta si las personas son más intolerantes al dolor, Blanco dijo: "Uno tiene necesidad de hacer más cosas y sabemos que hay más maneras de tratar el dolor. Muchas veces la gente pide cosas porque hay difusión de distintos fármacos a los que consideran mágicos. Uno tiene cada vez menos ganas de sentir dolor, entonces toma algo que dicen que ayudará a evitarlo. Además, como no se difunden los efectos tóxicos de los medicamentos, la gente va y lo consume sin problemas".

Según Blanco para comenzar a tomar conciencia sobre los riesgos se debería hacer un trabajo en conjunto. "La educación es la principal herramienta para que la gente entienda que la automedicación no es lo correcto. Debería ser una función mixta entre los médicos, que no deberían dar porque sí los medicamentos y sin explicar las consecuencias del uso continuado, también depende de la difusión de propagandas de analgésicos".

A ambos médicos se les consultó cuál sería el menos tóxico de los analgésicos de venta libre y ambos coincidieron que es el paracetamol. "Si se toman dosis terapéuticas, no tiene efectos adversos. Pero si se pasa, es una sustancia sumamente tóxica, que puede generar insuficiencia hepática", detalló Cortese.

"Usado en forma ocasional y en dosis que no superen los 2 miligramos por día, el paracetamol es una droga que no tiene mucha toxicidad. En dosis bajas, como esas, puede producir un alivio parcial de la situación", dijo Blanco y agregó: "El paracetamol no es un antiinflamatorio. Es analgésico y actúa en el cerebro haciendo que se sienta menos dolor. Pero no corrige el factor que desencadena el dolor. En cambio, todos los antiinflamatorios pueden hacer daño".

Para cerrar, los profesionales dijeron que lo ideal es recurrir a la consulta médica ya que un mismo síntoma puede deberse a diferentes situaciones. "En esta época invernal una cefalea puede ser síntoma de intoxicación por monóxido de carbono, por ejemplo", dijo.

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