"Antes, la fiesta era un éxito si la gente bailaba"
Los cambios, vistos por Rafael Sarmiento
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En los años 70, cuando en las fiestas porteñas los jóvenes bailaban a voluntad de disc jockeys como Alejandro Pont Lezica o Rafael Sarmiento, difícilmente alguien hubiera imaginado que aquel oficio fuera a hacer escuela, treinta y pico de años más tarde.
Fue en la escuela de la vida donde ellos aprendieron. Lo mismo que la mayoría de los dee jays que hoy hacen bailar a multitudes. La pregunta es, entonces, si éste es un arte que puede estudiarse. O aprenderse.
"Se pueden enseñar algunas cosas: la técnica, a mezclar, a armar equipos, nociones de qué música pasar para cada momento -asegura Rafael Sarmiento, disc jockey durante tres décadas-. Pero el talento o la intuición no se enseñan. Está o no está."
En los comienzos
Sarmiento se inició en las fiestas a los 16 años. Las del Golf Club de Mar del Plata o las que se organizaban para estudiantes secundarios en el salón Lisandro, en Ayacucho y Peña, en el barrio de Recoleta.
Después tuvo su momento en las fiestas de los colegios, que se promocionaban con grandes pasacalles. En ellas, el nombre del disc jockey de turno era un factor convocante.
"Fui un disc jockey móvil. A mí me habría gustado que existiera una escuela cuando yo empecé. La escuela que nosotros hacíamos era mirar a los grandes, acercarnos a ellos, ir a las fiestas que musicalizaban y aprender sus trucos", asegura.
Su carrera en las discos siguió en Pachá, en Africa, en Hippopótamus. Estuvo a cargo de la cabina en el Spell Café, en Portezuelo y también en la boite del hotel Bauen. Hoy, a los 46, se dedica a los eventos sociales. Los martes musicaliza las fiestas Old Hits, de Asia de Cuba.
Que gustara a la gente
"Más allá del cambio tecnológico, antes nos preocupábamos más por satisfacer a la gente. La fiesta había sido un éxito si todos bailaban. Hoy, los disc jockeys son más independientes de la gente. Van a mostrar su música y no les importa mucho si gusta o no", afirma el dj.
Según Sarmiento, en los años 70 el disc jockey no se consideraba a sí mismo un artista. "Nosotros no decíamos tocar , decíamos pasar música. Yo soy músico y cuando toco, digo que toco, pero cuando paso música digo que la paso. El disc jockey de ahora se considera artista. Quizá porque para nosotros el arte pasaba por saber elegir los temas y en cómo combinarlos.
"Ahora tienen otras herramientas, efectos agregados, hacen sonar mezclas de varios temas -continuó-. Pero la verdad del disc jockey está en la pista. Si la gente responde o no a la música que él pasa. Si no, hay un problema de comunicación."
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