
Apogeo y caída de una banda "pesada"
Dos fiscales de San Isidro y detectives de Zárate-Campana detuvieron a 12 personas y las vincularon con el robo de 7 bancos
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Robaban bancos y blindados a cara descubierta, con la precisión y tranquilidad de movimientos propios de quienes llevan muchos años en el rubro. Armados con pistolas ametralladoras y fusiles FAL, actuaban unas veces vestidos con trajes y otras, con uniformes de la Prefectura. La improvisación no figuraba en su manual criminal; sí la audacia. Y aunque llegaron a asaltar un banco cada 15 días en la misma zona, sin que pareciera importarles ser filmados por las cámaras de seguridad de las sucursales, su caída comenzó con el último gran golpe, aquel que debió de haber consolidado su apogeo como una de las bandas más "pesadas".
El grupo que el 18 de julio pasado se alzó con 110.000 pesos y 20.000 dólares en el lobby del Sheraton Pilar Hotel comenzó a ser desarticulado en agosto, cuando dos fiscales advirtieron, al analizar modus operandi e imágenes de los sospechosos, que los criminales a los que cada uno perseguía por distintos hechos eran los mismos.
La comunión entre el trabajo judicial y el policial dio sus frutos a mediados de este mes, con la detención de 12 integrantes de la banda. Entre ellos, un prefecto exonerado, un miembro de la extinta superbanda del mítico "Gordo" Luis Valor, un cuñado del secuestrador Cristián "Hígado" Muños -muerto en un enfrentamiento con la policía tras el robo a un banco de San Miguel, en 2004- y un cuñado de Juan José "Potrillo" Villegas, uno de los dos delincuentes muertos durante el rescate del padre del empresario Jorge "Corcho" Rodríguez, que estuvo secuestrado 43 días entre 2003 y 2004.
Cayeron de a uno, poco a poco, dentro del cerco que les tendieron el fiscal de Pilar Marcelo Vaiani y el de Tigre, Eduardo Rodríguez (a quienes, en forma excepcional, el fiscal general de San Isidro puso a trabajar en equipo) y las brigadas policiales a cargo del jefe de la DDI de Zárate-Campana, comisionado Fernando Ustarroz.
Uno fue detenido cuando salía de una editorial, adonde había ido a firmar una autorización para la publicación de un libro de cuentos de un familiar. A otro lo atraparon en Corrientes, donde se construía una lujosa casa y paseaba en cupés de colores llamativos delante de sus humildes nuevos vecinos. Otro cayó en el microcentro porteño, perseguido de una cabina telefónica a otra.
Con el producto de su "trabajo" se habían conseguido casasquintas, camionetas y autos de varias decenas de miles de dólares cada uno, y mucha más ropa -cara, sin excepciones- que la que suele usar cualquier persona común: indicios del millonario botín que habían logrado amasar durante su extensa carrera criminal, esa a la que se le acaba de poner fin.
El 21 de enero pasado una mujer denunció a su concubino como asaltante y narcotraficante, y dio los apodos de quienes, junto con él, se aprestaban a robar en el Sheraton de Pilar.
Nadie entonces imaginó que eso ocurriría, aunque muchos meses después. Menos aún que aquellos mismos apodos aparecerían en otras investigaciones o que ya se hubiera tenido noticia de por lo menos dos de ellos en un violento intento de asalto al Easy de Don Torcuato, en enero de 2004.
Apodos
Entre esos apodos estaba el del "Correntino": no era otro que Sergio Walter Acosta, exonerado de la Prefectura, sospechoso de ser proveedor de los uniformes de esa fuerza que usaron los asaltantes del Easy de Don Torcuato y detenido por la policía dos días antes de aquella denuncia frente al Citibank de Pilar, cuando presuntamente hacía la "inteligencia" previa a un robo -junto con otra persona que no fue identificada- en un Mercedes clase A.
La dueña de ese auto era la mujer de Juan Carlos "Schumacher" Rodríguez, beneficiado con una falta de mérito en la causa por el asalto al Easy.
Esos nombres volverían a repetirse varias semanas después del asalto al Sheraton de Pilar.
Otra mujer despechada apareció como testigo de identidad reservada y señaló a uno de los partícipes de ese hecho, y agregó que otro delincuente estaba muy molesto porque lo habían dejado fuera del golpe.
"Llegó eufórico a su local de venta de celulares en San Fernando y, mientras agitaba un fajo de dólares, gritó: «¡Gané en el Sheraton!». Era su regalo de cumpleaños, parte del botín del hotel", dijo la testigo al señalar a Acosta.
Ya había un nombre, pero faltaban los reconocimientos. Del hecho del Sheraton había sólo dos identikits. Acosta no era ninguno de ellos, pero un Nextel y un cargador de FAL perdidos tras el asalto a la metalúrgica Trefilar puso a los investigadores tras su pista, la del "Tano" Mariano Marcatini y, por primera vez, ante la posibilidad de vincularlos a otros sospechosos y otros hechos.
Rodríguez y Vaiani se juntaron para compartir información. Allegados suyos explicaron a LA NACION que a poco de ver las imágenes de los asaltos a los bancos que habían sucedido en zona Norte en los meses anteriores, los fiscales pudieron identificar a los dos del identikit del Sheraton: Miguel Jaime, alias "Puchero" -veterano secuaz del "Gordo" Valor-, y el "Tano" Marcatini.
Otras imágenes y nuevos cruces telefónicos sirvieron para vincular en los asaltos a bancos a Demián Durante, y a "Schumacher", que esta vez no pudo escapar de sus perseguidores.
Cabecillas
Sergio Walter Acosta
El correntino
Exonerado de la Prefectura, de 34 años, era el proveedor de uniformes, armas y celulares. Chofer en el golpe al Sheraton.
Mariano Marcatini
El Tano
De "extrema peligrosidad" según el Servicio Penitenciario Bonaerense, tiene 32 años y antecedentes por asaltos y homicidios; gozaba de libertad asistida.
Miguel Elías Jaime
Puchero
El más grande de la banda (48 años), con antecedentes penales desde 1976; integró la banda de Luis "El gordo" Valor y Hugo "La garza" Sosa. De "extrema peligrosidad", según el SPB.





