
Archivos históricos en peligro
En la hemeroteca del Congreso faltan colecciones y en la Nacional es poco lo microfilmado
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La historia gráfica de los últimos dos siglos de la Argentina -compilada en cerca de tres millones y medio de ejemplares de diarios y revistas en las principales hemerotecas del país- está en trance de desaparecer.
Pese a que los presupuestos anuales de las Hemeroteca Nacional y del Congreso suman casi 40 millones de pesos, en sus salas, que en años anteriores eran colmadas por cientos de estudiantes e historiadores de aquí y del exterior, hoy no hay computadoras, microfilmadoras, ni fotocopiadoras que funcionen correctamente. Faltan cajas y estanterias y abundan los rincones con material amontonado. Del 17 de octubre de 1945, por ejemplo, casi no quedan paginas de diario; se las robaron.
La mayor colección de los periódicos obreros argentinos de principios de siglo está en la Biblioteca Latinoamericana de Amsterdam, y de gran parte de esos volúmenes no queda ni rastro en la Argentina.
Robos, mutilaciones, imposibilidad de conservar en microfichas papeles amarillentos que se convierten en polvo e inventarios precarios, amenazan con aniquilar este patrimonio. Funcionarios y empleados coinciden en que ni siquiera se puede determinar qué porcentaje ha sido perjudicado, cuánto falta, cuánto puede recuperarse y cuánto ya no tiene salvación.
Lo que sí se sabe es que los presupuestos no son escasos.
El diputado Lorenzo Pepe (PJ), último presidente de la comisión a cargo de la biblioteca, explicó que "el presupuesto para la Biblioteca del Congreso, que tiene 1000 empleados y guarda un millón y medio de libros, es de 30 millones de pesos anuales. El 90 % se va en sueldos y el 10 % en insumos y en comprar libros, diarios y revistas, porque las editoriales no los donan".
Pepe no discriminó cuánto dinero le corresponde a la hemeroteca, que tiene 35 empleados. En pocos días se renovará la comisión legislativa a cargo de la biblioteca y esos papeles "ya están en manos de otros", dijo.
La Biblioteca Nacional funciona con un presupuesto de 9 millones de pesos. Su actual director, Francisco Delich, denunció al asumir que se encontró con una deuda cercana a los 8 millones.
Robos y mutilaciones
Hubo un tiempo en que de todas partes venían a consultar las columnas políticas del siglo pasado, los textos de Jorge Luis Borges en el diario Crítica, las andanzas de criminales como el Petiso Orejudo, el funeral de Carlos Gardel o las mismísimas crónicas de la Independencia.
La Hemeroteca Nacional, que en su edificio de Agüero 1502 alberga casi dos millones de diarios y revistas, fue alguna vez una de las más importantes de América latina.
Sin embargo, hoy se puede descubrir con tristeza -o vergüenza- cómo desaparecen primeras planas de diarios, robadas -hoja de afeitar mediante-, por visitantes que intentan quedar bien con un conocido.
Los materiales sobre el regreso de la democracia en 1983 o sobre el caso María Soledad Morales fueron tan solicitados durante años que hoy parecen del siglo XIX.
Pero no sólo el público mutila los archivos. Ricardo Sponiardi, empleado de la hemeroteca del Congreso, da fe de que decenas de revistas extranjeras de la época de la guerra de Malvinas llegaban amputadas. Agrega también que la censura de la última dictadura militar impidió que se conservaran muchas revistas culturales de la década del 70.
En el Congreso nadie recuerda cuándo fue enviada a encuadernar la colección de la revista Primera Plana, que jamás regresó. No lo recuerdan los empleados ni lo recuerda el diputado Lorenzo Pepe.
Casi no existen colecciones completas. De la revista Panorama, por ejemplo, quedan algunas sueltas de 1967 a 1974; El Gráfico se conserva desde 1957 hasta 1989, con faltantes, y sólo reaparece en 1993.
"Es muy común encontrar que faltan números. Aunque las dos hemerotecas siguen siendo importantes, el estado de conservación es realmente malo, y la buena voluntad de los empleados no alcanza", resume el historiador José Luis Romero.
"A lo mejor me piden un diario de 1912 y yo lo tengo, pero está en tal mal estado que no lo puedo dar -dice Juan Jiménez, encargado de la hemeroteca del Congreso desde hace 27 años-. Prefiero comerme los insultos, pero salvarlo para que después lo tengan microfilmado por 200 años más."
Microfichas y carpetas
La Hemeroteca del Congreso, en Alsina 1835, guarda más de un millón y medio de ejemplares y ya no tiene espacio. Entran 40 cajas de diarios nuevos cada mes y los empleados hacen magia para ganar espacio en el gran salón con entrepiso de chapa y rejas o en el sótano.
Mientras esta hemeroteca tiene microfilmada una parte importante de su archivo (la de diarios nacionales; revistas, ninguna), la Nacional lo ha hecho en apenas el dos por ciento de todo su material. Hay sólo dos máquinas lectoras por hemeroteca en las que se pueden hacer correr y consultar los diarios microfilmados en rollos de película, pero ni en el Congreso ni en la Nacional funcionan las fotocopiadoras adosadas para reproducir las páginas en papel.
Las maquinas lectoras cuestan alrededor de 50.000 pesos; las de la Nacional fueron donadas por particulares. Los turnos para usarlas son de 45 minutos por persona y en días en que se llegan a recibir hasta 1000 pedidos las colas se hacen interminables. ¿Computadoras? En el Congreso no hay ninguna a la que pueda acceder el público, y en la Nacional hay dos viejas y semiolvidadas en un pasillo.
Los menos de 60 empleados que trabajan en cada hemeroteca son los únicos que saben qué hay en cada estante, y se pasan los datos de boca en boca. Para evitar el manoseo indiscriminado de los materiales, implementaron hace unos años un sistema de carpetas temáticas. Ellos mismos buscan, fotocopian y arman series especiales que van desde la caída de Frondizi hasta el caso Cabezas. Así se agilizan las colas y se preservan los documentos originales.
Víctima de múltiples mudanzas dentro de un mismo edificio, la hemeroteca de la Legislatura porteña -que supo ser muy completa, según coinciden los investigadores- está hoy reducida a eso: cajas temáticas de años recientes y la colección de Clarín desde 1987 hasta ahora. Adolfo Ventimiglia, director general de Cultura de la Legislatura, no sabe siquiera si La Nación del siglo pasado está presa en las cajas que aún siguen guardadas.
"Yo no entiendo -dice Ricardo Sponiardi, de la hemeroteca del Congreso, mientras acaricia los lomos de las carpetas que él mismo fabrica-. De las escuelas nos mandan pibitos para que hagan la historia de la educación argentina a través de los diarios desde 1870 hasta hoy. Así nomás. Y nosotros hacemos lo que podemos."
Otras opciones de consulta
- Archivo General de la Nación : en Leandro N. Alem 246, 4331-5531.
- Biblioteca La Prensa : en Rivadavia 576, 4323-9400, interno 2789.
- Academia Nacional de la Historia : en Balcarce 139, 4343-4416.
- Biblioteca Nacional de Maestros : en Pizurno 935, 4813-4551.
- Colegio Nacional de Buenos Aires : en Bolívar 263, 4331-9443.
Un perjuicio a la memoria
Hasta ahora no se conocen medidas concretas tendientes a enmendar el perjuicio a estos testimonios de la historia del país.
"Hay hemerotecas extranjeras que tienen equipos de viajantes que andan por el mundo comprando colecciones -dijo a La Nación la ensayista e investigadora Beatriz Sarlo-. Tienen salones inmensos para que cada usuario acceda a su propio lector de microfilms. Y allí ingresan los investigadores, no los estudiantes secundarios, que tienen excelentes bibliotecas barriales".
José Luis Boquete, jefe de la Hemeroteca Nacional, está contento porque hace poco a la Universidad de Harvard le interesó la colección del diario Crítica. Le ofrecieron microfilmarla gratis a cambio de quedarse con una copia del juego.
Un grupo de investigadores españoles le pidió, también, hace meses, la colección de la revista Nuevo Hombre, de los años 70, que jamás había entrado a la Biblioteca Nacional. "La tuve que pedir a una hemeroteca de Holanda. Me mandaron los microfilms y yo hice copias para conservar una acá", cuenta.
Boquete muestra, como gema única y excepcional, un tomo de "La Batalla, diario anarquista de la tarde", de 1910, y se relame: "Esto sí que es único, no lo tienen. Mirá la calidad del papel, éste era buen papel. El que usan ahora se deshace en cinco años".
Por si todo esto fuera poco, la ley de patrimonio cultural que piden las bibliotecas para que los materiales no abandonen el país con tanta facilidad está en proyecto desde 1995.




