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Las situaciones eran hipotéticas pero frecuentes en el día a día de los estudiantes: publicar una foto y no obtener interacciones; quedarse viendo la foto de alguien que conocés, que salió muy bien en esa imagen y que tiene muchos likes y comentarios; recibir un comentario agresivo en una publicación. Mirar fotos de personas “idealizadas”; encontrarse por sorpresa con un video de uno mismo hecho con inteligencia artificial. Aunque ellos sabían que nada de eso estaba ocurriendo, la reacción fue inmediata: más estrés, más ansiedad, una sensación negativa sobre uno mismo.
Una investigación reciente que presentó la Facultad de Economía de la Universidad Nacional de La Plata (FCE-UNLP), en la que se entrevistó a más de 500 estudiantes de primer año, comprobó que vivir breves situaciones adversas en redes genera un aumento causal de la ansiedad. Una de las conclusiones más llamativas fue que la calidad del contenido es tan crítica como el tiempo en pantalla.
La investigación fue elaborada por el Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (Cedlas) y demuestra que la exposición a situaciones breves y negativas en redes sociales genera un aumento causal en los niveles de ansiedad de estudiantes universitarios. Uno de los hallazgos principales comprueba que este incremento emocional es mayor en los varones, un patrón que contrasta con gran parte de los estudios previos sobre el tema.
“La preocupación por los efectos de las plataformas digitales en la salud mental de los jóvenes crece cada año, aunque la evidencia actual proviene de países desarrollados y suele enfocarse en el tiempo de uso de las plataformas, adoptando mayormente enfoques correlacionales”, señala el trabajo, realizado por María Laura Alzúa, Azul Menduiña y Milagros Onofri. En la investigación, los especialistas se plantearon comprobar si realmente existe una relación causal (causa-efecto) entre las experiencias online y el estado anímico y la salud mental de los adolescentes y jóvenes. Buscaban responder algo más específico: ¿ciertas experiencias concretas en las redes afectan el bienestar de los jóvenes?

Y finalmente hallaron una correlación: el estado ansioso se incrementó en más del 10% en aquellos que fueron expuestos a ese contenido, en comparación con quienes consumieron contenido más neutral. Los investigadores advierten que no es poco ese porcentaje, principalmente, al tener en cuenta que en todo momento los estudiantes eran conscientes de que se trataba de situaciones hipotéticas, no reales. Pese a ello, los niveles de ansiedad igual se dispararon.
Las investigadoras diseñaron un experimento de laboratorio. El estudio se realizó en la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLP. La evaluación se hizo de forma presencial durante la primera clase obligatoria de Introducción a los Estudios Universitarios, en el módulo de Matemática, después del recreo.
Los más de 500 participantes fueron asignados aleatoriamente a dos grupos: uno era el “grupo de tratamiento”: los estudiantes fueron expuestos a cinco escenarios negativos hipotéticos: publicar contenido que no recibe interacciones; recibir comentarios negativos en una publicación personal; ver una imagen corporal idealizada con muchos “likes”; Encontrar un video de uno mismo generado por IA creado por una cuenta anónima, y ser ignorado por amigos tras proponer un plan social. El otro grupo, el “grupo de control”, fue expuesto a escenarios neutrales, como un tutorial de cocina o una publicidad de un café.

Inmediatamente después de la intervención, se evaluó a los participantes utilizando el Inventario de Ansiedad Estado-Rasgo (STAI) una de las escalas más reconocidas y validadas a nivel internacional para medir la ansiedad. Se trata de un test de 40 preguntas que mide la ansiedad en dos partes: cómo se siente la persona en ese mismo instante (estado) y cómo se siente de manera habitual (rasgo). Se utilizó una subescala de 20 preguntas.
Al inicio del cuestionario, se incluyó una breve evaluación del estado de ánimo para identificar casos de angustia psicológica previa grave; estos casos fueron excluidos del análisis. Al finalizar la encuesta, se proporcionó a todos los participantes información de contacto de una línea de ayuda de salud mental y un servicio de orientación para jóvenes.
“Inmediatamente después de la exposición, medimos la ansiedad usando el STAI. Este diseño nos permite aislar el impacto causal de experiencias en línea específicas, yendo más allá de la evidencia correlacional. Nuestros resultados muestran que la exposición a escenarios relacionados con redes sociales conduce a un aumento significativo en los niveles de ansiedad”, señalan las investigadoras en el documento.
Los resultados indicaron que la exposición a los escenarios negativos aumentó los niveles de ansiedad de manera significativa. Lo llamativo es que estos efectos se consolidaron tras una exposición de duración muy breve y de carácter completamente hipotético.
“La exposición a escenarios negativos en redes sociales aumenta la ansiedad situacional en 1,70 puntos en la escala STAI en comparación con el grupo control, un efecto marginalmente significativo al nivel del 10%”, señala el trabajo. “Considerando que los estudiantes están expuestos a una situación hipotética, no es insignificante . A pesar de estas limitaciones, los hallazgos tienen importantes implicaciones para el diseño de políticas e intervenciones. En particular, sugieren que las políticas centradas únicamente en reducir el tiempo total frente a la pantalla podrían ser insuficientes. En cambio, las intervenciones que abordan la naturaleza de las interacciones en línea, como la exposición a la retroalimentación social, la comparación y la evaluación, podrían ser más efectivas para mitigar los efectos psicológicos negativos”, dice el estudio.
Mediante este experimento aleatorio, los investigadores demostraron que enfrentarse a situaciones digitales comunes, como la falta de interacciones o la visualización de contenido idealizado, eleva el estrés psicológico de forma inmediata.
La muestra final consistió en 506 estudiantes de primer año (50.2% mujeres y 49.8% hombres) con una edad promedio de 19.8 años. El uso de redes sociales es omnipresente: el 60% reporta pasar más de cuatro horas al día en ellas durante la semana, cifra que sube al 72% los fines de semana.
Un hallazgo distintivo es que los varones mostraron una respuesta emocional más intensa que las mujeres ante estos estímulos. Las mujeres mostraron, en promedio, niveles de ansiedad basal más altos (3.9 puntos más que los hombres). Sin embargo, el efecto del tratamiento fue mayor en los varones.
“El hallazgo inesperado de que los efectos sean mayores en varones sugiere que ciertos tipos de exclusión social capturados en los escenarios pueden ser particularmente sensibles para ellos en este contexto”, dice el documento. Un patrón que contrasta con gran parte de la literatura existente. Entre las posibles explicaciones se apuntan a las diferencias en las expectativas y mecanismos de afrontamiento, que pueden resultar clave para entender por qué el impacto resultó mayor en los varones: al ya vivir con niveles de ansiedad más altos que ellos, quizás las hace tener mejores capacidades para enfrentar estas experiencias negativas.
El documento menciona que las mujeres podrían estar más habituadas a este tipo de experiencias digitales. Esto podría traducirse en niveles basales de ansiedad más elevados, dejando un menor margen para incrementarlos, o bien en generar una menor reacción frente a estímulos que ya forman parte de su cotidianidad en las plataformas.
Entre las conclusiones del estudio se destaca que el contenido y el contexto de las experiencias digitales son fundamentales, más allá del tiempo total de pantalla. “Incluso interacciones breves y ficticias pueden disparar aumentos en la ansiedad a través de canales situacionales agudos como la falta de validación social o la evaluación negativa”, se apunta.




