
Bofetada de mujer
A raíz del episodio Kunkel-Camaño, agregaré algunos apuntes a las miles de páginas y horas de micrófono que se han consagrado a distintas opiniones y pronunciamientos sobre la bofetada de Camaño. Naturalmente, ya se habló demasiado sobre este incidente, pero a mi modo de ver no se dijo lo esencial. Todos los hombres hemos recibido, alguna vez, una bofetada de mujer. Y todas las mujeres adultas han cacheteado a un tipo. Y si a ustedes, amables lectores, no les ha sucedido, es que estaban viviendo en el planeta de Barbie y Ken.
Un bife de mujer a hombre no es una agresión física. La mujer no tiene musculatura suficiente para ocasionar lesiones, y el hombre generalmente no responde al golpe. La bofetada de mujer es un insulto sin palabras, no un golpe. Encierra un mensaje de desprecio, furia y advertencia. Una cachetada significa: basta.
La mujer y el hombre saben de qué se trata. Es un asunto entre ellos. En el caso de estas dos personas, hay un enfrentamiento que data de dos años atrás, y no hay ningún secreto en las palabras que se han pronunciado, ya que se emitieron por televisión.
Cuando ella da un cachetazo, está diciendo "este es tu límite".
¿Qué puede hacer el hombre? Puede devolver la bofetada, si tiene reflejos y -sobre todo- si tiene motivos. Ocurre muchas veces en la convivencia de una pareja, aunque este no sea el caso, pues los dos legisladores no se aman sino que se odian. El que no vivió estas circunstancias, se lo pierde: en ocasiones, las palabras no alcanzan para descargar un sentimiento, de manera que los bifes vuelan, y suelen volar de ida y vuelta.
Esto no tiene nada que ver con la violencia de género.
Cuando un hombre quiere golpear, dañar, asustar, pega con el puño cerrado y más de una vez. Por lo general, sin motivos. Cuando desea expresar un sentimiento, la puede zamarrear o abofetear: nunca con intención de ocasionar una herida física. Sencillamente, es la erupción de una emoción inevitable.
En cambio, cuando una mujer quiere causar daño, generalmente recurre a los celos, el abandono o el raticida. Este es un código que existe desde tiempo inmemorial: el varón mata con cuchillo o revólver, la mujer lo hace con el alimento. Todos lo sabemos.
El lenguaje de las bofetadas también existe entre varones. Por lo general, se trata de un golpe leve: su contenido es simbólico, y hasta se puede aplicar con la mano floja o con un guante.
Es cierto que la bofetada de Camaño, por su energía, está más cerca del castañazo criollo que del ligero guante de cabritilla. Pero no deja de ser un bofetón mujer-hombre, con el mensaje simbólico tradicional. Kunkel y Camaño sabrán los insultos y disculpas que habrán intercambiado, que no han de ser pocos.
Un país como el nuestro, que atravesó las oleadas de violencia incluidas en palabras como desaparecidos-montoneros-represión-terrorismo-Aramburu-Rucci-Vandor (para decir solamente algunas) no puede hablar tanto sobre una incidencia tan chiquita.
El diputado Kunkel sobrevivirá al golpe, y la diputada Camaño también. ¡Hasta nosotros lograremos sobrevivir!




