
Brilla hoy, como en 1894, el bar Los 36 Billares
El salón recuperó su boisserie y se restauraron los vitrales
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El bar Los 36 Billares abrió sus puertas cuando despuntaba esa época espléndida y pujante en la que Buenos Aires comenzaba a perfilarse como la ciudad más europea de América latina.
Según data en los archivos históricos de la época, la apertura de la Avenida de Mayo - donde se encuentra emplazado - fue celebrada el 8 de julio de 1894 con una procesión de 500 antorchas. Desde entonces, y pese a los encontronazos entre los porteños reacios a las primeras transformaciones urbanas que sufrió la arteria, la zona fue poblándose de esos edificios emblemáticos de los cuales la mayoría sigue en pie. Es el caso de este bar ubicado desde aquel año entre las calles Salta y Santiago del Estero, y que fue un punto de encuentro para los caballeros adictos al copetín y a las partidas de billar, dados, generala, dominó y ajedrez, entre otros juegos de moda en esos años.
Estaba muy venido a menos cuando en 2002 la Dirección de Patrimonio porteña lo incluyó en el circuito de los 38 bares y confiterías notables de Buenos Aires. El reconocimiento vino como anillo al dedo para apurar una restauración con la idea de devolverle el aspecto que tuvo cuando era un refugio a media luz, envuelto en humo de cigarrillo y ruido de bolas de billar, y a donde ninguna dama decente se atrevía a poner un pie (salvo para arrastrar de las pestañas a los maridos que solían dejar el sueldo en la mesa de naipes).
Por iniciativa de los actuales propietarios, y con la dirección de la arquitecta Cristina Anglesio, el 5 de diciembre último se inició una puesta a punto que llevó casi cuatro meses y que tuvo como premisa eliminar todos los detalles agregados con el paso del tiempo y que no correspondían a la fisonomía de estilo francés de los casi 350 metros cuadrados del salón, de los que la mitad conservaba la estructura original.
"Cuando empezamos la obra descubrimos que en los baños de hombres había letrinas" recuerda la autora del proyecto. Pero la puerta de entrada con herrajes de bronce y la boisserie de roble son tal vez los detalles más preciados de Los 36 Billares, ya que se han conservado intactos por más de 100 años. Ahora fueron lavadas y lustradas, y resaltan gracias a que fueron retirados los paneles de durlock que cubrían los techos y algunas paredes, impecablemente tapizadas con un papel color oro que imita la trama del brocado.
Las grandes arañas de bronce que ilumina el salón principal también son originales y, salvo algunas tulipas, están en perfecto estado luego de la restauración. La barra que antaño fue de puro mármol de Carrara había sido reemplazada por una de granito ordinario, pero fue cambiada por otra tersa y elegante como que la que tuvo en sus tiempos de gloria.
Otro punto fundamental del proyecto fue el reciclado de la fachada, antes tapada por ruidosos aparatos de aire acondicionado y un cartel de neón que estropeaba la estructura de hierro ornamentado, típico de la época.
Un poco de historia
Además del poeta español Federico García Lorca, que pasó una larga temporada alojado en una habitación del Hotel Castelar, muchos habitués de la noche porteña practicaban el deporte de la tertulia en las mesas de Los 36 billares. Entre ellos Miguel Angel Bavio Esquiú, jefe de la sección Deportes del diario El Mundo en la década del cuarenta, y creador en la revista Rico Tipo. Otro concurrente asiduo fue el escritor Abelardo Arias, el mismo que en su novela "La vara de fuego" recrea una historia ambientada en los años treinta en un edificio de la misma cuadra, el hotel Lutecia (hoy Chile), en el 1293, esquina Santiago del Estero.
El billar, los naipes y el café siguen atrayendo a cientos de porteños nostálgicos, pero desde que fue puesto en valor el bar se fue llenando de ejecutivas en tailleurs que al mediodía almuerzan alguno de los nuevos platos que incluye la carta. Además de los espectáculos culturales, a partir de mayo habrá un servicio de té especialmente dedicado a las damas que quieran jugar a la canasta o a la escoba entre sandwichitos y masas finas.
Vista fija en el paño verde
Desde hace dos años el Bar Los 36 Billares comenzó una etapa de transición en la que el juego ya no es la actividad excluyente. El que fue declarado Bar Notable impulsó el desarrollo de nuevas actividades culturales y que hasta antes de la restauración se realizaban en un improvisado escenario ubicado entre las mesas.
Entre los primeros shows se destaca el que montó el actor Esteban Morgado, que incluso grabó en vivo un disco bautizado "Esteban Morgado en Los 36 Billares", y que acaba de ganar un premio Gardel a la música. El año pasado hubo hasta una odalisca zarandeándose entre las mesas, y en los planes de los propietarios figura continuar con el programa de espectáculos, aunque tras la tragedia de Cromagnon esperan que los inspectores rehabiliten el salón para poder ofrecerlos.
También suele haber clases y torneos de billar en el salón del subsuelo, un mundo aparte donde los habitués pasan largas horas con el cigarrillo colgando de los labios y la vista fija en la punta del taco. Hay cinco mesas de impecable paño verde, y en las paredes lockers de madera de cedro originales donde, luego de la ceremonia, los jugadores guardan sus tacos hasta la próxima partida.
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