
Buscan a cuatro delincuentes que robaron en un country
Un matrimonio fue tomado como rehén durante varias horas
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Ya se sabe que son cuatro hombres de mediana edad, robustos y que usaban uniformes similares a los de la policía. Con esos datos son buscados intensamente los delincuentes que el domingo último ingresaron, usando a los propietarios como escudo, en un selecto country de Beccar, partido de San Isidro, y sustrajeron dinero y artículos de valor.
Para la policía, el robo en el Boating Club, una de las zonas más residenciales de San Isidro, es un episodio excepcional. "No es una generalidad. Es un caso aislado", dijo a LA NACION el comisario Antonio Torreira, jefe de la Dirección Departamental de Investigaciones (DDI) de San Isidro. Esta dependencia intervino ante la sospecha de que se trataba de un secuestro extorsivo, posibilidad desechada luego por los detectives.
En la comisaría 5a. de Beccar, que junto con la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) N° 1 están al frente de la investigación, coincidieron en que fue un hecho delictivo sin inteligencia previa. "Fue al voleo. No hubo seguimiento por parte de los delincuentes", sostuvo uno de los investigadores a LA NACION.
También negaron que haya sido un secuestro: "Llamamos a la Brigada Antisecuestro y después de analizar la situación se determinó que no se trataba de esa modalidad". La causa, por el momento, está caratulada como privación ilegal de la libertad, robo calificado y robo calificado de automotor.
Un domingo de terror
El episodio, según fuentes policiales, ocurrió el domingo último, a las 22.30, cuando José Alberto Silva, de 44 años, y su mujer, Raquel Aguado, de 47, regresaban en su Peugeot 206 a su casa, en el Boating Club, en Uriburu al 1001. Pero a pocos metros de la entrada del lugar, en la esquina de Lasalle y Florencio Varela, un Renault Clío blanco ocupado por cuatro delincuentes los interceptó a punta de pistola, según relataron las mismas fuentes.
Dos de ellos, que portaban armas de grueso calibre, se subieron en el auto de los Silva, que reanudó su marcha, seguido por el Clío.
Aunque las víctimas no dialogaron con la prensa se supo que en el trayecto hasta el barrio cerrado, los malvivientes los interrogaron y no de buen modo: "¿Quiénes son? ¿De qué trabajan? ¿Dónde viven". "Soy arquitecto", les habría dicho Silva. "Entonces debés tener plata", le contestaron. Allí fue cuando decidieron ir a la casa del matrimonio.
Para ingresar en el barrio sin despertar sospechas los delincuentes mandaron a la mujer al Clío, mientras que Silva, acompañado por dos de los asaltantes, quedó al mando de su propio vehículo.
Los maleantes ingresaron en la casa de sus víctimas y robaron una computadora y dinero (unos 4000 pesos y 5000 dólares, según la policía) y salieron de la misma forma en la que habían entrado. Silva, en su auto con dos malhechores y su esposa, en otro con los otros dos.
El hombre fue liberado en los alrededores de villa La Cava, en Beccar, y le advirtieron que no llamara a la policía porque sus compañeros matarían a su esposa. Cerca de la medianoche, Aguado fue liberada en la Panamericana, a la altura de Campana.
Inmediatamente, la mujer llamó por teléfono a su esposo para comunicarle que estaba bien, y recién se reencontró con él en la madrugada del lunes.
Según los investigadores, las víctimas declararon que no sufrieron agresiones físicas y que los delincuentes mantuvieron la calma.
En una recorrida que hizo LA NACION por la zona, los pocos vecinos que accedieron a hablar se mostraron temerosos ante la posibilidad de una escalada delictiva. Tal vez por ese mismo temor, a más de 72 horas del robo, en el Boating siguen negando el hecho.





