Buscan socios para evitar el cierre de una biblioteca en San Fernando
Contiene ejemplares únicos y está jaqueada por las deudas y por la pérdida de aportes
1 minuto de lectura'
"Hágase socio." Esta exhortación está por todas partes, bien grande en la puerta de entrada. Sobre la mesa de una sala administrativa, una caja de cartón fue convertida en alcancía. Arriba se lee: "Deposite aquí su colaboración".
La comisión directiva de la Biblioteca y Museo Juan Nepomuceno Madero, de San Fernando, está por estos días en plena campaña orientada a salvar la entidad, jaqueada por problemas financieros. Con sus 90.000 volúmenes, una hemeroteca que incluye ejemplares de todos los diarios que se editaron en esa zona del norte del conurbano, y un valiosísimo archivo es, sin duda, una de las bibliotecas populares más importantes del país.
Anexo poco común entre sus similares, cuenta con un museo que alberga monedas y billetes antiguos, el primer plano de San Fernando (ordenado por el virrey Sobremonte), piezas indígenas, la cuchara usada por Dardo Rocha en la colocación de la piedra fundacional de La Plata, los escritorios presidenciales de Rivadavia y de Avellaneda, y otro que perteneció al almirante Brown. En la sala Marcos Sastre, en la planta baja, se puede admirar una verdadera joya: el piano francés de cola, fabricado en 1865 -obsequio de la familia Vitali-, que es uno de los tres en el mundo con cola vertical (que se alza inmediatamente detrás del teclado, por lo que tiene casi la apariencia de un órgano).
En Constitución 622, plena arteria comercial, se erige el notable edificio de la biblioteca museo, de estilo ecléctico, con estupendas columnas dóricas. Se lo inauguró el 29 de enero de 1922, para ser definitiva residencia de las colecciones, y fue restaurado en 1995. Pero la historia arranca mucho antes.
En 1873 se constituyó una comisión organizadora y, al año siguiente, Juan Nepomuceno Madero logró la aprobación de vecinos acomodados de la incipiente localidad para concretar la biblioteca. Dieron apoyo económico y donaron los primeros 2000 libros, alojados provisionalmente en la desaparecida Escuela de Varones N° 1.
El doctor Héctor Azar asumió en 2004 la presidencia de la comisión directiva. Recuerda que se encontró con un amigo. "Me felicitó; me dijo que le parecía una labor muy agradable y me preguntó si podía ayudar. Le contesté que sí, haciéndose socio".
Con derecho a retirar libros hasta por 30 días, los socios son actualmente 765. Antes de la crisis de 2001 eran el doble. Los menores (126) abonan $ 4 mensuales. Los activos (485), $ 5. El resto lo conforman vitalicios y socios protectores, que duplican el arancel de los activos. No hay cuota de ingreso.
No alcanza
La Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip) deriva dos veces al año hacia ellas un porcentaje que procede de los juegos de loterías y quinielas. Pero el reparto se tornó cada vez más exiguo y esporádico debido a la apertura de nuevas bibliotecas, que suman ahora más de 2000.
El año anterior -explica Azar- la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) les envió una intimación por aportes previsionales y contribuciones sociales. "En mayo de este año se reiteró el reclamo. Y tienen razón. Estamos atrasados por las dificultades financieras. Debemos 25.000 pesos, sumando intereses", reconoce.
Tras esa segunda intimación, se acordó con el organismo un plan de pagos, desde 190 pesos iniciales que irán en sucesivos incrementos hasta la cancelación total en 60 meses.
¿Por qué una biblioteca popular sin fines de lucro pasa por este tipo de problemas, como si se tratara de una firma comercial? "Esa es la cuestión -dice Azar-. Pero cuando lo planteamos, no sólo a funcionarios de Economía sino hasta en el mismo Congreso, simplemente se nos respondió que así está dispuesto. «No depende de nosotros. Habría que cambiar la legislación», dicen."
Hace notar que en la institución trabajan nueve personas, todas registradas: no hay nadie en negro. El total de salarios suma entre 4000 y 5000 pesos al mes, a lo que hay que agregar costos de servicios y de mantenimiento.
"La situación movilizó esta búsqueda de nuevos socios y el intento de ampliar el número de quienes puedan integrarse como protectores. Nadie puede ignorar este noble propósito: evitar el cierre de la biblioteca -riesgo que aún está latente-, para poder seguir brindando la oportunidad de educar y estimular el hábito de la lectura. Son exactamente los objetivos que inspiraron su fundación", señala el doctor Azar.
- 1
2Guardapolvos “térmicos” y visitas de pingüinos: así se estudia en la escuela más austral de la Argentina y del mundo
3El viaje de 6400 kilómetros de “Diana”, la tortuga boba rescatada en Ceuta que cruzó el Atlántico
4Menos aerosoles, más calor: la hipótesis científica detrás de la escalada del calentamiento global en la última década


