Candelaria Cabrera, un ejemplo del esfuerzo personal para perseguir sueños deportivos

Candelaria Cabrera
Candelaria Cabrera Fuente: Archivo
Por su edad, no podía jugar con sus compañeros varones, pero logró un cambio en una liga de Santa Fe
Julia D'Arrisso
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10 de junio de 2019  

Uno de los casos que tomaron mayor relevancia a la hora de explicar la desigualdad entre hombres y mujeres en el ámbito del fútbol fue el de Candelaria Cabrera, que a sus 8 años se enteró de que no podría continuar jugando con sus compañeros varones en Huracán de Chabás, el equipo de esa localidad santafesina.

Ocurrió en julio pasado, cuando los directivos del club pusieron en conocimiento a Rosana Noriega, la madre de Candelaria Cabrera, de que estaban prohibidas las formaciones mixtas desde esa edad y en esa localidad no había equipos de mujeres para que su hija pudiera seguir en el equipo, como venía haciendo, de lateral por izquierda.

Tal fue la indignación de la madre que decidió hacer un descargo por medio de una publicación en las redes sociales, que se hizo viral y recolectó el apoyo de muchas mujeres deportistas que afrontaron distintas dificultades para integrarse en sus respectivas disciplinas.

El reclamo escaló hasta que la Liga Casildense de Fútbol, a la que pertenece el equipo de Huracán de Chabás, decidió durante una asamblea que abrirían un departamento de fútbol femenino y que a Candelaria la iban a fichar como jugadora. En septiembre próximo, Candelaria cumplirá nueve años y hasta los 12 podrá jugar con sus compañeros en un equipo mixto, aunque cuando termine la categoría infantil deberá competir solamente con mujeres.

"No pensé que iba a tomar dimensión, pero yo lo único que quería es que reconozcan los derechos de mi hija", le contó Rosana Noriega a LA NACION.

"Los equipos de la liga están llamando mujeres a entrenar, las buscan, tienen un espacio más grande. Esto es cultural. En todos los ámbitos dicen que una mujer es buena, pero... Siempre hay un pero", reflexionó la madre de la jugadora infantil entre señales de indignación.

Cuando Rosana Noriega ve a Candelaria en la cancha de fútbol no lo puede creer. La percibe suelta, haciendo lo que le gusta, desprovista de preocupaciones. "¿Qué es lo raro de que esté jugando, mamá?", le pregunta la chica a veces. Y ahí se da cuenta. Su hija está feliz y sabe que el camino será largo. El sueño de Candelaria es jugar en Boca Juniors, dedicarse de lleno al fútbol profesional.

"Espero que comprendan que el fútbol es un deporte más, que no distingue de género", opina Rosana Noriega mientras piensa en su hija, que ahora hace lo que la apasiona.

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