Caniggia volvió a Henderson en su momento más difícil
Corta visita: tras permanecer por pocas horas en su pueblo natal para asistir al velatorio y al sepelio de su madre, el futbolista abandonó el lugar en un taxi aéreo.
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HENDERSON.- Una tragedia devolvió a su pueblo natal a ClaudioPaul Caniggia tras diez años de ausencia. Pero el futbolista sólo permaneció poco más de tres horas en Henderson, adonde llegó para despedir los restos de su madre, Nélida Tomasa La Iglesia de Caniggia, quien se suicidó el martes último en la Capital Federal.
El más famoso de los hijos de esta ciudad llegó en un avión, acompañado por su representante, Settimio Aloisio, y sin ninguno de los miembros de la familia que él formó. Ni Mariana Nannis, su esposa, ni sus tres hijos estuvieron junto a él.
Mientras tanto, casi todo el pueblo se acercó con curiosidad y algo de dolor a darle la última despedida a Nélida La Iglesia, que hasta hace unos años atendía una casa de artículos para el hogar. Ella se mató muy lejos de sus hermanas Tita, Blanca e Hilda, tan lejos como de la razón.
Compungido y demacrado
Vestido íntegramente de negro, con sus ojos siempre ocultos por anteojos para sol, el astro futbolístico se veía compungido y algo demacrado. Durante las casi tres horas que permaneció en Henderson estuvo acompañado por su representante y amigo, por su padre, Hugo, y por sus dos hermanos, Marcelo y Diego. El resto de sus familiares más lejanos y vecinos lo recibieron y lo despidieron con un tibio aplauso.
Su abuela Isabel, de 90 años, decía con cierta lejanía: "De él no sé nada. El tendrá sus razones".Su tía Hilda repetía algo parecido: "No veo la explicación. Habrá problemas de familia". Sus palabras se referían tanto a la muerte como a la ausencia.
Casi todo Henderson, en cambio, sostenía: "El Yayi (así lo llaman a Claudio Paul aquí) no tiene nada que ver y seguirá siendo un ídolo aunque se haya olvidado de nosotros".
Cuando el féretro salió de la casa de sepelios, el futbolista encabezaba el traslado al cementerio, donde los deudos sólo estuvieron unos 13 minutos.
De allí, Claudio Caniggia partió sin escalas hacia el aeropuerto con su inseparable Aloisio, poco antes de las 12.30. Había llegado al aeródromo Jorge Matieira a las 9.23, envuelto en el mismo silencio que mantuvo con los periodistas en el triste regreso a su pueblo.
Lejos del periodismo
El lugar donde se hizo el velorio amaneció custodiado por policías, adentro y afuera, que con buenos modos pidieron a los 50 periodistas que cubrieron el hecho que respetaran la privacidad de los Caniggia. Apenas pasado el mediodía, unos 60 coches formaron parte del cortejo fúnebre, que partió a las 12.22 y recorrió casi cuatro kilómetros hasta llegar al cementerio. Allí, la despedida fue breve y para los íntimos, ya que la prensa sólo pudo ubicarse a varios metros del jugador.
Caniggia tomó la avioneta de regreso a Buenos Aires a las 13.5 y no se sabía con precisión cuándo regresará a Europa.
La gran mayoría de los pobladores esperó en vano la llegada de Diego Armando Maradona, ya que se dijo que iba a estar con su amigo.
Todos en Henderson, los que aplauden a su astro como los que no, compartieron el dolor ante lo inexorable de la muerte.
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