
Casi la mitad de los argentinos usa cábalas para sentirse seguro
Sin embargo, sólo uno de cada diez se define como supersticioso; testimonios
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Si tiene una reunión a las 13, trata de cambiarla. Si la cita es en un piso 13, primero va al 12 y sube por las escaleras. Así, Jorge Sexer, de 60 años, especialista en sistemas informáticos, evita toparse con el que cree un número fatídico. Pero aclara: "Ojo: no soy supersticioso".
Como Jorge, casi la mitad de los argentinos tienen algún hábito o amuleto para atraer la suerte, pero sólo uno de cada diez se considera supersticioso. Arroja estos datos un sondeo de la consultora TNS Gallup entre 1007 personas de todo el país.
Entre otras cosas, la encuesta determinó que las mujeres tienen más cábalas que los hombres y que los porteños son más supersticiosos que los habitantes del interior del país.
Si bien las conclusiones a las que llega el estudio pueden resultar curiosas en una época de auge de la tecnología, los especialistas afirman que se debe a que las cábalas y los amuletos forman parte del ansia del hombre por intentar manejar el azar.
"Así como con la ciencia, la gente necesita domesticar el destino a través de diferentes prácticas. Las cábalas y los hábitos relacionados con tener buena suerte son ritualizadas para asegurar un fin exitoso", dijo a LA NACION Pablo Wright, investigador de antropología simbólica del Conicet.
La encuesta de Gallup afirma que el 45 por ciento de los argentinos tienen alguna costumbre para "cuidar" su suerte y que las cábalas más frecuentes son pedir tres deseos antes de soplar las velitas de cumpleaños (30%), tocar madera para que algo no ocurra (19%), y desear tres cosas al ver una estrella fugaz (17 por ciento).
"Suelo llevar una cinta roja contra la envidia en la muñeca y doy siete pasos para atrás cuando se me cruza un gato negro. Creo que lo hago porque es una tradición", explicó Ana Rivero, abogada, de 33 años.
"Llevo los anillos de mis padres, que no los pueden usar porque no les entran. Se dice que si te probás anillos de casamiento ajenos, no te casás. Me sacrifico por mis padres... o quizá no me interesa casarme", bromeó Ana, con dos alianzas de oro.
Aunque no es científico...
Sentado en un banco de plaza, Ezequiel Starobinsky, de 28 años, administrativo, admitió: "Ahora que lo pienso, es extraño, pero no paso por debajo de las escaleras... por las dudas. No tengo una razón científica que explique que el hacerlo implique una desgracia".
"La repetición de ciertos comportamientos que se reconocen como ceremoniales son estrategias defensivas que el psiquismo utiliza ante la emergencia de efectos penosos", explicó a LA NACION el licenciado Enrique Novelli, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).
La encuesta de Gallup afirma que el 15% de los argentinos evitan pasar por debajo de las escaleras porque trae mala suerte, creencia más frecuente entre las personas de nivel socioeconómico más alto (25%, contra el 14% de los más bajos). Por otra parte, uno de cada 10 argentinos no abre el paraguas bajo techo. Son más las mujeres las que creen que este acto trae mala suerte: el 18% dice no hacerlo, a diferencia del 8% entre los hombres.
Si bien la mayoría de los consultados por LA NACION hizo su propio ranking de cábalas, ninguno admitió ser supersticioso, al igual que reflejó el sondeo de Gallup.
Es que la palabra "superstición" tiene una carga significativa que excede lo pintoresco, a la que no todos le dan el mismo significado. "Es un concepto relacional entre un lugar de poder y un lugar de sujeción; hace referencia a un juicio de valor de ciertas prácticas que no entran en los cánones oficiales", contó Wright.
Dijo el licenciado Novelli: "Aun en las personas más ilustradas y de gran desarrollo intelectual, perduran restos de supersticiones. Entre los de elevada cultura, por momentos creen y por momentos descreen de los contenidos de las supersticiones. En cambio, los incultos no vacilan en otorgarles siempre crédito".
"Creer o reventar: antes de un examen, digo cinco veces el nombre de mi mejor amigo. Por ahora, siempre me fue muy bien", dijo Laura Vent, que ya tiene en su haber un título universitario y un máster.
"En estas prácticas no media la lógica científica, sino la lógica ritual en la que intervienen los relatos, la tradición cristiana y la indígena... Resultan de una combinación de fórmulas y, cuando se comprueba su éxito, se siguen aplicando", dijo Wright.
Si las cábalas fueron y siguen siendo un instrumento para vivir sin desgracias, según la inventiva popular, también pueden llegar a ser limitantes. Así lo vieron algunos, como Carmen Menin, de 52 años, encargada de mantenimiento de una empresa: "Tuve una época en la que creía en lo del espejo roto, el mufa, etc. Eso me quitaba libertad; a veces, me sentía paralizada. Con los años, me di cuenta de que el estar bien depende de lo que hacés y de lo que la gente hace, no de las cosas inanimadas".
No creo, pero...
Ezequiel Starobinsky
Empleado, 28 años
"Por las dudas, no paso por debajo de las escaleras, aunque no tengo pruebas de que, al hacerlo, se atraiga una desgracia"
Carmen Menin
Empleada, 52 año
"Antes creía en lo del espejo roto, el mufa, etcétera. Pero eso me quitaba libertad y a veces me sentía paralizada."
Ana Rivero
Abogada, 33 años
"Suelo llevar una cinta roja contra la envidia y hago siete pasos para atrás cuando se me cruza un gato negro."
Jorge Sexer
Especialista informático, 60 años
"Evito las reuniones a las 13 a toda costa. Tampoco me subo a los pisos 13, y si veo que son las 13.13, tapo el reloj rápidamente."
Eduardo Santos
Empleado público, 24 años
"No soy supersticioso, pero no abro un paraguas dentro de un lugar porque dicen que trae mala suerte. Así evito que me vaya mal."
Camilo Giovannini
Periodista deportivo, 27 años
"Soy algo supersticioso. Creo en el mundo espiritual, pero no en lo de no pasar la sal de mano en mano cuando estás en la mesa."
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