
Chabán, un excéntrico siempre en el centro de la escena
Creador de Cemento y Die Schule, impulsó bandas como Sumo y Soda Stereo
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Paradojas del destino. La peor tragedia en la historia de esta ciudad está asociada al rock y sucedió justamente en el local de Omar Chabán, uno de los personajes que, como productores, más han hecho por la difusión del género en el país.
A principios de los ochenta, cuando la ciudad retomaba su vida social y cultural, Omar Chabán junto a dos socios (Sergio Aisenstein y Helmut Zieger) abrió en Pueyrredón y Córdoba el Café Einstein. No duró mucho. En 1984, cuando cerró, habían transcurrido apenas dos años desde su apertura. Sin embargo, se convirtió en un punto insoslayable a la hora de repasar la historia del rock nacional. Allí dieron sus primeros pasos algunos de los grupos destinados a tocar poco tiempo después frente a muchas más personas que las que podía albergar ese pequeño bar, como Soda Stereo, Sumo y Los Twist. Cuando el regreso de la democracia puso a la ciudad en estado de ebullición, se realizaban allí performances teatrales con Vivi Tellas, Katya Alemann y el mismo Chabán.
No se quedó mucho tiempo cruzado de brazos. En junio de 1985 inauguró Cemento, un gran espacio en Estados Unidos al 1200, que con su austeridad total siempre hizo honor a su nombre ("tiene una onda casi zen", dijo el mismo Chabán). Funcionó como una discoteca orientada hacia el rock, pero en poco tiempo comenzaron a programarse recitales. A principios de los 90 el lugar fue clausurado temporariamente por las reiteradas quejas de los vecinos. Por esos años también abrió otro espacio, a dos cuadras del Congreso, Die Schule, con menor capacidad que Cemento y con una vida corta.
Cemento se convirtió en una institución por la que pasaron muchas de las bandas que luego estarían en la primera línea, como Patricio Rey y los Redonditos de Ricota, Las Pelotas, A.N.I.M.A.L., Todos Tus Muertos y muchos más.
Omar Chabán le imprimió al lugar su sello, y de su trato personalizado dan cuenta tanto los habituales asistentes como los músicos y managers de bandas. Así, suele estar en la puerta del lugar insistiendo para que los rezagados se decidan a comprar la entrada. Cualquier habitué lo ha visto subirse al escenario, muchas veces con trajes exóticos, para hacer comentarios y alertar sobre la intolerancia en el mundillo del rock.
Pero además de manejar estos espacios (en abril sumó República Cromagnon), Chabán mantuvo siempre su actividad como artista plástico y actor. Determinados días, por lo común los miércoles, en Cemento podía asistirse, generalmente en forma gratuita, a las extrañas performances de Chabán (metido en bolsas de residuos gigantes o en tinas con agua y recitando monólogos provocativos), la recreación, muy libre, de algún clásico de Shakespeare o la puesta de una suerte de cabaret brechtiano, "Clásico amoral", que duró más de un año en "cartel".
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