Checar, una fundación que busca un nuevo lugar para jóvenes con capacidades distintas
Funciona en Moreno y es manejada por padres y familiares de 37 discapacitados
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-¿Me querés, mami? -Sí, hijo, te quiero mucho.
Durante la visita de La Nación a la Fundación Checar, Ezequiel hizo muchas veces esta pregunta a Susana Albistur, su madre, y ella le contestó otras tantas.
El joven padece una enfermedad mental moderada y vive, desde hace siete años, junto con otros 37 discapacitados en la casa que la fundación posee en la localidad bonaerense de Moreno.
Con sólo recorrer la amplia casa, hay algo que enseguida sorprende: la mayoría de los pacientes de la entidad tienen más de 35 años, "una edad avanzada para este tipo de enfermos", según explicó Albistur.
Al igual que sus residentes, la historia de Checar tiene ya muchos años de vida: hace 30 años un grupo de seis familias decidió fundar un espacio donde sus hijos pudieran crecer.
La Fundación alberga hoy a 16 enfermos mentales profundos, que necesitan asistencia continua, a 14 severos, quienes tienen un cociente intelectual más elevado que los primeros, y a ocho moderados, entre ellos, Ezequiel.
Los osos, las fotos y los pósters que pueblan los cuartos demuestran que los jóvenes y adultos encontraron en Checar lo que buscaban: una casa.
La comisión directiva de la fundación está integrada por los padres de los discapacitados.
"Somos papás con ganas de trabajar, que tratamos de darles a nuestros hijos una mejor calidad de vida", sintetizó Albistur.
"Acá cada uno se conoce por su nombre", dijo la madre de Ezequiel, mientras todos compartían la merienda.
Un desafío cada día
Cada actividad cotidiana es para ellos un desafío. Por eso en el taller llamado Actividades de la Vida Diaria, los discapacitados aprenden a vestirse, a comer con cubiertos, a afeitarse y a ocuparse de su higiene personal.
"Todo les cuesta mucho, pero nunca sabremos cuál es el techo de estos chicos -dijo con paciencia Roberto Israel, el profesor de educación física de Checar-. Por eso los motivamos tanto." Israel entiende los progresos de los chicos desde "el otro lado": él es padre de una chica con síndrome de Down y comprende el sacrificio con que sus alumnos maduran. El esfuerzo de los discapacitados se pone a prueba en otros espacios: los talleres de cocina y peluquería, la huerta, las clases de natación y las sesiones en el gimnasio son algunas de las tareas con las que los jóvenes ocupan sus días.
Hacer realidad los proyectos les cuesta mucho. Sin embargo, los padres e hijos de Checar no pierden las esperanzas.
La donación de un terreno de cuatro hectáreas en La Reja demostró que se podía seguir creciendo. "Planeamos montar un taller protegido de producción para ellos y para otros discapacitados mentales de la zona", explicó Albistur (037-624044/633737).
"Sin embargo, necesitamos padrinos que nos ayuden con fondos. Queremos acondicionar el terreno y climatizar la pileta. También nos gustaría que profesionales se acercaran para ayudarnos con los talleres", pidió Albistur.
Ezequiel besó una vez más a su madre. El y sus compañeros de Checar eran el centro de atención y Ezequiel lo sabía. Todos estaban contentos por haber logrado algo muy difícil: crear un nuevo hogar donde sus hijos tuvieran el espacio y el tiempo necesarios para poder crecer en paz.
Una decisión muy difícil
Aunque se muestren felices delante de sus hijos, estar separados de ellos no es nada fácil.
"Fue un momento durísimo, pero en casa Ezequiel no podía recibir la atención que necesitaba y yo estaba descuidando a mis otros dos hijos. No era sano para ninguno de nosotros", confesó Albistur para relatar cómo fue la decisión de dejar a su hijo en Checar.
Jorge Vattuone es padre de tres hijas y Claudia, que vive en la asociación, es la menor. Será por eso que habla desde la experiencia. "Mi hija estuvo internada en otras instituciones. Ella estaba bien, pero los que estábamos mal éramos nosotros: no podíamos verla y sólo sabíamos de ella a través de informes", recordó Vattuone.
"Nuestros hijos no pueden vivir con nosotros porque necesitan una contención que nosotros no sabemos darles", explicó Albistur. "Aquí están con sus pares y hacen actividades acordes con su ritmo de evolución."
La Asociación Civil el Niño y la Familia posee un comedor comunitario en el barrio El Tala, en San Francisco Solano, Quilmes. Allí concurren 100 chicos y están organizando un festejo del Día del Niño para ellos. Quienes puedan colaborar con juguetes y golosinas deben llamar al 212-5874.
Ayuda a una escuela
Al Colegio Virgen del Carmen, de Olivos, asisten 430 chicos, entre Jardín y EGB, que provienen de familias con pocos recursos. Por eso esperan a quienes puedan ayudarlos con zapatillas del Nº27 al 38, material didáctico y guardapolvos, por el 794-7723.
Transporte al interior
La Red Solidaria recibe muchos pedidos de padrinos de hogares y escuelas del interior, que no tienen cómo enviarles las donaciones. Quienes puedan ofrecer transportes deben comunicarse al 796-5828 o al 761-7994. E-mail: redsolidariateletel.com.ar.





