Chiche Gelblung: "A veces uno se adelanta a los tiempos y eso nunca sirve en TV"

Fuente: LA NACION
El conductor y periodista asegura que en una trayectoria profesional de largo aliento nadie puede ser cien por ciento ganador
Loreley Gaffoglio
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30 de junio de 2016  • 00:41

"El que no arriesga no gana", dice el refrán. Y el retruco a esa fórmula bien podría ser que "el que siempre arriesga, a veces fracasa". Samuel "Chiche" Gelblung conoce bien ese adagio, al menos en su profesión. Iconoclasta, desprejuiciado, la mayoría de las veces innovador, su audacia periodística le ha sumado adhesiones a granel y también rechazos. Pero, desde el sector que sea, nadie podrá decir que su mirada personalísima sobre la actualidad y su forma de presentarla pasan desapercibidas.

En su trasiego con los magazines periodísticos en TV, donde debutó con Memoria, en 1994, sobran ejemplos. Aparece en primer plano aquella ocurrencia insólita de practicarle una "autopsia a un chorizo" para mostrarle a su audiencia de qué estaba hecho el embutido. Sólo él logró persuadir a sus invitados para que se sometieran a un detector de mentiras en entrevistas picantes que apuntaban al sincericidio en vivo.

Sin temor al ridículo se valió de otros ardides para hacer periodismo-verdad y desenmascarar fraudes televisivos. Con tono circunspecto, aquella vez, anunció un documento exclusivo: con dos especialistas en efectos especiales enmascarados en trajes símil anti radiactivos, recreó en el estudio de Memoria la autopsia a un extraterrestre, que antes había emitido con éxito singular otro canal en un envío especial conducido por Fernando Bravo.

Gelblung había mandado a construir con arcilla y vísceras de pollo una réplica exacta de aquel desconcertante E.T. El efecto fue eficaz. Desmintió en vivo la veracidad de aquel documental, basado en la supuesta intervención a un alienígena por parte de la CIA, en el célebre Incidente Roswell: el OVNI que supuestamente cayó en Nuevo México, EE.UU, en 1947 y de cuyo mito se apropió un productor inglés para amasar fortunas con su documental apócrifo. Hay quien al día de hoy le cuestiona si el fin justifica los medios.

Fiel a sí mismo, Gelblung reivindica sus formas originales y polémicas en soportes de marca registrada. "Y si en algún momento—se ataja— algo de lo que hice me pareció ridículo ya fue superado. Sigo creyendo que todos esos son elementos cercanos a la realidad, que algunos rechazan por prejuicios, a los que jamás les doy bola".

Esos "aciertos profesionales" le sirven a Gelblung—ganador de cinco Martín Fierro en radio—, de preámbulo para mostrar la contracara de sus derrotas. Como si una cosa no pudiera existir sin la otra. Pero como él siempre redobla la apuesta, a la hora de examinar algún traspié, evocará un surtido de fracasos, recortados a la luz de otros éxitos. Y, en su nada pusilánime forma de ver las cosas, hasta revelará su fórmula para medir "pasivos y activos" televisivos: "Si el balance da 50/50—afirma—, no hay nada de qué quejarse. Yo me doy por satisfecho".

¿Innovar en TV ?

Pero hubo al menos dos derrotas consecutivas, que lo "postraron" un par de días. La primera fue en los años 90, cuando Alejandro Romay, entonces mandamás de Canal 9, quiso romper el molde. Buscaba capitalizar el buen rating del programa nocturno de Gelblung, Memoria, y lo desafió a abrir la programación diaria al mediodía con un informativo comentado, algo nada convencional para la época. Y en una franja horaria entonces colonizada por la programación infantil.

"No va a funcionar", lo previno Gelblung.

Pero como Romay rara vez se equivocaba, acató la directriz. Chiche armó un staff de mujeres que simulaban ocupar una Redacción y debutó con "Las 12 y Chiche". En el set, apoyado con móviles en vivo, Gelblung se arrimaba a cada escritorio con una pregunta simple: "¿Qué tenés?" Podía contestar Marina Calabró, de la sección Espectáculos, y dar pie para la presentación de una nota. Pero cuando la noticia carecía de producción visual aparecía el "verso" discursivo, estirado a puro ping-pong retórico. Nada muy disruptivo hoy, aunque entonces lo era.

Los tres, cinco puntos de rating levantaron en tres meses el envío y Gelblung sintió la estocada: se deprimió una semana. "Lo que demostró esa historia es que no podés ir en contra de las tendencias. Aunque duró más de lo que duran los programas que fracasan—se consuela—y, comparativamente, esa medición hoy hubiera sido un éxito".

Iceberg a proa

Su otra (malograda) audacia se llamó Titanic. Sálvese quien pueda. A las 19, también por el 9, "se apropiaba" del furor generado por el film de Di Caprio. El set asumía las formas—riesgosas— de la cubierta inclinada de aquel transatlántico. "Y allí, precisamente, pasaban todo tipo de cosas. Situaciones bizarras —cuenta Chiche, de manera elíptica—. Había contratado a un personaje, apéndice de Guido Suller, El Larva, que interactuaba con los invitados. Y qué se yo…...La idea era mostrar que estábamos en un barco que se hundía. No era mala idea pero naufragó y el programa se hundió, honrando su nombre".

Allí no se salvó nadie, pero Gelblung lo atribuye en parte a la deriva del Canal 9, que buscaba definir un nuevo perfil durante la gestión de Daniel Hadad. Titanic remitía a la estética Romay y lo empujaron para que se fuera a pique.

"No es una excusa, ni una cuestión de ego —dice Chiche— pero a veces uno se adelanta a los tiempos y eso nunca sirve en TV. La coyuntura televisiva no premia la innovación ni la originalidad. En realidad, pocas veces la acepta. Hay que ir a formatos probados. Y cuando querés introducir uno nuevo, corrés el riesgo de irte a la banquina".

Como dijo Kipling y popularizó Borges "el éxito y el fracaso son dos grandes impostores", afirma Chiche. "Yo fundé portales de Internet con los que tuve un éxito fenomenal y luego vendí (Minutouno.com; Ratingcero.com) y otros que debí cerrar (Justiciacero.com y 100alpoder.com). En gráfica puse en la tapa la muerte de Picasso en una revista popular como Gente y me fue bien. Pero nunca un éxito o un fracaso te definen. Si te guiás por alguno, caés en el error. Pero, si fracasás, hay que darle siempre para adelante. Es parte del juego. Y en ese juego, creo que voy adelante 60 a 40".

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