Chile tomó nota de su historia de tragedias

El devastador tsunami de 2010 dejó lecciones que se aprovecharon
Carlos Vergara
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13 de abril de 2014  

SANTIAGO, Chile.- Pese a los fuertes episodios sísmicos que registra la historia de Chile, incluido el de 1960 en Valdivia (el más violento registrado en la historia mundial) y el traumático sismo de 1985, con epicentro en la zona central, sólo después del recordado terremoto del 27 de febrero de 2010 (de 8,8 grados en la escala de Richter), su población asumió una cultura preventiva.

Tras ese furioso sismo, que devastó la zona centro y sur del país, seguido de un tsunami pocas veces visto, hubo 525 muertos y 25 desaparecidos, con pérdidas materiales por el 12% del PBI, y se condicionó duramente el gobierno del presidente entrante, Sebastián Piñera, quien dedicó sus cuatro años de administración a la reconstrucción del país.

Sólo después de ello se cuestionaron los procedimientos de emergencia, específicamente del Servicio Hidrográfico y Oceánico de la Armada (Shoa), ente que fue incapaz de entregar una alerta de evacuación por el tsunami que costó cientos de vidas, principalmente en el archipiélago de Juan Fernández y en las costas de las regiones del Maule y Bio Bio.

Simulacros

Después de ello, en tiempos de Piñera, se exacerbaron las evacuaciones preventivas ante el mínimo asomo de tsunami y se privilegió el ejercicio de simulacros en la población, con un fuerte énfasis en las zonas costeras, costumbre que se ha mantenido bajo el nuevo gobierno de Michelle Bachelet.

De esta forma, los chilenos ya están preparados para las emergencias, tal como pudo verse tras el último sismo de Iquique (8,2 grados en la escala de Richter, hace diez días), cuando se evacuó a casi un millón de personas desde las costas chilenas de forma ordenada y ejemplar, apenas las autoridades dieron la alerta.

"Tenemos la cultura empírica que obtuvimos de la experiencia, pero nos falta todavía lo curricular, aunque, desde 2010, la sensibilidad de la población cambió y comenzó a asumirse que esto es un fenómeno que ocurrirá para siempre en Chile", dijo a LA NACION el subdirector del centro sismológico de la Universidad de Chile, Mario Pardo.

En lo práctico, y a diferencia del colapso comunicacional de 2010, la población chilena también asumió la importancia de privilegiar otras formas de interacción, como WhatsApp, para no saturar la telefonía, además de mantener preparadas mochilas con los elementos de emergencia a la mano para abandonar sus viviendas e ir en busca de zonas altas ante cualquier amenaza de inundación.

En los colegios y liceos del país ya es habitual que los chicos sepan cómo reaccionar ante los movimientos telúricos y la práctica -simulada o gatillada por la naturaleza- va perfeccionando las medidas de emergencia y protocolos de seguridad día tras día.

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