Cien años de curiosa historia para la fuente de Las Nereidas

Habrá una serie de actos para recordar a su autora, una tucumana impredecible
Marina Gambier
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19 de mayo de 2003  

Cuando en agosto de 1900 la escultora Dolores Mora de la Vega, más conocida como Lola Mora, ofreció al intendente Adolfo Bullrich una fuente de regalo para la ciudad de Buenos Aires, nadie por estas tierras esperaba que alguien tan frágil fuera capaz de concebir una obra monumental. Ni, mucho menos, que una mujer dominara el arte de tallar un material tan exigente como el mármol.

Tal vez por eso, porque imaginaron que la joven tucumana se despacharía con algo parecido a un simple bebedero de plaza, el primer lugar que asignaron a Las Nereidas fue un punto estratégico frente a la Catedral, en la Plaza de Mayo. El Estado corrió con los costos del mármol, del flete y de la instalación.

Grande fue la sorpresa de las autoridades de turno dos años después, cuando en septiembre de 1902 el vapor Toscana echó amarras en la Dársena Norte del puerto, proveniente de Génova. De la bodega comenzaron a salir una por una las 28 cajas que contenían las piezas terminadas y los bloques en bruto que la artista había embalado en su taller-residencia de la via Dogali, en Roma, para poder completar los detalles a la vista de los escépticos. Todo ese despliegue de bultos pesó 37 toneladas.

Ella, que había nacido en Trancas, Tucumán, en abril de 1867, tenía 35 años. Dos días antes había llegado a bordo del Duchessa Di Genova, y estaba convencida de que con este gesto retribuiría al país la beca de estudios que, en 1897, le permitió estudiar en Italia.

Pero a Lola Mora le llevó tiempo ser profeta en su tierra. El 21 de mayo de 1903, nueve meses después de su arribo, consiguió que los funcionarios le asignaran un espacio adecuado a la polémica fuente, que pasado mañana cumplirá cien años. Hoy Las Nereidas es un símbolo, un emblema de la ciudad que acaricia el río. Nadie que visite la Costanera Sur puede dejar de admirar los detalles de la escena, rodeada de agua, restaurada varias veces y ahora protegida por cristales.

Sin embargo, en su tiempo se armó un revuelo cuando la autora presentó las figuras desnudas de las hijas del dios Nereo y la Venus entronizada en la valva, también sin ropas. La artista las había esculpido inspirada en la mitología clásica y tomando elementos de estilo propios de las hermosas fontanas de Roma. "Al elegir un tema tan universal -afirma su sobrino bisnieto Pablo Solá, que prepara un libro revelador sobre la vida de su tía-, Lola pretendía realzar el carácter cosmopolita que luego iba a adquirir Buenos Aires en los gloriosos años de la belle époque".

Para el gusto imperante esa imagen era una inmoralidad. Los más recatados propusieron que la colocaran en la zona de Mataderos, Parque de los Patricios o en las cercanías del arroyo Maldonado, hoy avenida Juan B. Justo, por entonces pleno campo. Incluso, estuvo meses guardada en un galpón. Pero Lola, dueña de un espíritu sensible y exquisito, supo esperar. Había estudiado con los maestros italianos Constantino Barbella y Julio Monteverde y, en 1899, había ganado nada menos que el primer premio en la Exposición Universal de París. Contaba con la aprobación de la bohemia europea, a la que había accedido de la mano del poeta Gabriel D´Annunzio, con quien se dice que mantuvo un romance.

Sus clientes más firmes eran aristócratas y miembros de la realeza, admiradores incondicionales de los monolitos y estatuas de esta "argentinita" exótica, de cabellera larga y negra, que para trabajar usaba boina, blusas de seda y raras bombachas de gaucho.

Después de un prolongado debate acerca de su destino, el ex presidente Bartolomé Mitre intercedió para que la fuente se emplazara en el Paseo de Julio, entre Cangallo y Piedad (actuales avenida Leandro N. Alem, Perón y Sarmiento). Lola Mora respiró aliviada. Volvió a Roma en 1906, y ese mismo año ganó los concursos para los monumentos de la reina Victoria, en Melbourne (Australia), y para el zar Alejandro I, en San Petersburgo (Rusia), pero en ambos casos desistió del honor ante la exigencia de adoptar las ciudadanías de esos países.

En 1918, cuando el paisajista Carlos Thays diseñó el balneario de la Costanera Sur, la fuente fue trasladada al lugar que ocupa actualmente con la supervisión y el apoyo económico de la propia artista. Pablo Solá asegura que 14 años después la municipalidad porteña devolvió a su pariente la suma que había gastado en la mudanza.

Inventora tenaz

Curiosamente, Lola Mora dejó la vocación hacia 1918, y sin razones aparentes. Era exitosa, tenía una considerable fortuna -propia y heredada de su familia estanciera-, pero creyó que la escultura había terminado para ella. En 1909 se divorció de Luis Hernández Otero, su único marido, 15 años menor que ella, al que conoció en 1905 mientras esculpía las cinco alegorías que entonces le habían encargado las autoridades para adornar las escalinatas del nuevo edificio del Congreso de la Nación.

Abandonado el arte, se embarcó en locos proyectos. Primero, inventó un sistema para proyectar películas al aire libre y a la luz del día. Pero, pese a los elogios, nunca consiguió un sponsor.

Años más tarde, la inauguración del paseo de la Costanera Sur estimuló sus intereses urbanísticos: diseñó un túnel subterráneo para unir la Casa de Gobierno con el balneario, pasando por debajo de los diques. Los planos están en poder de su sobrino, porque como Lola Mora era una pésima empresaria nunca pudo concretar la obra. En 1923 se fue a Salta a buscar petróleo. Compró tierras, perdió dinero y nunca encontró el oro negro.

Cansada y sin un centavo, regresó en 1934 a Buenos Aires, donde vivió protegida por sus tres sobrinas en un elegante petit palais de la avenida Santa Fe al 3000. Nunca cobró la pensión que le gestionó el diputado Enrique Santillán. Murió en 1936 víctima de un accidente cerebrovascular y sus restos descansan en su provincia natal.

Para agendar

El miércoles próximo, a las 12, en la avenida Tristán Achával Rodríguez, entre Padre Migone y Elvira R. de Dellepiane, el gobierno porteño realizará un acto recordatorio en el que se escucharán obras compuestas por el Taller de Composición del Conservatorio Manuel de Falla. A las 13, en el Centro de Museos de Buenos Aires, Avenida de los Italianos 85, inaugurará la muestra del concurso fotográfico sobre Lola Mora. En esta misma sede habrá más homenajes y recordatorios:

El sábado próximo: a las 16, charla con proyección de diapositivas a cargo de Pablo Solá, sobrino bisnieto de Lola Mora

El 31: a las 16, se hará una mesa redonda en la que artistas plásticos disertarán sobre aspectos vinculados con cuestiones de arte y género. A las 17, performance "El viaje del agua", a cargo de Mónica García, Lía Zanarini y Lionel Zanarini.

1° de junio: Ciclo de cine "Retratos de artistas mujeres". A las 17, "Lola Mora", de Javier Torre

7 de junio: a las 16, charla con proyección de diapositivas, a cargo de Pablo Solá

8 de junio: Ciclo de cine "Retratos de artistas mujeres". A las 17, "Hanna Hoch", y a las 17.20, "Gabrielle Münter".

14 de junio: A las 16, estreno del fragmento de la ópera "Lola Mora, de Andrés Pedro Rizzo, acompañado por el Coral Filarmónico.

15 de junio: Ciclo de cine "Retratos de artistas mujeres". A las 17, "Hanna Hoch", y a las 17.20, "Paula Modersohn-Becker".

21 de junio: A las 16, videodanza a cargo del Centro Cultural Lola Mora.

22 de junio: Ciclo de cine "Retratos de artistas mujeres". A las 17, "Camille Claudel".

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