
Cierran el Instituto de Menores Agote
El edificio será vendido junto con otros ocho inmuebles y la recaudación será destinada a la construcción de nuevos centros.
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La fuga de cinco menores puso ayer punto final al Instituto Luis Agote. El histórico establecimiento, que funciona en Palermo desde 1924, será cerrado dentro de 15 días y los 41 jóvenes allí alojados serán trasladados a otros preventorios.
El estado deplorable del edificio, la fuga de otros cinco detenidos hace apenas 40 días y el motín del lunes último aceleraron la decisión del Consejo Nacional del Menor y la Familia de clausurarlo definitivamente.
Así lo anunció ayer la ministra de Desarrollo Social de la Nación, Graciela Fernández Meijide.
El predio donde funciona el Agote será vendido junto con otros tres inmuebles más que pertenecen al Consejo Nacional del Menor y la Familia, con los que el Estado piensa recaudar cuatro millones de pesos. La licitación se realizará a fines de abril.
Lo mismo ocurrirá con otros cinco edificios dependientes de ese organismo durante el próximo semestre. Las ventas sumarían, de acuerdo con las estimaciones de Fernández Meijide, unos 10 millones de pesos. Estos, junto con una partida presupuestaria de 18 millones, serán destinados a la construcción de nuevos centros correccionales.
El cierre del Agote traerá alivio a los vecinos, que viven con el temor de toparse con algún interno que haya logrado sortear la vigilancia del instituto, situado en la esquina de Charcas y Darragueira, en pleno Palermo Viejo. Y el episodio de ayer les dio la razón una vez más.
La última fuga ocurrió en la madrugada de ayer, pasadas las tres. Cinco jóvenes de 20, 18 y 17 años evadieron los controles de cuatro guardias, se dirigieron al fondo del predio y treparon con sogas el muro de 15 metros que separa el instituto de un terreno baldío situado en Fray Justo Santa María de Oro al 2200.
Fuentes policiales informaron que ni bien forzaron la puerta del baldío fueron vistos por un efectivo que estaba en la esquina, que comenzó a perseguirlos, pero no pudo alcanzar a ninguno. Personal de la comisaría 23a. realizó un rastrillaje por la zona con la ayuda de un helicóptero de la Policía Federal, aunque no logró encontrar a los prófugos.
Los cuatro guardias que debían vigilar a los chicos fueron detenidos y procesados por la titular del juzgado de menores Nº 1, María Teresa Salgueiro.
Los internos habían participado de un motín el lunes último, en el que reclamaron mejoras edilicias, colchones, ventiladores y heladeras.
Intereses en juego
Durante una conferencia de prensa de la que también participaron el subsecretario de Desarrollo Social, Edgardo Morales, y la presidenta del Consejo del Menor, María Orsenigo, Fernández Meijide aseguró que las fugas y los motines podrían estar relacionadas con "intereses de algunas personas que quieren impedir los cambios".
María Orsenigo fue más explícita y acusó a la gestión anterior. Aunque sin nombrarlo, se refirió al ex titular del Consejo Atilio Alvarez, que estuvo al frente del organismo desde el comienzo de la administración menemista hasta prácticamente su final, cuando fue relevado del cargo luego de que informes de la Auditoría General de la Nación denunciaran serias irregularidades administrativas y en el trato a los menores.
En el Agote, como a los otros cinco institutos que dependen del Consejo Nacional del Menor y la Familia, son alojados los chicos de hasta 18 años que están procesados y aún no han sido condenados. Una vez que se realiza el juicio son llevados a las unidades penales.
El que sean menores no implica que sean menos peligrosos. En muchos casos, los internos esperan ser juzgados por homicidio. Hasta anoche había 425 jóvenes alojados en institutos dependientes del Consejo, pero 97 de ellos ya son mayores de 18 años debido a la lentitud de los procesos judiciales.
Los institutos cuentan con 220 guardias para vigilar a los internos. Pero 40 de ellos no están en actividad por estar procesados, entre otras cosas, por maltrato a los menores.
El Agote funciona desde hace 80 años, aunque desde hace más de uno tenía los días contados. Ni bien asumió la titularidad del Consejo del Menor, Orsenigo lo declaró en emergencia edilicia y restringió el ingreso de chicos: "El estado de este y otros institutos es lamentable. Ahora podremos construir nuevos centros y cerrar éste".
Y no será el único. El Instituto Rocca, en el barrio de Floresta, correrá la misma suerte: su cierre está anunciado para septiembre de este año.
Un alivio para el vecindario
La gente estaba harta del miedo.
Los vecinos de Palermo celebrarán el cierre del Instituto de Menores Luis Agote. Y no es para menos: el centro que tutela a los jóvenes que esperan condena no se encuentra precisamente en un descampado sino en plena ciudad, rodeado de edificios y negocios.
Los que viven cerca de Charcas y Darragueira ven volar mochilas desde el techo del Agote. Pero lo que resulta tenebroso es que con las mochilas caen los chicos. Y no pocas veces, asegura Judith Scolari, de 23 años: "Vivo a dos cuadras de acá y no me siento segura. Me da terror que se me aparezca algún chico prófugo. No puede ser que estén al lado nuestro. Es un peligro".
Héctor Maino trabaja como portero en un edificio situado justo frente al instituto. "Sólo trabajo de 8 a 12 y estoy contento de no vivir acá, porque escuchás los líos y los chicos rezongan que están mal y que les faltan cosas. Creo que es lógico que se quejen, pero no dejo de pensar que algunos son delincuentes", dijo.
A Susana Ojeda le preocupan el jardín de infantes y la escuela primaria que funcionan a media cuadra, así como varios geriátricos: "No me parece que un instituto de menores debiera estar en el barrio".
"La gente tiene terror. Imaginate que allí hay jóvenes que por ahí cometieron homicidios. A nadie le gusta tenerlos cerca y mucho menos que se escapen y puedan agarrarte a vos o a tus hijos", sostuvo Stella Maris Rodríguez, que vive en un edificio en diagonal al Agote.
Tan impresionado estaba por la fuga el dueño del bazar que se encuentra a 20 metros del centro de menores que sólo atinó a hacer señas y dar a entender que los nervios ya ni le permiten hablar del tema. Mercedes Banchio, dueña de un negocio a media cuadra de allí, tambien estaba impresionada por el escape: "Tendrían que trasladarlos a un lugar más seguro para todos", sugirió.




