
Colucci admitió que conocía a Vatalaro
El acusado se definió como "el perejil perfecto"; dijo que no escuchó los mensajes telefónicos usados como prueba de cargo
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LA PLATA.- Leandro Colucci se definió como "el perejil justo". Insistió: "Para el día de las elecciones, buscaron al perejil justo". Colucci es el empleado del Ministerio de Desarrollo Humano bonaerense del que se sospecha que podría ser el autor intelectual del triple homicidio de los policías, ocurrido el 19 de este mes.
En una conferencia de prensa, Colucci admitió que conocía, aunque "de vista", a dos de las víctimas: Alejandro Vatalaro, de 27 años, y Ricardo Torres Barbosa, de 26. Vatalaro, según los investigadores, fue el blanco principal de la masacre, que habría tenido un móvil pasional.
Colucci fue novio, durante siete años, de Noelia D Eramo, una atractiva policía de 25 años que desde hace diez días vive escondida, aterrorizada (ver aparte). Ella era la pareja de Vatalaro y fue la destinataria de una serie de mensajes amenazantes que le habría dejado Colucci.
Tras recibir los mensajes, D Eramo se presentó ante las fiscales Leyla Aguilar y Cristina Larroca, que investigan el homicidio de los oficiales Vatalaro y Torres Barbosa y del sargento Pedro Díaz, la tercera víctima del crimen ocurrido en la planta de comunicaciones de la policía bonaerense, en las afueras de esta ciudad.
Los tres mensajes comprometedores -según consta en el expediente- fueron dejados el sábado 20, a las 17.05, a las 17.19, y a las 17.31. Dice el primero: "No sé para qué me cortás tanto. Mandás mensajes y no me contestás. Nada. Ta bien, Noelia. Dios sabe. Cachorro fue el primero. El Ale fue el segundo y pronto vas a ser vos". Y el segundo: "Puta de mierda, no me atendés, qué te pasa... Puta... Te acuchillaron al nene, tanto no te lo acuchillé [ruido] ...y un tiro en la nuca". El tercero: "Pronto me las vas a pagar. La tercera es la vencida. Ya se te murieron dos".
El segundo muerto al que se hace referencia es Vatalaro. El primero, "Cachorro", sería un policía llamado Lucas Luna, que se suicidó hace varios meses. Sin embargo, las fiscales revisarán su caso. Al ser consultado sobre estos mensajes, Colucci sólo dijo: "No los escuché".
Además, varios testigos definieron a Colucci como un hombre violento, y afirmaron que perseguía a D Eramo porque no aceptaba la separación. Ayer, él dijo: "La relación se desgastó hace tiempo y ella me seguía buscando, pero yo no quería saber nada más. El día 14, o el 15, le dije basta".
En la causa existe, además de los mensajes, un dictado de rostro que hizo un testigo de identidad reservada: un taxista que, a las 3 del viernes 19 tuvo un altercado con los presuntos autores de la masacre, que escapaban en una camioneta policial y, supuestamente, en un Gol blanco.
La imagen del identikit se parece a Colucci. Y Colucci sostuvo que la policía le había pedido a su ex novia una foto. "Es mi foto", dijo.
De la casa de Colucci los investigadores secuestraron un Chevrolet Corsa blanco en el que encontraron manchas de sangre, pelos y un caño de metal de unos 60 centímetros envuelto en cinta aislante, con pelos adheridos a uno de sus extremos. De su habitación fueron incautadas varias prendas y dos pares de zapatillas; el dibujo de la suela de uno de ellos es similar al de las huellas halladas en la escena del crimen. Sobre las manchas de sangre halladas en su auto, Colucci alegó que se trataba de restos de carne vacuna que había llevado a un asado, en la casa de un amigo.
Hombres libres
Las fiscales habían pedido las detenciones de Colucci y de otro hombre bajo sospecha de haber participado en la masacre: Gustavo Gabriel Mastrovito, que mide 1,90 m, pesa 150 kilos y suele ser contratado por políticos del conurbano para llevar gente a los actos proselitistas. Ayer, este hombre dijo que era inocente.
Según los investigadores, Colucci habría contratado a cuatro barrabravas para que lo ayudaran a matar a los policías. Los otros hinchas investigados son Fabián Gianotta, un ex policía exonerado en 1997 y jefe de la barra brava de Estudiantes, y dos hinchas de Cambaceres, de Ensenada: Javier Uriarte y Gabriel Ebret. Los investigadores allanaron sus casas, pero las fiscales entendieron que los elementos hallados en ellas no alcanzaban para pedir sus detenciones. Ayer, Colucci negó conocer barrabravas.
El juez de Garantías César Melazo consideró que los fiscales se habían apresurado a pedir las detenciones de Colucci y Mastrovito; que se basaron en "la prueba que puede surgir de los peritajes y no en la que hay". También mencionó que el auto que declaró haber visto el taxista testigo fue un Gol y no un Corsa.
No bien supo de las liberaciones, el gobernador Felipe Solá, criticó duramente a Melazo. "Hay veces que tenemos que luchar contra los delincuentes y contra las pocas ganas de llegar a la verdad que tienen algunos jueces", opinó.
Ayer, el subsecretario de Investigaciones e Inteligencia Criminal del Ministerio de Seguridad bonaerense, Roberto Vázquez, dijo a LA NACION: "El juez criticó la celeridad de las fiscales, cuando la celeridad es una virtud. Ahora, en libertad, los imputados pueden fugarse o dañar la investigación. Ya la están dañando. Al exhibirse en público, anulan futuros reconocimientos en rueda".




