Córdoba: quiénes son Las Omas, mujeres que contienen a mujeres
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CORDOBA. Noelia tiene tres hijos y una historia marcada por el dolor. Hasta los 14 años usó calzoncillos porque su padre renegaba de tener una hija mujer; hasta los 23 le pegaba él y, después, el padre de los chicos. "Yo lo creía una joya, la salvación. Me deslumbró pero fue terrible. Empecé a venir a los talleres y un día, al regresar, me dio la paliza de mi vida. Mi nena, desde el baño, llamó a la policía porque yo estaba tirada en el piso".
Es una de las mujeres que -viviendo a varios kilómetros- esperaban a sus hijos en la plazoleta del frente de la escuela de Chacras de la Merced (a unos 20 kilómetros del centro cordobés) porque no tenían para el colectivo y porque regresar solas a sus casas era abrir la puerta a diferentes situaciones de violencia.
Como un mantra, Noelia repite "yo puedo". Es que –asegura- pasó 38 años creyendo que era una inútil, la más fea, la peor de todas. "Acá, con las otras mujeres, abrí los ojos y vi que puedo. Estoy entera y viva". Habla de Las Omas (Organización de Mujeres Argentinas Solidarias), una organización nacida hace ocho años y que reúne a unas 400 que se contienen y capacitan juntas. Tienen un espacio donde aprenden oficios y comparten tiempo.
La mayoría vive en esta zona urbano rural que hace 30 años era de chacras, pero cambió su perfil desde la instalación de una planta depuradora de líquidos cloacales y por la extracción de áridos que provocó la aparición de unas 200 lagunas por la suba de las napas freáticas. Paisaje de polvillo, falta de agua y de gas natural.
La vulnerabilidad económica y la escuela sin terminar son denominadores comunes en Las Oma, por eso, la vía más frecuente de comunicación son los mensajes de audio. Unidas aprendieron a romper con la desconfianza, a ayudarse y a superar sus propias frustraciones con proyectos propios.

Cuando Alida Weht se mudó a la zona y llevaba a su nene a la guardería veía a las mujeres en la plaza; primero pensó "qué bueno…y yo me voy a trabajar" pero en el invierno advirtió que no era una elección. "No les quedaba otra. Conversando supe que no tenían para el colectivo y que habían naturalizado que lo mejor era quedarse porque volver sin los hijos a la casa era retornar a climas de violencia y abuso", cuenta a LA NACION.
Decidieron "seguir las charlas" en un salón comunitario frente a la escuela, a donde los chicos hacen gimnasia y son las fiestas de 15. Al inicio eran unas 20; hoy llegan entre 400 y 500. Acondicionaron la cocina del salón; consiguieron mesas, sillas, máquinas de coser y herramientas. "Cada vez eran más las mamás que venían. Nuestros ejes son la contención, la capacitación y la promoción", apunta Weht.
Susana llegó escapando de la violencia de su pareja en Bariloche. "Tenía más hijos que bolsos", grafica. Eran tres, de un mes, tres y 15 años. En un taller de sueños, contó el suyo. Ser enfermera, pero lo dijo –como casi todas- en pasado.
Con los hijos, los sueños propios se reemplazan por otros para ellos. En Las Omas también tratan de que vuelvan a mencionarlos en presente y de que los alcancen. Susana tomó coraje y decidió anotarse en la carrera de Enfermería de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC); su "cómplice" durante el cursillo de ingreso fue su hija mayor. Entró y sus compañeras la ayudaron con guardapolvo, estetoscopio y tensiómetro, lo básico para cursar. Hoy es enfermera profesional y trabaja en dos clínicas. "Cambió mi vida en todos los sentidos".

PREPARARSE PARA SALIR
"Acá recuperé mi brazo después de dos años –dice Alicia, de 66, mamá de ocho hijos, con 24 nietos y cuatro bisnietos-. Me siento útil, vengo todos los días, ayudo, aprendo. Hice el taller de género. Nunca más me sentí sola. Trabajé toda mi vida, desde los 12, y acá soy feliz". Ceba y reparte mates, arma bolsones, ordena lanas. No para un segundo. "No me canso", dice.
Con los fondos de las ferias donde venden sus artesanías pagan a los docentes (el programa provincial Equidad y Promoción de Empleo aporta algunos otros); los talleres de géneros se hacen a través de Desarrollo Social de la Nación y con Junior Achievement y empresas arman talleres de emprendedurismo.
Buscan impulsar el autoempleo y asociaciones productivas. Hay cursos de moldería industrial, pastelería, tejido, serigrafía, peluquería y habilidades sociales y laborales. El "conversatorio femenino" sigue, es el espacio para poner en común dolores, alegrías y desafíos. Las une, saber que sus miedos no son únicos, que como sus historias hay otras. Hablar las ayuda a sanar aunque, mientras lo hacen, se quiebran.
Los niños suelen ser un "disuasivo" para la violencia y el acoso, por eso muchas mamás no quieren volver solas a sus casas. Cuando las mujeres empiezan a "cambiar el chip" y abandonan el "no puedo, no me sale" generan resistencias a su alrededor. "Se separan, buscan nuevos rumbos, formas de salir adelante solas. Es un camino y no hay vuelta atrás", señala Weht.
Karina se separó nueve meses de su marido de más de 20 años. "Estaba acostumbrado a tenerme siempre en la casa, a que lo atendiera. Era como una esclava". Cuando empezó para llegar caminaba unos siete kilómetros pero no faltaba: "Decidí que iba a cambiar; salí, estudié, aprendí. Puedo hacer cosas y mantenerme". La pareja se rearmó, pero "de otra manera".
Estefanía tiene tres hijos y medio año en Las Omas; Paula lleva dos y fue quien la trajo. Hicieron varios cursos y se entusiasman con tener un trabajo para ganarse la vida. Se turnan para preparar los bolsones de alimentos y productos de limpieza que venden a $20 (lo que les cobra el Banco de Alimentos); los arman y reparten semanalmente. También mantienen el ropero comunitario.
Verónica es mamá del "vicepresidente" de Las Omas. Néstor tiene 15 meses y, desde la panza, tiene asistencia perfecta. Todas lo cuidan y miman. "Tengo dos más y estoy separada desde que él nació; me pegaba, la pasaba mal. En el salón tengo un puesto de empanadas los viernes; así me ayudo a vivir. Aprendí costura, serigrafía, peluquería. Es bueno estar acá".
Las Omas es un "llamador"; se acercan mujeres de todas las edades. Unas traen a otras. Ven al salón como propio. Cuando las miradas se nublan y la voz se quiebra abundan los abrazos.
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