
Crece el deterioro del parque Rivadavia
Los vecinos quieren más limpieza; se quejan de los indigentes que allí viven y del avance de los libreros
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El parque Rivadavia está deteriorado. El abandono se puede ver en los monumentos escritos, los cercos a medio hacer, el césped descuidado, los bancos rotos y en la gente que lo usa como dormitorio.
Está situado entre la avenida Rivadavia al 4800 y Rosario, y delimitado lateralmente por la calle Doblas. Ocupa más de una manzana y con su frondosa arboleda y es un paseo tradicional de Caballito.
El monumento a Simón Bolívar, ensuciado con graffiti, pide auxilio. De las rejas que se colocaron para protegerlo sólo queda la mitad, formando un semicírculo inútil de hierros portátiles, que los chicos, cuando la noche los oculta, se divierten sacando.
El monumento del Libertador venezolano se convirtió en el lugar preferido por los aficionados al skate y a la bicicleta. También oficia de perchero para las mochilas de los que practican esos deportes y es el lugar preferido de encuentro y reunión, a falta de bancos. Muchos de los tradicionales asientos perdieron sus tablones o fueron arrancados.
En un alarde tan audaz como desfachatado, una inscripción afirma: "¿Sacamos las rejas?" Y no es la única víctima: una fuente cercana, pintada apenas hace dos días, ya tiene también sus autógrafos. Además, al no tener agua, se convirtió en un depósito de basura.
El problema de los perros
Otro gran problema es la falta de un canil. Agustina Rocheray, asidua visitante del parque, cuenta que todos los días los paseadores traen entre diez y quince animales cada uno.
La limpieza de los desechos de las mascotas depende de la buena voluntad de cada dueño, pues el limpiador que va dos veces por semana no da abasto con tanto trabajo.
A falta de un canil, los perros prefieren los canteros que intentan vanamente resguardar al césped. Pero solo la parte de la plaza que da a la calle Rosario tiene cercos de metal. La otra mitad conserva los viejos postes de madera a los que se ata un alambre, en el mejor de los casos.
Un grupo de auxiliares vecinales puestos por el Gobierno de la Ciudad hace lo posible por mejorar la plaza. Se trata de jóvenes vestidos de verde, que median entre los vecinos y la Legislatura. Así lo explicó Mariela Ortiz Suárez, que cumple el turno en el horario de 8 a 13: "Nuestra función es preventiva, se están haciendo cosas para el control del parque".
Otra tarea del equipo es atender reclamos. La gente se queja ante todo de los indigentes que lo habitan por las noches, y también de los puestos de libreros, que avanzan cada vez más sobre el verde.
Tapados con cartones
El parque se convirtió en un hogar. Cuando se acerca la noche llegan entre 70 y 90 personas, muchas de ellas mayores, que duermen bajo los ombúes, en los bancos y hasta en carpas que se armaron con cartones, chapas y manteles de plástico. Los más arraigados, hasta improvisaron cocinas con garrafas.
El Grupo Social, del grupo de auxiliares vecinales del Gobierno de la Ciudad, en conjunto con Buenos Aires Presente, trata de ubicarlos en hogares, asilos y hoteles.
Para América Arenas, vecina desde hace muchos años, "el parque es una villa miseria". Según comentó, la horroriza la "choza" que hace un mes y medio alberga a unos cuatro hombres. "Cuelgan la ropa en el cerco del césped", remató.
Pero no para todos son un estorbo. Carlos Papaleo, sólo les reprocha la suciedad. "No se meten con nadie, no son ladrones".
Por otra parte, Diana Saracino está contenta de tener juegos para los más chicos, pero destacó que están bastante descuidados y que no alcanzan para la cantidad de chicos que concurre a diario.
De todas formas, desde hace un tiempo, la parte de los juegos infantiles está más limpia. Ya no se encuentran vidrios, ni botellas, ni jeringas en el arenero.
Para Marta Saavedra, la plaza es hermosa. Pero le falta limpieza y seguridad, sobre todo por las noches. Son muy pocos los osados que se atreven a cruzarla a esas horas.
Los libreros avanzan
Otra de las quejas de los vecinos es hacia los puestos de venta de libros, revistas, que parecen avanzar cada vez más sobre la descuidada plaza.
Pero ellos niegan que haya aumentado la cantidad de puestos y que se hayan expandido los existentes.
Dicen que cayó la venta. "Viene mucha cantidad de gente, pero compran usados", cuenta el librero Mario, que vende en la plaza de Caballito desde 1981. En total hay 127 puestos, agrupados en la Asociación de Libreros del Parque Rivadavia, que data de 1953.
Ante la inseguridad nocturna, optaron por contratar su propia vigilancia privada para que cuide los puestos. La Asociación también se encarga de la limpieza del sector.
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