
Cuatro de cada diez docentes llegan a los 50 años siendo suplentes
Un informe de Argentinos por la Educación pone el foco en cómo el sistema de puntaje incide en la titularización de los cargos
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Romina F. es docente de nivel primario. Actualmente está al frente de sexto grado en una escuela de Berazategui, en el sur de la provincia de Buenos Aires. Tiene 39 años, trabaja desde los 27, cuando terminó la carrera docente. Sin embargo, todavía sigue teniendo un cargo suplente. Por las tardes, suele tomar otras suplencias en escuelas privadas para complementar su sueldo. Esta es la realidad, hoy, de la enorme mayoría de los docentes en todo el país.
Si bien hay diferencias según las jurisdicciones, el sistema que establece el Estatuto Docente –que permite acumular puntaje no por desempeño, sino por antigüedad y capacitación– genera situaciones como esta en la que los docentes titulares toman cada vez más cargos para incrementar sus ingresos antes de la jubilación, mientras que los docentes más nuevos deben transitar más de la mitad de su carrera sin haber conseguido la titularidad del cargo en el que se desempeñan.
Así surge de un informe que presentó Argentinos por la Educación (AxE). “Para una proporción importante de los docentes argentinos, la estabilidad laboral llega de manera tardía. Entre quienes tienen entre 40 y 49 años, el 61% es titular, mientras que el 39% todavía no alcanzó esa condición. Al comienzo de la carrera, la inestabilidad es más marcada: el 52% de los docentes menores de 25 años se desempeña como suplente”, señala el documento.
El trabajo se llama “La trayectoria profesional docente en la Argentina” y fue elaborado por Cecilia Veleda, del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), junto con Federico del Carpio y María Sol Alzú, de AxE. El estudio analiza los estatutos docentes de las 24 jurisdicciones, los regímenes previsionales provinciales, datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) y los cuestionarios complementarios de docentes y directivos de Aprender 2025, para trazar un panorama de la carrera docente en el país.

En todas las jurisdicciones existe un conjunto de requisitos para ingresar al ejercicio de la docencia. Tres de ellos se repiten: ser argentino nativo, por opción o naturalizado (en general, con cinco años de residencia y dominio del castellano para los naturalizados); tener la aptitud psicofísica y moral que la función requiere; y poseer el título docente habilitante. Las mayores diferencias se observan en la edad máxima establecida para ingresar a la docencia: nueve jurisdicciones fijan un límite que varía entre los 35 y los 50 años. En la mayoría de los casos, el límite se establece en los 40 años, se explica en el informe.
Una vez que cumplen estos requisitos e ingresan a los listados oficiales de aspirantes, los docentes inician su carrera según el sistema de puntaje de su jurisdicción. Este sistema ordena a los aspirantes según sus antecedentes y determina quién tiene prioridad para acceder a cargos docentes, trasladarse de escuela y/o ascender. “Para progresar en su trayectoria profesional, los docentes deben acumular antecedentes, cuya ponderación es diferente según la jurisdicción”, detalla.
El informe reconstruye una línea de tiempo aproximada de la carrera de los docentes de nivel primario. El recorrido comienza alrededor de los 18 años, con el ingreso a la formación docente, y continúa cerca de los 25 con la incorporación al ejercicio profesional. En esa primera etapa predominan las suplencias: entre los menores de 25, el 52% trabaja como suplente.
La transición hacia la estabilidad es lenta. Entre los docentes de 30 a 39 años, el 40% ya es titular, pero un 39% todavía se desempeña como suplente. Recién entre los 40 y 49 años la titularidad alcanza a la mayoría: el 61% tiene esa condición, mientras que casi cuatro de cada diez aún no la consiguieron.

El documento estima que, en promedio, transcurren cerca de 15 años entre el primer desempeño frente al aula y la consolidación de la titularidad. El acceso a cargos de conducción se concentra aún más tarde: alrededor de los 50 años. Los cargos directivos representan el 10% del total.
Posibilidades de ascenso
La investigación muestra que, aunque existen reglas comunes, no hay una única carrera docente en la Argentina, sino 24 carreras jurisdiccionales reguladas por estatutos propios. Todas comparten una matriz que se remonta al Estatuto Nacional del Personal Docente de 1958, pero presentan diferencias en aspectos como las condiciones de ingreso, los mecanismos para acumular puntaje y las posibilidades de movilidad y ascenso.
Una vez dentro del sistema, el avance profesional está organizado principalmente mediante sistemas de puntaje. Aunque cada jurisdicción pondera de manera diferente los antecedentes, entre los criterios más habituales aparecen la antigüedad, los títulos y la formación académica, las capacitaciones, el concepto profesional, la producción académica, el desempeño en contextos desfavorables y otros méritos.
La estructura actual ofrece posibilidades acotadas de desarrollo profesional sin abandonar el aula. Históricamente, la principal vía de ascenso ha sido vertical, hacia cargos directivos y de supervisión, mientras que existen pocas alternativas de carrera horizontal que permitan asumir nuevas responsabilidades o lograr reconocimiento profesional permaneciendo frente a estudiantes.
Los datos de Aprender 2025 permiten caracterizar a quienes enseñan en sexto grado de primaria. El 89,5% son mujeres y el 10,5% varones, lo que confirma la fuerte feminización histórica de la profesión en este nivel.
Casi dos tercios de los docentes tienen entre 30 y 49 años: el 30% tiene entre 30 y 39, y el 33,9%, entre 40 y 49. En cambio, los menores de 30 representan apenas el 8,5%: solo el 1,3% tiene menos de 25 años y el 7,2% tiene entre 25 y 29.
En cuanto a su formación, el 95,6% de los docentes de sexto grado realizó su formación inicial en un instituto superior de formación docente, frente a un 2,7% que se formó en una universidad y un 1,7% en otras instituciones. El 79,5% tiene como máximo nivel educativo alcanzado un título terciario, el 12,7% completó estudios universitarios y el 7,7% cursó estudios de posgrado, como especializaciones, diplomaturas, maestrías o doctorados.
El estudio analiza también cómo evoluciona el salario a lo largo de la vida laboral. Los datos muestran que el crecimiento de los ingresos se concentra en las etapas más avanzadas de la trayectoria. Tomando como base el salario entre los 18 y 24 años, los ingresos promedio son un 42% mayores entre los 25 y 34 años y alcanzan su máximo entre los 45 y 54 años, cuando son un 93% superiores a los del primer tramo de edad.
El informe señala que, en comparación con otros trabajadores, los ingresos de los docentes crecen en mayor proporción respecto de su propio nivel salarial inicial, pero aclara que esto no significa que los docentes tengan salarios más altos en términos absolutos. El aumento acumulado está asociado a factores como la antigüedad, la dedicación horaria y, en algunos casos, la titularización o el acceso a cargos de mayor jerarquía.
En cuanto a la dedicación laboral, el 47,7% de los trabajadores de la educación trabaja entre 20 y 39 horas semanales en su ocupación principal y el 18,1% llega a las 40 horas o más en un mismo cargo o establecimiento.
“La profesión docente se da en un sistema que te obliga a trabajar más horas los últimos años de tu carrera para poder llegar a una mejor jubilación. Que los mayores incrementos salariales surjan de la antigüedad es algo que existe en otras profesiones, pero que tengas que hacer un esfuerzo sobrehumano los últimos años resulta injusto y suma un maltrato más a los del deterioro constante del salario, a la inestabilidad, a las condiciones en las que realizamos nuestro trabajo y a la pérdida de valoración social, que erosiona silenciosamente la vocación de a poco”, señala Bruno Videla, un docente de nivel secundario consultado y citado en el informe de AxE.



