
Cumple 100 años una misión franciscana
Aunque falta trabajo, en San Francisco del Laishi se festejó su aniversario y se recordó cómo se levantaron sus cimientos
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SAN FRANCISCO DEL LAISHI, Formosa.- Ya suman 100 los años del pueblo; de una comunidad que, como mirando hacia el pasado, busca en el tiempo recuerdos que por ratos le devuelvan toda una época de orgullo. Y cuando se habla de orgullo se piensa en la producción y en el trabajo. Eso que abundaba antes aquí.
Como tantos lugares de Formosa, la Misión Laishi quiere salir del olvido y el cumplir 100 años de vida resultó toda una ocasión. No faltaron los clásicos festejos de un pago chico, los típicos de una localidad de sólo 8000 habitantes, con las familias participando en todo y con los delantales blancos de los escolares mostrándose en cuanto acto hubiese.
Pero los grandes, como esos viejos sabios y nostálgicos, se largaron a recorrer el pasado y a contar historias que superan largamente el centenar de años que Laishi está cumpliendo.
Es que la misión fue un pilar de la economía formoseña, fue el principal centro agrícola de la región y su fuerza creció desde la base del trabajo de los religiosos, los aborígenes y los criollos.
Los comienzos
Y todavía por aquí quedan, como monumentos, obras que dan la dimensión de lo que fue esto, de la pujanza de esos hombres que se abrieron camino desde San Lorenzo para llegar al Gran Chaco y levantar una colonia que brilló en el tiempo.
La historia comenzó en 1901, cuando en dos carros tirados por bueyes llegaron a la reserva asignada, de 74.000 hectáreas, el padre franciscano Pedro Iturralde y los trabajadores Ignacio Miranda, José Borda, Rufino Gavilán y Vicente Stefanis.
Un par de carpas, un arado, una canoa y una cruz de hierro fueron los primeros elementos que descargaron mientras diez familias indígenas los esperaban con más interrogantes que esperanzas.
El nombre de la misión fue la primera rareza, ya que se mixturó la devoción religiosa por San Francisco de Asís y el apellido del cacique toba que dominaba la región: Laishi. Lo que en realidad sorprende es que el nombre del santo se conjugó con el del cacique, quien según contaban los mismos curas era un indio muy galanteador y la leyenda indica que murió en la noche luego de correr tras una aventura amorosa.
El puente de quebracho
Las primeras casas eran de barro con tejas de palma, el maíz era la dieta principal y el trabajo la única distracción. Todavía hoy se puede ver el viejo puente de quebracho y urunday que en 1903 mandó a construir fray Miguel Amondaraín para cruzar el río Salado y alcanzar los terrenos mas altos para establecer la ciudad.
"Eso fue toda una fiesta", recuerda doña Matilde Núñez, que con sus 94 años se fue a vivir a Formosa.
Pero hay una historia que tiene que ver con lo más avanzado del progreso para esa época, y fue cuando, en 1916, el padre Buenaventura Giuliani arribó a la misión con un Ford T. Era el primer automóvil que ingresaba en el Territorio Nacional de Formosa y la primera vez que los aborígenes veían una máquina de esas características.
"Giuliani invitó al gobernador Juan José Silva a dar una vuelta y, cuando llegaron a San Francisco de Laishi, los aborígenes se tiraban al suelo, lloraban y gritaban pensando que con esa máquina infernal venía el fin del mundo", cuenta hoy la historiadora local Celina Orquera de Guanes.
Pero no todas las historias de Laishi son tan simpáticas. El mismo Giuliani, a quien después llamarían "padre Ventura", estuvo a poco de ser asesinado por los tobas, que le pedían de comer. Las provisiones llegaron a tiempo y salvó su vida.
Enterrados vivos
Más aún, fray Giuliani dejó escritos en un libro otros episodios atroces, como las costumbres de los aborígenes en enterrar a enfermos vivos cuando ya no quedaban esperanzas de ser curados: "Conocí que es costumbre entre los tobas el enterrar a los enfermos vivos y prohibí, con amenazas de severos castigos, se entierre a nadie antes de revisar yo mismo el pretendido cadáver, cuando ellos ya no tienen más esperanza de que se mantenga vivo", relató el padre Ventura.
A partir de ahí comenzó a levantarse lo que en ese momento fue el gran complejo industrial, con el aserradero y el ingenio, mientras en lo que hoy es la plaza del pueblo había un campo de algodón. Los padres franciscanos dejaron de manejar la economía de la misión en 1958, pero quedaron las grandes construcciones, que son como los monumentos de Laishi: el ingenio azucarero, el puente viejo, el convento, el asilo para niños, el colegio, la capilla y el asilo para mujeres que manejaron las hermanas franciscanas de Yugoslavia y que aún tienen a su cargo.
Quizá de allí salga la respuesta a lo que es hoy la misión San Francisco de Laishi, un pueblo que trata de seguir progresando, que está orgulloso de su pasado, más aún de su cumpleaños centenario, pero que, como dice la hermana Edith Frías, "me gustaría verlo más pujante".
Es que los hombres están, lo que sucede es que a una misión creada desde el trabajo le está faltando trabajo.
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