Cumple 40 años: la particular historia detrás del área natural más grande de la ciudad
La Reserva Ecológica Costanera Sur es considerada una de las áreas naturales urbanas más relevantes de la región; sus décadas de oro como balneario y el proyecto trunco para agrandar la city porteña
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Entre los rascacielos de Puerto Madero y el Río de la Plata se encuentra el área natural protegida más grande de la ciudad de Buenos Aires: la Reserva Ecológica Costanera Sur. Ayer se cumplieron 40 años del día en que la Ciudad la declaró Parque Natural y Zona de Reserva Ecológica, consolidando uno de los procesos de recuperación ambiental más emblemáticos de Capital Federal.
El espacio verde ocupa un total de 350 hectáreas, donde hay lagunas, pastizales, talares, ambientes ribereños y diez kilómetros de senderos. “La Reserva constituye una de las áreas naturales urbanas más relevantes de la región. Su gran biodiversidad y sus ecosistemas le brindan a la ciudad beneficios ecosistémicos de gran relevancia, como la reducción de las olas de calor, la absorción del agua de lluvia y la mejora del suelo y del aire, además de ser un espacio fundamental para la recreación, la educación ambiental y la investigación científica”, explicó Ignacio Suárez de la Rosa, director general de Áreas de Conservación y Restauración Ambiental a LA NACION.

La Costanera Sur no siempre fue un área protegida. Entre 1918 y 1950 funcionó allí el balneario municipal, adonde acudían los porteños cuando querían disfrutar de un día junto al Río de la Plata. El paseo quedó abandonado cuando el deterioro de la calidad del agua hizo que los vecinos ya no quisieran bañarse ahí.
Algunos años después, en 1978, se inició un proyecto para ganarle terreno al río mediante el vuelco de escombros sobre la costa, con el objetivo de construir en este espacio el Centro Administrativo de la Ciudad. Sin embargo, el proyecto fue abandonado en 1984. Mientras, la naturaleza avanzó y, producto de las inundaciones y del arribo de camalotes, se conformaron distintos ambientes naturales. En 1986, las organizaciones Fundación Vida Silvestre, Aves Argentinas y Amigos de la Tierra elevaron una propuesta a la Municipalidad de Buenos Aires para que la zona fuera declarada Parque Natural y Zona de Reserva Ecológica. Tres años más tarde, obtuvo la categoría de Área de Reserva Ecológica.

En este espacio histórico se pueden encontrar especies pertenecientes a tres ecorregiones de la Argentina: el Delta e Islas del Paraná, el Pastizal Pampeano y el Espinal. La Reserva alberga una enorme biodiversidad, con registros de más de 575 especies de plantas, más de 50 especies de hongos, más de 300 especies de aves, más de 650 especies de artrópodos, 28 especies de reptiles, 18 especies de mamíferos y más de 22 especies de peces.
“Entre esta gran riqueza se encuentran especies muy especiales, como la mariposa Bandera Argentina, que tuvo una reciente y exitosa recuperación de su población en la ciudad gracias a los proyectos de restauración de sus plantas hospederas, como el coronillo”, explicaron desde el gobierno porteño. Este año, además, esa mariposa (Morpho epistrophus argentinus) fue declarada Monumento Natural Provincial, una categoría que apunta no solo a preservar al insecto, sino también a proteger el ecosistema del que depende.

En el parque natural, también pueden observarse ocasionalmente lobitos de río, comúnmente confundidos con nutrias, que pertenecen a la familia de los mustélidos. “Dentro de la familia de las comadrejas también hubo registros recientes de la comadreja colorada. En cuanto a las aves, el atajacaminos tijera, de hábitos nocturnos, suele robarse las miradas durante las visitas bajo la luna, al igual que los búhos y las lechuzas”, explicaron desde la Ciudad.
En cuanto a la flora, una de las especies más llamativas es la orquídea ribereña, que suele ser hallada por guardaparques y biólogos dentro de los sectores intangibles de la Reserva. “Dentro del reino fungi resulta muy común encontrar gírgolas de diversos tamaños y el llamativo hongo ‘estrella de tierra’, que se abre en forma de estrella y libera sus esporas de una manera muy particular”, dijeron.
Reconocimientos internacionales
Debido a su riqueza en biodiversidad, en 2005 la Reserva recibió dos reconocimientos internacionales. La Convención Relativa a los Humedales de Importancia Internacional la incorporó como sitio Ramsar por su importancia para la conservación de este ecosistema, mientras que BirdLife International la distinguió como Área Importante para la Conservación de las Aves (AICA).

“La Reserva Ecológica Costanera Sur es un espacio único porque demuestra que la naturaleza también puede, y debe, regenerarse en el corazón de nuestra ciudad. Es un refugio de biodiversidad, un aula abierta y una pieza clave para la adaptación climática de Buenos Aires”, sostuvo Natalia Persini, subsecretaria de Ambiente del Gobierno de la Ciudad a LA NACION.
Y añadió: “A 40 años de su creación, la Reserva sigue siendo uno de los mejores símbolos de cómo nuestra ciudad puede reconciliarse con el río y con su biodiversidad. Es un humedal urbano único, un refugio de vida silvestre y una pieza clave para construir una Buenos Aires más resiliente”.
La reserva de Costanera Sur se consolidó como el área natural protegida más visitada de la Argentina. Cada año, más de dos millones de vecinos, turistas y estudiantes recorren sus senderos. En los últimos años, además, se fortalecieron las propuestas destinadas a escuelas, organizaciones y grupos específicos, con foco en la inclusión y la accesibilidad. Recibe anualmente a unos 40.000 estudiantes en visitas educativas y actividades de interpretación ambiental.
Renovación y fortalecimiento de la infraestructura
Durante los últimos años, la Ciudad impulsó un proceso integral de fortalecimiento de la infraestructura y de los programas ambientales de la reserva. Entre las principales intervenciones se encuentra la renovación integral del Centro de Recepción de Visitantes e Interpretación, ubicado en el acceso Brasil, que será inaugurado el próximo 6 de junio.
El nuevo espacio incorpora una sala interpretativa con recursos tecnológicos y contenidos accesibles, una juegoteca, un microcine ambiental, espacios para talleres y reuniones, oficinas para la coordinación de visitas guiadas y un aula a cielo abierto destinada a actividades educativas y culturales.
También se realizaron importantes mejoras en materia de prevención y respuesta ante incendios forestales. Se recuperó y modernizó la red contra incendios que atraviesa más de diez kilómetros de caminos internos mediante la reparación de hidrantes, la recuperación de la presurización del sistema y la optimización de las estaciones de bombeo ubicadas en los accesos Brasil y Viamonte.

Actualmente, la Reserva cuenta con 16 brigadistas forestales certificados, personal técnico especializado en monitoreo climático y equipamiento específico para emergencias ambientales.
En paralelo, se avanzó con la restauración y ampliación del vivero de especies nativas, un espacio clave para la producción vegetal, la restauración ecológica y la educación ambiental. Allí se mejoró la infraestructura destinada a la investigación y propagación de especies, se ampliaron los sombráculos y se incorporaron nuevos espacios destinados a escuelas, organizaciones y visitantes.
Las obras también incluyeron la apertura de nuevos miradores para el avistaje de fauna y espacios de contemplación ubicados en sectores estratégicos de la Reserva, como el canal Viamonte, la Laguna de los Patos y la Laguna de las Gaviotas. La apertura de estos espacios se realizó junto con Aves Argentinas y la Fundación Vida Silvestre.
“Durante los últimos años, avanzamos en un proceso integral de puesta en valor, fortaleciendo la infraestructura ambiental, la prevención de incendios forestales, la restauración ecológica, la accesibilidad y los programas de educación ambiental y conservación de la biodiversidad”, explicó Suárez de la Rosa.
Gracias a estas mejoras, se proyecta alcanzar durante 2026 un récord de plantación de 6500 ejemplares nativos en las reservas ecológicas de la Ciudad. En el marco del programa Naturaleza sin Barreras, el vivero comenzó a desarrollar actividades de inclusión destinadas a adolescentes y jóvenes adultos con discapacidad cognitiva, promoviendo experiencias de formación y participación vinculadas al cuidado ambiental y a la producción de especies nativas.
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