
Curarse del pasado para construir un nuevo futuro
En Béccar: una fundación recibe a menores en situación de riesgo y procura proveerles un hogar hasta que superen sus problemas.
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Aunque se llama Santa Rafaela María Fundación, para los 20 chicos que viven allí el lugar tiene otro nombre: casa.
Diferentes problemas familiares hicieron que los tres jueces de menores de San Isidro decidieran que estos niños vivirían en la fundación hasta que resolvieran sus conflictos.
Desnutrición, malos tratos, falta de afecto y abusos aún más serios se repiten en el pasado de estos chicos, de entre tres y trece años.
El gran promotor de esta historia es el presbítero Patricio Di Nucci. Hace diez años, él y un grupo de voluntarios comenzaron a trabajar con los chicos que pedían, junto con sus madres, en la barrera de Martínez. Casi al mismo tiempo que descubrieron que lo que hacían por ellos no era suficiente, surgió la idea del hogar de tránsito.
Y, en una casa alquilada, con aportes de la parroquia y donaciones particulares, el Portal de Belén abrió sus puertas el 29 de abril de 1994. Una ardua búsqueda de fondos les permitió comprar una vieja fábrica de pastas en Béccar, remodelarla y convertirla en el hogar donde, desde 1997, crecen los chicos de la fundación.
La idea es que cada casa tenga unos 20 niños como máximo, para que el ambiente sea lo más familiar posible.
Basta con echar un vistazo a la casa para descubrir que se parece bastante a la de una familia. Las discusiones se alternan con la ayuda mutua en la sala donde ocho chicos hacen los deberes. A unos metros, las témperas de colores inundan el cuarto donde los más chiquitos se divierten pintando.
Sara Migale es la "madre" de todos. Llega por la mañana, los recibe cuando vuelven de la escuela, almuerza con ellos y lidia con la mayoría a la hora de las tareas. Los ayuda a prepararse para las actividades y talleres que ocupan la tarde de los chicos. Y con la tranquilidad de que la cena está lista, sale rumbo a su casa.
Madre por 22
Sara tiene dos hijos, de 20 y 24 años, pero asegura que desde que trabaja en la fundación tiene 22. A juzgar por el orgullo con que habla de todos ellos sería difícil dudar de su palabra.
"Estar aquí es algo muy especial. Me hace muy bien y yo no lo tomo como un trabajo", se apuró a decir antes de que alguno saltara de los brazos del sacerdote a los suyos.
En Santa Rafaela María las puertas no se cierran. Los chicos saben que el que no está conforme puede irse. Pero nunca se escapó ninguno.
Muchos de los chicos tienen padrinos que se los llevan a sus casas durante el fin de semana. Otros son visitados por sus familiares, cuando el juez aprueba los encuentros.
En Santa Rafaela María trabajan 11 personas rentadas, pero su esencia reside en los más de 30 voluntarios que colaboran con el apoyo escolar, el transporte de los chicos, los talleres o la recreación. Otras 30 personas ayudan con la recaudación de fondos y la organización de eventos.
El objetivo de la fundación es que después de un lapso de socialización los chicos -especialmente aquellos con problemas familiares que no se resolverán en el corto plazo- puedan ir a vivir a pequeños hogares.
En este sentido, El Barrilete es la experiencia piloto de la entidad. En los los próximos días, ocho chicos se mudarán a esta propiedad, ubicada en el mismo predio que el Portal de Belén.
Otro de los proyectos que la fundación tiene en marcha es el taller-escuela Juan di Martino, para ayudar a que los niños con problemas emocionales recuperen la escolaridad. Tiene resultados auspiciosos: todos los chicos que asistieron pudieron reintegrarse a escuelas comunes.
Sin embargo, el taller funciona en una casa prestada y en la fundación sueñan con tener un lugar propio.
Un subsidio de la provincia y otro de la Municipalidad de San Isidro no alcanzan para cubrir los 12.000 pesos de gastos mensuales. Apelan a la solidaridad de los que colaboran mediante sus tarjetas de crédito o llevan mercaderías y a la ayuda del grupo de Caritas de Niño Jesús de Praga.
"Tenemos la organización y la experiencia de 10 años de trabajo, pero nos hacen falta recursos. Sabemos que atendemos a una porción microscópica de los pedidos que nos llegan", dijo Di Nucci (4742-8614/8331).
Dos computadoras y un secador de ropa industrial son las necesidades más urgentes. "Y apoyo para poner en marcha nuevos proyectos", agregó.
Y ya no pudo hablar más. Un puñado de chicos vino a buscarlo para algo más importante: ir a jugar con ellos.
Para dar una mano
Libros
El Colegio Nacional de San Martín está reestructurando su biblioteca y por eso necesita libros de texto secundarios, para EGB y polimodal. Los que puedan colaborar deben llamar a la Red Solidaria al 4761-7994. (E-mail: redsolidaria@teletel.com.ar.)
Ayuda para Rosa
Rosa, que tiene 16 años, es de Tafí Viejo, en Tucumán, y cursa el primer año del secundario, padece parálisis y encefalopatía. La adolescente necesita una silla de ruedas con motor, que cuesta 5000 pesos. Tiene dificultades en el habla y la audición y precisa un accesorio de comunicación asistida en español, que vale 11.300 pesos.
Para ayudarla se abrió la caja de ahorro en el Banco Nación Nº 2031459/8, a nombre de su madre, Rita Tebes. También se puede llamar a la Red Solidaria al 4796-5828.
Deambulantes
La Obra de San José fue creada en 1989 para ayudar a los deambulantes (personas solas, sin trabajo ni vivienda y con problemas de salud). Brindan 900 desayunos por semana, entregan alimentos y ropa, dan atención médica y psicológica. Piden alimentos, sillas, medicamentos, ropa de adulto y calzado. La ayuda puede llevarse a Tucumán 1832, de esta ciudad, o llamar a Horacio Barragán al 4374-5653.
Estufas eléctricas
El Taller de Periodismo del Frente de Artistas del Borda funciona en uno de los pabellones del hospital. El lugar carece de calefacción; los que puedan ayudarlos con estufas eléctricas pueden llamar al 4522-5976.
Dicen gracias
La respuesta solidaria de Anita y Mirna Cesario tuvo peso propio: 14 toneladas de ayuda que las dos mujeres llevaron a cinco escuelas de Jujuy y una de Salta.
"Fue una explosión de solidaridad. La gente se quedó muy enganchada con nosotras y quieren seguir colaborando", contó Mirna.
Las mujeres, madre e hija, dieron un nuevo rumbo a sus tardes. Hace cuatro años que Anita (69) y Mirna (41) dedican sus horas libres a pedir, clasificar, embalar y llevar mercadería para escuelas de frontera.
Aunque deben viajar horas y horas a lomo de mula para llegar a destino, el resultado las llena de orgullo: ayudaron a casi 1000 chicos.
Después de aparecer en Historias solidarias , recibieron la llamada de 65 personas. Y el galpón prestado de la localidad de Florida en el que trabajan se llenó de ayuda.
"Además la compañía de micros La Veloz del Norte nos va a llevar toda la mercadería gratis. Eso fue de una ayuda increíble", agregaron.
Ahora están preparando un viaje para ayudar a dos escuelas de Salta, con 35 chicos cada una. "Necesitamos calzado para chicos, ovillos de lana, colchones y una máquina de coser. Pero como les falta de todo, cualquier colaboración es bien recibida", contaron. Su teléfono: 4710-1723.



