Sobreviviente del Próvolo de La Plata: "Nosotros también queremos justicia"

Daniel Sgardelis. una de las víctimas en la sede del Próvolo en La Plata. Aún no se inició el juicio por esos casos que anteceden a los de Mendoza
Daniel Sgardelis. una de las víctimas en la sede del Próvolo en La Plata. Aún no se inició el juicio por esos casos que anteceden a los de Mendoza Fuente: LA NACION - Crédito: Marcelo Aguilar
Alejandro Horvat
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26 de noviembre de 2019  • 14:03

Daniel Sgardelis, de 44 años, es una de las victimas del Instituto Próvolo de La Plata, otra de las sedes donde los ex alumnos denunciaron abusos y torturas por parte de los curas. Esa causa avanza a paso mucho más lento. Entre los acusados por los abusos en la sede platense está Nicola Corradi, de 83 años, que ayer fue sentenciado a 42 años de prisión por los hechos cometidos en Mendoza. Por los crímenes en la sede de esa provincia también fueron condenados Horacio Hugo Corbacho Blanck, de 59 años, y el jardinero Armando Ramón Gómez Bravo de 49, a 45 y 18 años de cárcel. Los jueces los encontraron culpables de cometer 25 hechos de abuso sexual simple, agravado y corrupción de menores. Sgardelis vive esta sentencia con emoción, aunque aún espera que los sacerdotes y civiles implicados en los hechos que él denunció, también sean condenados.

"Está bien la sentencia, así ya no van a lastimar más a los niños. Cando estában libres sentía que me seguían lastimando. Pero me hubiera gustado que Corradi vaya preso hace 50 años, cuando lo denunciaron en Italia y que se pudra estando preso. Nosotros estamos arruinados, es muy difícil superarlo, me da bronca que, durante años, no nos escucharon. La lucha sigue, la justicia fue para Mendoza, pero falta para La Plata, o sea, justicia para mí, porque fue ahí donde sufrí múltiples abusos, En Italia tampoco hubo justicia, no voy a parar nunca, seguiré hasta conseguir la justicia que tanto anhelamos las víctimas, Esta lucha es por los que están y por aquellos que no lo soportaron y se quitaron la vida", dice Sgardelis desde Mendoza a LA NACION, mediante un intérprete de lengua de señas argentina (LSA).

Daniel Sgardelis, víctima del de abusos en el Instituto Próvolo de La Plata,

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Por la causa en La Plata ya hay una elevación a juicio por las acusaciones que pesan sobre José Angel Brítez, un celador, y la fiscal del caso, Cecilia Cordfield, está aguardando que termine el juicio en Mendoza para llevar a Corradi a los tribunales platenses. "Las torturas en La Plata fueron aún peores que en Mendoza. Cuando empecé a escuchar a las víctimas, me preguntaba a mí misma qué querrían, qué estarán buscando con todo esto. Lo que me contaban era irreal. Luego escuché un segundo testimonio, un tercero y todos contaban cosas similares", explica Corfield. También pedirá nuevamente la extradición de José Eliseo Pirmati, otro de los acusados, que se fugó a Italia.

Alberto Bochatey, arzobispo auxiliar de La Plata y vocero de la Iglesia en el caso Próvolo, le dijo a LA NACION que antes de dar una declaración aguardarán los fundamentos del fallo: "Antes que nada, como siempre, solidaridad y dolor con las víctimas. Estoy esperando las sentencias escritas para ver que nos dicen los jueces, pues sólo tengo lo de la prensa de ayer. Por esto aún no estoy dando notas".

La del Próvolo es una historia trágica que comenzó en Verona, Italia, donde está ubicada la sede principal. Ahí, entre los años 1950 y 1984, hubo más de 25 sacerdotes acusados de abusar sexualmente y torturar a chicos sordos. Cuando las denuncias por esos ataques tomaron notoriedad, la Iglesia trasladó a Corradi hacia la Argentina.

Corradi llegó al país el 31 de enero de 1970. Lo pusieron al frente del Instituto Próvolo de La Plata, Buenos Aires. En 1997, la Iglesia lo volvió a trasladar, esta vez, al Instituto Próvolo de Luján de Cuyo, Mendoza. Lo detuvieron el 26 de noviembre de 2016 en esa provincia.

De pelo color ceniza, nariz aguileña y el rostro bien pegado al hueso, Daniel describe lo que vivió entre los 6 y 17 años. Su tragedia comenzó cuando tenía tres meses de vida y se quedó sordo de ambos oídos, en 1974. Él envió un video a LA NACION en el que narra lo que le pasó.

Daniel Sgardelis
Daniel Sgardelis

Los Sgardelis vivían en Tartagal, Salta, donde tenían su propia panadería, La Gran Espiga de Oro. Él estaba con fiebre. Teresa, su madre, decidió llevarlo al hospital. Ahí le dieron un medicamento que le generó una reacción alérgica. Él dice que no le interesa saber lo que pasó. Lo cierto es que unos días más tarde perdió la audición y el mundo se volvió un frasco sellado en el que vivió aislado gran parte de su vida.

Hasta los seis años, Daniel no pudo aprender a leer ni a escribir. En Tartagal, nadie enseñaba lengua de señas. Sus padres estaban preocupados. A su madre le recomendaron un colegio religioso, pupilo, para chicos hipoacúsicos que quedaba a más de 1700 kilómetros, en La Plata. Tendrían que pagar $50.000 pesos al año y Daniel los visitaría 15 días en el receso de invierno y en los tres meses de verano. Aprendería a escribir y se comunicarían por carta. Sus padres estaban encantados con la idea. Así fue como llegó al instituto de Corradi, que ya había sido denunciado en Italia.

Daniel se acuerda de todo. De las botas de Corradi que caían sobre su cuerpo como una lluvia de piedras negras, del manojo de innumerables llaves. Cuenta que en el Próvolo todas las puertas estaban cerradas. Recuerda que aprendió lengua de señas gracias a sus compañeros y que los curas los comparaban con monos.

A los 13 años empezó a dominar la escritura. Escribió decenas de cartas a su familia y ahora sabe que nunca llegaron o que fueron reescritas. Recuerda el agua fría de las duchas. Que Corradi no era el único que abusaba de ellos, que entre los abusadores había otros curas, e incluso un chico sordo que había sido criado en el Próvolo. También recuerda cuando les contó a sus padres y ellos no le creyeron una sola palabra. Que llamaron a Corradi para consultarle y él les dijo que Daniel tenía problemas madurativos.

"A los 17 años salí del Próvolo. Cuando lo hice me sentí libre. Me iba mal en la escuela y tuve una relación violenta con mis padres porque estaba acostumbrado a la violencia. Mis padres pensaban que estaba loco. Me quise suicidar cinco veces. Me ahorqué, busqué un arma, me corté las venas, quise saltar desde un puente. También salía corriendo desnudo por la calle", dice Daniel a través de señas.

"Me emociona que todo esté cambiando. Ahora lo importante es continuar la lucha. Esta es la verdad. Ya mi vida está arruinada, pero estoy vivo, demostrando que debemos seguir luchando para que en el futuro se terminen los abusos", concluye.

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