
Dejan sin aulas a 800 alumnos
La Universidad Hebrea Argentina Bar Ilán cerró sus puertas y adeuda salarios a sus docentes
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Unos 800 estudiantes de la Universidad Hebrea Argentina Bar Ilán debieron buscar una nueva institución para reiniciar este año sus estudios. La universidad dejó de funcionar a fines del año último, en medio de una crisis financiera provocada por la interrupción del apoyo económico que recibía del Banco Mayo.
La mayoría de los estudiantes logró incorporarse a otras instituciones, pero no fue un trámite sencillo:desinformación, promesas de traspaso masivo incumplidas y problemas para retirar la documentación fueron algunas de las situaciones que tuvieron que atravesar.
Mientras tanto, la universidad de la comunidad judía acumula una deuda de unos siete millones de dólares, que incluye los salarios docentes de un año y el alquiler del edificio en el que funcionaba la institución, en el barrio porteño de Once.
Por su parte, los integrantes de la Mesa Académica de la Universidad -formada por el rector, León Berenstein Hahn; los decanos y los directores de carrera- denuncian la indiferencia de las autoridades de la Fundación Bar Ilán, que patrocinaba a la institución, por resolver el conflicto.
El Ministerio de Educación realizó una auditoría en la universidad, en la que detectó serios problemas económicos, y estudia en este momento su suspensión jurídica.
"La universidad no cerró, sino que está suspendida en sus actividades regulares", aseguraron en tanto fuentes allegadas a los integrantes de la Fundación Bar Ilán.
Sin subsidios
El conflicto financiero de laUniversidad Bar Ilán no es sorpresivo. Se desencadenó con el cierre del Banco Mayo, en octubre de 1998, y se agudizó durante 1999. El Banco patrocinaba a la universidad mediante la Fundación Bar Ilán, presidida por Rubén Beraja, que le aportaba más de 200.000 dólares mensuales. Las cuotas que pagaban los alumnos y la investigación científica eran las otras fuentes de recursos.
Cuando el Banco Mayo fue vendido al Citibank, "la universidad perdió el subsidio y empezó a endeudarse de manera estrepitosa", contó a La Nación un miembro de la Mesa Académica, que mantuvo en reserva su identidad. "Se deben casi dos millones de dólares de alquiler. El rector no cobra desde hace un año y medio y a los docentes se les adeuda un promedio de un año de salarios."
Cuando empezó la crisis, llegaron nuevos funcionarios a la fundación. Una de ellos fue Pablo Salischiker, que la Mesa Académica identificó como el nuevo presidente. Fuentes allegadas a él aseguraron que Salischiker nunca ocupó ese cargo. "El sólo encabezó una comisión que llegó para ayudar a la universidad en un momento difícil -dijeron-. El presidente siguió siendo Rubén Beraja."
La Nación intentó comunicarse con Beraja, pero en su domicilio indicaron que se encontraba de viaje.
Durante 1999, la Universidad Bar Ilán continuó funcionando, cada vez con más dificultades. En octubre la situación entró en su recta final. Hubo una renuncia masiva de docentes e interrupción de clases en algunas carreras. Los alumnos empezaron a pedir explicaciones.
"No teníamos claro qué estaba pasando, se nos ocultó información hasta el último día. Nos dijeron que si la universidad cerraba nos iban a trasladar en bloque a otra institución", cuenta la estudiante Paula Sucari, del último año de Medicina.
La promesa no se cumplió. A principios de este año, los alumnos tuvieron que salir a buscar una universidad que los recibiera.
"Los de la carrera de Organización y Dirección Institucional formamos una asociación civil y logramos pasar en paquete a la Universidad Nacional de General San Martín", dice el alumno Diego Taube. En otras carreras, el traspaso fue personal. La Universidad Maimónides y la de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES) fueron algunas de las que recibieron estudiantes.
El futuro de la universidad depende de quien lo mire. "Vamos a pagar todas las deudas", asegura un vocero de la fundación. Los integrantes de la Mesa Académica no son optimistas y piensan en crear una asociación civil para reflotar la institución.
"Nadie nos puede pagar el maltrato que tuvimos que soportar", dicen los alumnos. "Lo que más duele es vernos obligados a abandonar la institución que elegimos."


