
Desactivan un explosivo en un local de San Isidro
No se sabe quién lo puso ni por qué; atacan un banco de Once
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"Atendeme bien: ustedes van a volar a la m..." Eran casi las 23 de anteayer y la voz en el teléfono no resultó demasiado convincente para la recepcionista del restaurante Kansas, sobre la Avenida del Libertador, en el Bajo San Isidro. No era la primera amenaza, por cierto, pero las anteriores habían resultado un fiasco y la advertencia sonaba a historia repetida.
Pero esta vez no fue así: a las 7.30 de ayer, un empleado de limpieza encontró en uno de los baños del local una botella plástica cortada a la mitad, en la que salían y entraban cables. "¡Ooopa!", dijo el perito cuando tuvo frente a sí el dispositivo.
Fuentes policiales dijeron a LA NACION que, según las primeras estimaciones, se trataba de unos 300 gramos de C4 -un explosivo plástico de exclusivo uso militar- conectados a un detonador eléctrico con mecanismo de tiempo, con una pequeña cantidad de pentrita -otro explosivo de alta velocidad-, eventualmente colocada como carga iniciadora.
No se sabe aún quién colocó el artefacto ni cuál fue su objetivo. Fuentes de la investigación, empero, dijeron que no sólo no era la primera amenaza de bomba que recibía este restaurante, sino que similares intimidaciones telefónicas fueron hechas a Las olas boulevard, otro local de comidas, de Alvear y la Avenida del Libertador.
Expertos en explosivos dijeron a LA NACION que el artefacto habría estado en condiciones de detonar. Agregaron que el ingenio fue colocado en un lugar estratégico, puesto que las reducidas dimensiones del cuarto de baño no hubiesen hecho más que potenciar la capacidad destructora del C4, un explosivo que los ejércitos suelen usar en tareas de minería militar.
"Hay que preguntarse ahora quién pudo haber conseguido una bocha de C4: no se vende en comercios, no lo usan las empresas civiles, no se puede fabricar en una casa, ya que el manejo del exógeno, que es la base de este explosivo, necesita de una importante infraestructura en el proceso químico de producción", sugirió el experto.
El explosivo plástico C4 de origen estadounidense se consigue en cantidades de un cuarto o medio kilogramo, no tiene olor, es de neto color blanco y viene envuelto en un nylon negro. Desde hace dos años se produce C4 en la fábrica militar de explosivos de Villa María, Córdoba: en este caso, es de color amarillento, con un leve aroma almendrado.
Según la descripción de un perito, el elemento hallado en San Isidro es similar al americano y era analizado ayer por expertos en explosivos del Ejército argentino.
En el restaurante Kansas hay personal de seguridad las 24 horas, por lo que se conjetura que el artefacto pudo haber sido colocado en la madrugada, poco antes del cierre.
Aunque ninguna hipótesis fue aún descartada, fuentes de la investigación confiaron que la amenaza tendría relación con cuestiones de tipo comercial antes que con atentados de origen político.
Las protestas por la actual situación socioeconómica sí parecen explicar el ataque sufrido ayer por una sucursal de la Banca Nazionale del Lavoro situada en Rivadavia al 2600, en Balvanera. Fuentes policiales dijeron que tres petardos de venta libre, atados con cinta adhesiva, produjeron roturas en un vidrio de la sucursal. No hubo reivindicaciones políticas. Fue, tan sólo, un acto de vandalismo, dijeron las fuentes.
Un material de uso militar
El C4 es un explosivo plástico de altísimo poder, de exclusivo uso militar. Su velocidad de expansión es de 8100 metros por segundo y su poder supera en un 130 por ciento la del trinitrotolueno (TNT): tiene, así, una gran capacidad de rompimiento.
Compuesto por el exógeno contenido en una sustancia plastificante -una masilla maleable, similar a la plastilina-, el C4 es un explosivo estable y de manipulación segura: no estalla por exposición al fuego o al recibir un impacto de bala, sino que precisa una carga iniciadora, con detonador por mecha o eléctrico.
Eso sí, produce grandes destrozos en un radio de 10 a 15 metros.
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