
Desidia y abandono en el instituto para no videntes Román Rosell
Era un centro modelo en América; grave denuncia de la Defensoría del Pueblo de la Nación
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Filtraciones que chorrean sobre instalaciones eléctricas, cables expuestos, escombros regados por el piso y falta de limpieza, de mantenimiento y de medidas de seguridad.
Estas son algunas de las irregularidades que la Defensoría del Pueblo de la Nación encontró en el Instituto Nacional para Ciegos Román Rosell, en San Isidro, que depende del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. Irregularidades que podrían convertir el edificio en una trampa mortal para la veintena de ciegos que viven allí y para los cientos de no videntes que utilizan sus instalaciones.
Además de los problemas edilicios, los inspectores de la defensoría hallaron a un grupo de ciegos embolsando semillas en envases de una marca comercial -que se vende en un hipermercado de la zona-, actividad que no pudo ser justificada legalmente por el director de la institución, Eduardo Fernández.
También comprobaron que, si bien en la plantilla oficial de empleos consta que son 30 los profesionales que trabajan allí, no se advirtió la existencia de gente especializada para capacitar a los beneficiarios en oficios con salida laboral.
El Instituto Nacional para Ciegos Román Rosell fue inaugurado en 1941, por iniciativa del filántropo Román Rosell, que donó parte de su fortuna para la creación de un asilo, donde las personas con ceguera pudieran obtener todo lo necesario para bastarse por sí mismas. Con este propósito fue que se construyó el imponente edificio de estilo colonial donde hoy funciona el instituto.
Por sus programas de capacitación y por la calidad de su equipo profesional, el instituto se convirtió en un asilo modelo en toda América.
Raúl Barrionuevo todavía recuerda con añoranza aquella época. Tenía 12 años cuando una intoxicación por botulismo lo dejó ciego y determinó su traslado desde su Catamarca natal al asilo, en 1966. En los dos años que pasó internado finalizó sus estudios primarios. Una vez graduado, siguió participando de los talleres de formación, uno de los cuales le permitió obtener un trabajo en una importante compañía de electrónica.
"El instituto era impecable. Había 36 personas trabajando, entre ellas, ocho profesores ciegos. Eramos 200 internos", recuerda Barrionuevo que, con frecuencia, concurre al instituto para realizar actividades deportivas.
En la actualidad, el instituto Rosell es el único asilo para ciegos gratuito de la provincia de Buenos Aires, aunque su director admitió que, por la falta de medios, ya no se admiten nuevos internos.
Quienes conocieron el pasado de la institución, que funciona en un predio de ocho hectáreas sobre la avenida intendente Tomkinson 2300, denuncian que desde hace años el instituto ha comenzado a transitar un camino cuesta abajo, impulsado por la desidia de sus últimas administraciones.
"Al instituto se lo está dejando caer. Ya no hay profesores de ciegos y los únicos talleres que funcionan son el de gimnasia, el de pintura y el de cestería", explicó Barrionuevo, que es una de las personas afectadas que firman la denuncia que originó la intervención de la Defensoría en el caso.
El defensor del pueblo de la Nación, Eduardo Mondino, dijo a LA NACION: "Fuimos a corroborar y encontramos más cosas de las que denunciaban. Las condiciones de hábitat son pésimas y significan graves riesgos para los internos".
Luego de las inspecciones, Mondino emitió una resolución en la que recomienda a la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia del Ministerio de Desarrollo Social para que "adopte las medidas necesarias para regularizar el funcionamiento operativo del instituto" y remite el resultado de las investigaciones al Ministerio de Desarrollo Social y a la Sindicatura General de la Nación.
Intereses
Los más de cien ex alumnos y actuales beneficiarios que firmaron la denuncia presentada ante la Defensoría aseguran que hay una clara intencionalidad detrás del deterioro del edificio.
"La situación de franco estado de abandono en que se encuentra es el argumento que van a usar las autoridades para erradicar a los ciegos que allí viven porque tienen la intención de vender el predio", señalan.
En tanto, fuentes de la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia informaron que ya se aprobó un plan de obras para reciclar la totalidad de las instalaciones.
LA NACION concurrió al instituto Rosell para entrevistarse con Fernández. El funcionario reconoció que el estado del edificio es "desastroso" y que el principal problema es "la falta de un proyecto concreto de refuncionalización".
Afuera de la oficina de Fernández, a la vista, estaban las paredes descascaradas, las filtraciones de humedad que se extienden a lo largo y ancho de los pasillos y el color mohoso de un edificio de cuyo esplendor sólo conserva la fachada.




