
Después de la crisis, volvieron al sur de Brasil los argentinos
Hay menos visitantes, pero con mayor poder adquisitivo
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FLORIANOPOLIS, Brasil.- Volvieron los arshentinos , como se pronuncia por acá. Es al menos lo que se ve y se escucha en las playas del Estado de Santa Catarina, que durante los años de crisis habían visto a los argentinos desaparecer de los balnearios y ahora los ven llegar de nuevo, en masa, al sur de Brasil.
Durante las temporadas de 2002 y 2003 los argentinos habían prácticamente desaparecido de las playas del sur brasileño. Durante los años más duros de la crisis los balnearios catarinenses -principalmente Florianópolis y Camboriú-, cuya actividad en el verano giraba prácticamente en torno del turista argentino, mostraban un panorama desolador: departamentos cerrados sin inquilinos a la vista, posadas desocupadas, restaurantes en quiebra y actividades turísticas canceladas por falta de interesados.
Por aquellos días el peso argentino era una moneda no muy bien vista -qué decir de los patacones y demás cuasi monedas-, y los brasileños empezaron a estimular el turismo interno y la llegada de chilenos, paraguayos y uruguayos. En enero de 2003 los argentinos comenzaron a regresar, aunque muy tímidamente. Y éste es el año del regreso de verdad.
Sin embargo, al bajar la marea de la crisis apareció un turismo argentino diferente del de otros años. Según le relató a LA NACION Valdir Walendowsky, director de marketing del Ente de Turismo de Santa Catarina, ya no se esperan los 489.000 argentinos que llegaron en la temporada de 2001, el récord absoluto.
"Nuestra previsión es que vendrán unos 160.000, sólo que de un nivel socioeconómico más elevado. Ya estamos percibiendo que son turistas en mejores condiciones, que vienen con autos más nuevos."
Es decir, este año aún estará lejos del récord -algo que por aquí creen que sea difícil que se repita-, pero ya se esperan tres veces más turistas que en la temporada de 2002, cuando llegaron apenas 58.000 argentinos.
De hecho, lo que parece haber caído es el turismo "gasolero". Los 400 pesos del pasaje de ómnibus -ida y vuelta- más el costo de alojamiento y alimentación que ya no es tan barato como era desalentaron la llegada masiva de jóvenes que venían con lo puesto y se las arreglaban.
Caminando por Jureré Internacional, la playa de más alto poder adquisitivo de la isla de Florianópolis, también se percibe que quedó atrás la época de la ostentación. Casas estilo Beverly Hills, antes siempre con un automóvil argentino estacionado en la puerta, muestran ahora vehículos con chapa de San Pablo.
Jureré, para exigentes
"En otra época Jureré Internacional vivía de los argentinos. Eso se terminó, porque sus compatriotas llegan pidiendo alojamiento de hasta 70 dólares por día, y lo que tenemos para ofrecer en la región está todo de 300 dólares por día para arriba", contó Marcio Marcondes, de la inmobiliaria Simone.
La cantidad de argentinos esperada ya es bastante mejor que los 112.000 que vinieron en la temporada del año último. "Preferimos que ahora exista un crecimiento gradual, porque esas explosiones de cientos de miles de visitantes que al año siguiente desaparecen terminan siendo perjudiciales", explicó Walendowsky.
El cónsul argentino en Florianópolis, Valdo Amadeo Palmai, percibió lo mismo. "Nuestro turismo volvió con todo, pero parece ahora restringido a familias y jóvenes de mayores ingresos. Lo vemos por la forma de vestirse, por las camionetas 4x4 o los miles de autos nuevos con chapa argentina que están circulando en la isla."
En el 2000 la "ilha da magia", como es conocida Florianópolis, hacía que un peso valiera dos, porque el real acababa de ser devaluado y un peso aún significaba un dólar.
Este año, devaluación mediante, el "deme dos" no existe más. Pero al menos hay una virtual paridad entre el peso y el real que facilita los cálculos. Ya no es necesario usar calculadora: si el almuerzo costó 20 reales, son, centavos más, centavos menos, unos 20 pesos.
"Sí, ahora los precios ya no son el atractivo, porque estamos más o menos empatados con los balnearios argentinos", le contó a LA NACION el director de la compañía de ómnibus Pluma, Eloi Rodrigues de Almeida, que hace la ruta entre Buenos Aires, Santa Catarina y Río de Janeiro. "Ahora la atracción es puramente disfrutar el clima brasileño a precios razonables."
Según el ejecutivo de Pluma, el ómnibus es la opción de los jóvenes o de las familias numerosas. Salen de Buenos Aires 12 ómnibus diarios, el 80% con rumbo a Santa Catarina y el resto a Río de Janeiro, y una cantidad similar de la compañía Flecha Bus.
Las menos de dos horas de viaje de avión se convierten en poco más de 20 en ómnibus, pero todo es cuestión de hacer las cuentas: los 1000 a 1200 pesos del costo de un pasaje de avión se reducen a 400 en ómnibus.
Chárters, según el ente de turismo de Santa Catarina, llegan de la Argentina aproximadamente 10 por semana, aún lejos de los 400 vuelos chárter que llegaron en la temporada récord de tres años atrás.
Precios brasileños
Servicios: alquilar un auto Volkswagen Gol cuesta R$ 70 por día, y el valor de un litro de nafta común es de R$ 2,10.
Comida: un almuerzo completo cuesta entre R$ 25 y R$ 30 por persona. Pero se puede comer por R$ 8 en pizzerías o en lugares de comida por kilo. En la playa, las bebidas sin alcohol cuestan R$ 2, y la cerveza, R$ 2,50. En los mercados, el litro de leche vale R$ 1,80; el kilo de asado, R$ 12 y el pan en baguette, R$ 0,25.
Alojamiento: las posadas de nivel medio oscilan entre R$ 50 y R$ 100 por persona y un bungalow con 6 plazas, R$ 200 por día.
Entretenimiento: alquilar un kayak por hora cuesta R$ 8; un paseo de 20 minutos en banana-boat, R$ 10, y la entrada a un boliche, entre R$ 15 y R$ 25.






