
Día del Animal: que las personas irascibles se abstengan del festejo
Un tributo a las mascotas hogareñas en tiempos de intolerancia
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Frente al semáforo en rojo, un automovilista le reprocha a otro cierta maniobra defectuosa y, como indica la costumbre social, la frasecita que fluye de sus labios es ésta: "¡Aprendé a manejar, animal!". El estrés urbano fomenta altercados de esta especie. Si el otro atinara a responder: "Disculpe, señor, no fue mi intención incomodarlo", casi seguro que el maleducado se reconocería en falsa escuadra y emprendería un nivel de diálogo algo más civilizado. Pero los hábitos de convivencia imponen que un insulto se retruque con otro ("Más animal serás vos"), y así la batalla de vituperios subirá de tono hasta que el semáforo en verde imponga un armisticio, quizás hasta la esquina siguiente.
En el supermercado, dos señoras vecinas se disputan con acritud un mismo lugar en la fila que conduce a la caja. Insidiosas, se calumnian recíprocamente de improbables deslealtades conyugales. Una de ellas fumiga a la otra con un cucarachicida que lleva en el changuito y la otra le zampa un perfecto cross de izquierda. Ruedan por el suelo y se magullan con saña. Al fin de cuentas, se pelean por una demora extra de tres minutos en la fila. Algunos sociólogos consideran que el ejercicio de la gentileza es ajeno a la condición femenina.
A orillas de la pileta del country, dos lindas quinceañeras, exponentes genuinos de la mostacilla pizpireta, se trenzan en brava disputa. La de biquini azul tiene virtual noviecito y cree que la de biquini blanco intenta birlárselo. La acusada le enrostra parecido reproche. Según parece, ambas son proclives a coquetear con noviecitos ajenos. Se cruzan una tracalada de calificativos soeces, con explícitas referencias a sus partes pudendas. Se toman de las mechas, caen al agua y la de biquini azul sufre principio de asfixia. Una nota de la Revista de LA NACION del 1º de abril da cuenta de las trifulcas que suelen promover los precoces gaznápiros de la "generación country".
Los recintos del fútbol alojan cada vez mayor cantidad de energúmenos, cuyos cánticos ya no procuran insuflar aliento a sus equipos, sino que más bien niegan virilidad a jugadores e hinchas contrarios. Miles de gargantas se reparten fieras amenazas y proclaman su fe racista y discriminadora, pero nadie pretenda que las autoridades del más popular de los deportes sancionen a las hinchadas vandálicas y rabiosas: el comportamiento infame de las tribunas es visto como un apasionado condimento del folklore futbolero.
Hoy, Día del Animal, fue dispuesto en tributo de las mascotas hogareñas" y de especies salvajes útiles a la naturaleza. Personas irascibles y propensas a la intolerancia, por favor, abstenerse. No están comprendidas en el festejo.
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