
Dolor en el adiós a Germán Sopeña
Personalidades de diferentes ámbitos se congregaron para rendir un homenaje al secretario general de Redacción de La Nación
1 minuto de lectura'
El profundo dolor ocasionado por la muerte de Germán Sopeña se evidenció ayer en el velatorio, realizado en el edificio de La Nación , y en el sepelio, efectuado a las 12.30 en el cementerio Jardín de Paz, en Pilar.
El presidente Fernando de la Rúa asistió al entierro y, con su esposa, Inés Pertiné, colocó unos claveles blancos sobre la tumba del periodista, ubicada cerca de donde el 29 de diciembre último había sido sepultada su madre, Lilí Kern de Sopeña.
En la sede del diario, donde los restos del secretario general llegaron a las 7.15, se hicieron presentes el jefe de Gabinete, Chrystian Colombo, y el secretario general de la Presidencia, Nicolás Gallo, que también acudió al cementerio, al igual que el canciller, Adalberto Rodríguez Giavarini, y su esposa.
En ambos lados estuvo el secretario de Turismo, Hernán Lombardi, que iba a a viajar en el avión caído y no lo hizo porque De la Rúa lo convocó a una reunión para el sábado a la mañana: "Desde hacía tres meses estábamos trabajando con Germán en este proyecto -comentó ayer-. Cuando me enteré del accidente, me temblaban las piernas. Evidentemente, no era mi hora".
Indicó que a las 23.30 del viernes llamó a otro de los viajeros, Alfredo Fragueiro, para decirle que no podría acompañarlos. Expresó que debe cumplirse la idea de Sopeña de recordar al perito Moreno en el lugar de la Patagonia donde había plantado la bandera argentina en 1877.
La Nación despidió conmovida a su secretario general. En 1982 el diario había abierto su sede a otro velatorio, cuando falleció el doctor Bartolomé Mitre, bisnieto del fundador y director durante tres décadas, desde 1951.
Un ambiente sereno
Temprano, un ambiente sereno envolvía a los pocos presentes: la esposa de Sopeña, Patricia Morgan; sus hijas, Marina y Julieta, algunos familiares y dolidos compañeros del diario. Se hablaba en voz baja en la casa donde su presencia permanece como un recuerdo inolvidable.
A las 8.45, llegó Bernardo Neustadt, que saludó al director, doctor Bartolomé Mitre, y su esposa, Nequi Gallotti. Entre los primeros en llegar estuvieron Marcelo Lugones, Diego Peralta Ramos y el rector de la Universidad Di Tella, Gerardo della Paolera. Poco después, fueron llegando Rosendo Fraga, Marita Carballo, Natalio Botana, Kathlyn Davis, agregada de prensa de la embajada de EE.UU., con Jaime López Recalde.
Entre otras autoridades del diario se hallaban desde temprano el presidente del directorio, Julio C. Saguier, y el vicepresidente ejecutivo, Luis Saguier. Un poco después apareció el presidente honorario del directorio, doctor Enrique L. Drago Mitre, con su señora, Cécile de Beauchamp.
El padre Enrique Saguier Fonrouge, sobrino de otro de los muertos y amigo de Sopeña, José Luis Fonrouge, rezó un responso e invocó la misericordia infinita de Dios.
La Nación siguió recibiendo gente condolida: Emilio Cárdenas, el vicegobernador de Buenos Aires, Felipe Solá; el secretario general del Ejército, general Eduardo Alfonso; Archibaldo Lanús; Néstor Scibona, director de El Cronista; Wenceslao Bunge y señora; Fernando Rocchi.
Sin que nadie lo pidiera, muchos de los presentes rezaron un Rosario, cuyas oraciones fueron desplegándose alrededor del féretro ubicado en un extremo del salón donde hacía cinco días Sopeña había presentado con entusiasmo al economista de Bangladesh Muhammad Yunus.
Otras presencias: Magdalena Ruiz Guiñazú, Sergio Dellacha, Jorge Rendo, director de Relaciones Externas del Grupo Clarín; Javier Tizado, ex secretario de Industria; Francisco Mayorga, ex secretario de Turismo; Antonio Salonia, ex ministro de Educación; el ex gobernador bonaerense Alejandro Armendáriz; el secretario general naval, contralmirante Héctor Tebaldi; en representación de la Fuerza Aérea, el jefe de prensa, comodoro Jorge Reta; el secretario general de la Prefectura, prefecto general Carlos Fernández, y otros integrantes de la institución, tales como el jefe de Información Pública, prefecto Alberto Navarro.
El periodismo estuvo presente: Roberto Guareschi y Ricardo Kirschbaum, de Clarín; los académicos Napoleón Cabrera, Enriqueta Muñiz y Alberto Muney; los directores de Diario del Viajero, Carlos Besanson y Elizabeth Tuma, cuya hija era compañera en el Liceo Francés de una hija de Sopeña; Jorge Raventos, Isidoro Gilbert, Miguel Alurralde, Juan Carlos Casas, ex redactores del diario.
Miguel Berutto, del Club Alfa Romeo, evocó un viaje, con Sopeña, al territorio austral que originó la nota "Oro en la Patagonia".
Entre otros, asistieron el ex canciller Guido Di Tella, el viceministro de Justicia, Melchor Cruchaga; Guillermo Moreno Hueyo, el senador Pedro del Piero, los diputados Marcelo Stubrin y Guillermo Alchouron; Bonifacio del Carril y su señora, Isabel Viñas; la directora de la carrera de Comunicación de la Universidad Católica Argentina, Alicia Peresón; Mónica Garrido, Juan José Cresto, el escritor Isidoro Blaisten, el pintor Pérez Celis, Enrique Morad, Roberto Starke, Hernán Santiváñez Vieyra, Manuel Guerreiro, Julio Suaya, Miguel Angel Martínez, Alberto García Lema, Gonzalo Fernández Madero, y el agregado de prensa de Francia, Jean Rey.
También se acercaron el presidente de la Academia Nacional de Derecho, Horacio García Belsunce; el de la Sociedad Distribuidores de Diarios de la República Argentina, Carlos Taboada, y el de la Cámara de Exportadores, Enrique Mantilla.
A las 11.05, subieron en el mismo ascensor Nicolás Gallo y el senador Antonio Cafiero. También asistió el secretario de Culto, Norberto Padilla.
A las 11.30, un ámbito conmovido despidió la postrer salida de Sopeña del diario de Mitre. El féretro fue sacado a pulso por el acceso principal al edificio por el presidente del directorio, Julio Saguier; el subdirector, José Claudio Escribano; el jefe de Editoriales, Bartolomé de Vedia; Juan Carlos Insiarte, Eduardo Bonelli, el comodoro (R) Juan José Güiraldes y Mariano Grondona. Luego, ante varios canales de televisión, Grondona se refirió a "la trágica belleza" de la muerte de Sopeña, apasionado por el Sur, y recomendó a los integrantes de La Nación : "No intenten reemplazarlo, era una persona absolutamente única".
En el Jardín de Paz
Al llegar la comitiva a Jardín de Paz, ya se hallaban el presidente Dela Rúa y su esposa. Laura Capizzano, médica, amiga de la familia, le dijo: "Señor presidente, se murió un patriota. Esto hay que continuarlo. Germán plasmó la patria en la Patagonia". Lombardi besó a los hijos de Fonrouge. El padre Guillermo Marcó acompañó a la esposa y las hijas de Sopeña y, ya en la capilla, rezó un Padrenuestro. Allí, Fernán Saguier, adscripto a la vicepresidencia ejecutiva de SA La Nación , lo despidió por sus compañeros.
Entre otros, estuvieron Matilde Noble Mitre de Saguier, miembro del directorio de SA La Nación ; Antonio Battro, Mario O´Donnell, Eduardo Amadeo, Jorge Pereyra de Olazábal, Oscar Gómez Castañón, Miguel Torres Duggan y Raúl Burzaco, que siempre tuvo en cuenta las excepcionales dotes de Sopeña e impulsó su carrera en la editorial Abril y el diario Tiempo Argentino.
Estuvieron Carlos Abella Nazar -hermano de Eduardo, cronista de La Nación muerto en servicio, al caer un avión en 1957-, con su señora, Carlota Sánchez Aizcorbe, y Encarnación Ezcurra -hija de Ignacio Ezcurra, desaparecido en Vietnam en 1968-, con su marido, Pablo Duggan.
Asistieron Paolo Rocca, hermano de Agostino, y Sergio Einaudi, del grupo Techint. Entre otros empresarios, concurrieron Juan Peirano, del Banco Velox; Enrique Ruete Aguirre, del grupo HSBC, Guillermo Stanley, del Citibank, y Enrique Federico, de Daimler Chrysler Argentina.
El féretro fue trasladado por un sobrino, Rodrigo Agüero, y varios amigos personales, entre ellos, Enrique Oliva (el periodista Franois Lepot), Eduardo Helguera y Fernando Masjuan (amigo por 35 años, ex compañero en la Universidad del Salvador).
Sólo silencio y dolor
Era impresionante el silencio, que trasuntaba un dolor genuino. Mientras caminaba el cortejo, una muchedumbre que se abría en abanico por el parque, sólo se oían las campanas de la capilla y a lo lejos, el sordo rumor de la carretera.
Se rezó un Avemaría ante la tumba, sobre el césped. Y familiares y amigos, entre ellos el director de La Nación , doctor Bartolomé Mitre, depositaron flores sobre el ataúd.
Junto a una hermana del periodista, Gloria Sopeña de Agüero, artista lírica, se vio a la otra hermana Ana, pintora, que vive en Brasil y acababa de llegar.
Rodolfo Iriarte, íntimo amigo de Germán Sopeña, comentó que el día anterior había participado en el autódromo de una carrera de regularidad, con un Austin Hillary de 1962, que años atrás había pertenecido al periodista fallecido. Sopeña estaba inscripto para ser coconductor de ese automóvil con Iriarte, pero desistió de participar para emprender el vuelo hacia la Patagonia.
La oración, un medio de comunicación
Una emotiva ceremonia se realizó en la capilla del cementerio Jardín de Paz, donde el presbítero Guillermo Marcó transmitió expresamente "el afecto, el cariño, el amor" del arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, por Germán Sopeña y su familia.
El sacerdote -que había acompañado en el camino a la esposa de Sopeña y sus hijas, así como a los hijos de José Luis Fonrouge, cuyo sepelio se efectuó un rato después en el mismo cementerio-, recordó una frase de San Pablo, en la que invita a no reaccionar ante la muerte "como los que no tienen esperanza".
Expresó que cuando un chico está en el seno de la madre y va creciendo, piensa que ése es el mundo y está feliz, seguro. Y no querría salir. Cuando sale, lejos de encontrarse con un abismo, encuentra los brazos de un padre y el corazón de una madre.
Marcó comparó el alumbramiento con el momento de la muerte. "Cuando nos toca morir, somos arrancados por una fuerza que no conocemos, tenemos que abandonar este mundo que queremos. Nos resistimos, pero del otro lado tenemos los brazos del Padre y también está la madre, la Virgen, que nos está esperando."
"Amó la vida"
"Patricia, Marina, Julieta, no puedo estar dentro de ustedes para percibir lo que sienten. Pero piensen que papá, que Germán fue una persona que amó la vida y seguirá amándola siempre. Y él querría que estén bien en la vida. Cada vez que la vida se realiza lleva un mensaje de Dios.
"Y ya que Germán trabajó en un medio de comunicación -dijo-, tenemos que aprender a usar otro medio de comunicación, que es la oración, para hablarle a Dios, que El oirá todo aquello que queramos compartir."
Instó a todos a "dirigirse a nuestro Padre, diciéndole todo aquello que nos quedó en el tintero."
Agradecimiento
- En esta penosa circunstancia, La Nación agradece su ayuda a la Presidencia de la Nación, a la Casa Militar, al Estado Mayor General del Ejército Argentino, al Estado Mayor General de la Fuerza Aérea Argentina, a la Gobernación de la provincia de Buenos Aires, al ministro de Justicia bonaerense, Jorge Casanovas, al ministro de Seguridad bonaerense, Ramón Verón, y a las autoridades municipales de Cañuelas.
1
2Un verano extremo en la costa: sismo, meteotsunami, remolinos de viento, sudestada y temporal, ¿solo casualidad?
3En campos y también en zonas urbanas: el ataque a un niño reavivó un problema que hace décadas crece en la Patagonia
4“Abuelas”: el libro que recupera las historias de las mujeres que se animaron a romper los moldes del siglo XX


