
Dos barrios sacudidos por el drama
En dos manzanas de San José, en Isidro Casanova, y Don Manuel, en Rafael Castillo, vivían ocho de las víctimas mortales
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San José, en Isidro Casanova, y Don Manuel, en Rafael Castillo, son dos barrios golpeados por la tragedia de República Cromagnon. Allí, en dos manzanas vivían ocho de las 193 víctimas del incendio de la disco de Once.
En Santa Rosa y Del Carmen, del barrio Don Manuel, el devastador incendio clavó un puñal cuya herida no cesa de sangrar. En esa esquina se juntaban diez amigos que fueron a Once a ver a Callejeros. Sólo siete regresaron. Ezequiel Agüero, Marianella Rojas y Matías Ferreira murieron. Allí, los vecinos levantaron un altar con la imagen de la Virgen de Luján, rodeada por tres estrellas con los nombres de los chicos muertos, sus fotografías y cartas de los familiares.
En Nochebuena, en Edison, entre el 2400 y el 2200, del barrio San José, no hubo festejos. En esas dos cuadras vivían Lucas Pérez, Pablo Salazar, Mario Torres, Lucas Guzmán y David Chaparro. Todos murieron el mismo día, el 30 de diciembre, en el mismo lugar: República Cromagnon.
"Ahora comprendo a la madre de María Soledad Morales, a la madre de José Luis Cabezas. Yo las veía por televisión, me sacudían y pensaba sobre lo difícil que se hacía sobrellevar la muerte de un hijo", relató, entre llantos, Hilda Alvarado, la madre de Lucas Pérez, de 12 años. Lucas estudiaba en el Instituto Buenos Aires, de Isidro Casanova. Sus compañeros recuerdan que hasta abril seguían pasando lista con su nombre, a pesar de que estaba muerto.
"No me dejaron verlo. Me dieron una bolsa con un cuerpo que, me dijeron, era mi hijo. Lo busqué dos días. Recorrí todos los hospitales", recordó Hilda.
"En el Centro de Gestión y Participación de la calle Junín me dijeron que Lucas estaba internado en el hospital Rivadavia. Era el 31 de diciembre. Llegué a las 10.30 y pregunté por Lucas Pérez y me dijeron que no estaba. «¿Pero cómo puede ser -pregunté-, si me dijeron que estaba acá? «No, no está», volvieron a responderme.
"Se habían equivocado, el chico que estaba en esa habitación era Lucas Piñeiro, no mi hijo. Jugaron con mi dolor en medio de la tragedia y eso no se los voy a perdonar. Hace un mes fui a una misa en la plaza de la Memoria, frente a Cromagnon, y me encontré con una mujer que me dijo: «A tu Lucas lo tengo siempre en mi cabeza. Yo estaba en la habitación cuando fuiste a buscarlo. Desde ese día no puedo dormir pensando en él»", relató Hilda, de 38 años.
Mario Torres vivía en la misma manzana que Lucas Pérez, tenía 32 años y era padre de dos nenas, de 10 y 5 años, y de un chico de un año. Apenas conocía a Lucas. Mario fue al show con un grupo de amigos de Flores, donde trabajaba como cortador en un taller textil. Uno de los amigos que lo acompañó, Nicolás Sillak, también falleció.
"Cuando llegue el 30 de diciembre no sé cómo vamos a estar. Mario era el mayor de seis hermanos y trabajó toda su vida para ayudarnos. Lo encontramos en el hospital Udaondo. Uno de los amigos lo sacó de Cromagnon vivo. Mario estaba tosiendo, pero vivo. Murió en el hospital", recordó Roberto Torres mientras desplegaba una bandera con el escudo de Chevrolet y la imagen de su hermano, Mario.
"El era fanático de Chevrolet y, desde que murió, esta bandera no faltó en ningún encuentro de Turismo Carretera que se corrió en Buenos Aires. Además, está firmada por Matías Rossi, José Luis Di Palma y Ricky Joseph", explicó Roberto.
Mañana, Ezequiel Agüero cumpliría 26 años. Dos días antes de la tragedia había festejado su cumpleaños con sus amigos de la esquina de Santa Rosa y Del Carmen, en el barrio Don Manuel, de Rafael Castillo.
"Era la primera vez que Ezequiel iba a un recital de Callejeros. A él le gustaban los Redondos. Lo encontré en la morgue de Chacarita, el 1º de enero, y me dieron el cuerpo al día siguiente. La ambulancia que lo traía se paró justo en esta esquina, en la que Ezequiel se juntaba con sus amigos, y no arrancó más. Con los vecinos tuvimos que llevar el cajón a mano hasta mi casa", recordó Adolfo Agüero, padre de Ezequiel.
En la casa de los Agüero, la pieza de Ezequiel está tal como la dejó el 30 de diciembre cuando se fue a trabajar, para luego encontrarse en Once con sus amigos para ir a República Cromagnon.
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