El bar Británico volvió a abrir con la mística de siempre
Uno de los "gallegos" estuvo presente
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El no era un habitué del bar Británico. En realidad, la última vez que se sentó a tomar algo en una de esas mesas fue hace 50 años, cuando el lugar ni siquiera llevaba ese nombre. Sin embargo, ayer, sentado en esa esquina del café y con un porrón en la mano, era el personaje más celebrado de la tarde.
"Hola, maestro", le dice un vecino. No se conforma con agitar la mano. Se acerca y lo besa emocionado.
José responde con afecto y cuenta la historia. "Era el año 1957 cuando llegamos a la Argentina. La familia había mandado una botella de cognac que debía entregar a unos parientes que vivían en Devoto. Antes de ir, con mi tío, nos sentamos en una de estas mesas, pedimos una cerveza y nos quedamos contemplando... «¡Qué lindo parque!», dijimos. ¡Qué me iba a imaginar yo que dos años después iba a ser el dueño de este bar, por 48 años! Pero ayer empezó una nueva etapa; hay nueva gente. Y este lugar quedó muy lindo. Está muy bien."
Quien habla es José Trillo, uno de los tres "gallegos", los antiguos dueños del Británico. Ayer, tras la reapertura del bar a manos de sus nuevos gerenciadores, Trillo sorprendió a todos. Volvió, pero para sentarse en una de esas mesas. Miró la carta y ordenó una cerveza. El lugar estaba lleno. Tras la inauguración oficial, de a poco, los vecinos se fueron acercando. Se animaron a probar el café y comenzaron a sentarse cómodos en las sillas retapizadas en verde. Incluso Roberto Galucci, el diariero de la esquina de Defensa y Brasil, que ayer celebraba que tras siete meses de trabajar en una esquina muerta, por culpa del cierre del bar, ayer su puesto volvió a vivir.
"¡Qué bien le queda la camisa a rayitas! ¿Qué hizo con el saco blanco?", le preguntaron Ana y Juan Pablo, que viven justo encima del café. "¡Ah, ese está guardado! Se va para España", asegura José. No es para menos. Durante todo ese tiempo, el hombre no sólo fue dueño, sino que hizo de encargado y a la vez de mozo. "Si contratábamos mozos, había que pagar más personal. Además, así se me pasaba el día; saludo a uno, a otro... Yo conozco a todos. Y cuando me quería acordar, ya se había acabado mi jornada. Y eso que en todos esos años nunca tomé francos", asegura.
"¿Si me acuerdo del día de nuestra inauguración? No... Fue un día de trabajo más", dice. Y cuando se le pregunta por personajes y personalidades, recuerda que Ernesto Sabato se sentaba en la mesa de la punta, pedía café negro y escribía a puño, todos los días, unas dos páginas. "Después, las daba vuelta, y vuelta; las miraba fijo y las rompía en pedacitos. Pagaba, dejaba unas moneditas de propina y se iba por el parque, como ofuscado. Sí, dejaba los destrozos de manuscritos ahí y nosotros los juntábamos y los tirábamos al tacho", cuenta. Eran los bocetos de Sobre héroes y tumbas.
"El otro «escribiente» [sic] que venía era uno que veía muy poquito..." ¿Borges", se le pregunta. "Sí, Borges, con su señora. También pedía café negro; se sentaba en la mesa de ahí", señala.
A Agustín Souza, el nuevo dueño, no se le pasa por alto la presencia de Trillo. De lejos, disfruta de esa historia. No le permite pagar la cuenta; quiere que se sienta bienvenido, que vuelva cuando quiera. Al fin y al cabo, es de lo más notable que tiene el bar.
El sueño del pibe
"Para mí, el Británico es el sueño del pibe no tan pibe, porque ya pasé los 60", dice Souza. Después de haber trabajado en comercios y en la industria automotriz, reunió a la familia en su casa de Palermo y le anunció que haría algo por él mismo: dedicaría todos sus ahorros para resucitar el Británico.
"Yo lo conocí hace años y me hizo acordar mucho al bar de la esquina de mi casa, en Soler y Salguero. Se llamaba Miranda y López; cerró hace ya bastante tiempo. En ese lugar, hoy hay una carnicería", cuenta Souza.
"Al bar de Palermo me dejaron entrar sólo cuando cumplí los 18, que fue todo un acontecimiento. Ahí eran las reuniones con amigos, las largas charlas... Pero ese lugar no existe más. Entonces, creí que era importante hacer algo para que no desapareciera otro de estos lugares", dice.




