El cantorcito que ve con el corazón
Es ciego, tiene 12 años y fue ovacionado en el Festival de Jesús María; relata fútbol desde su imaginación
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CORDOBA.- Lucas Belbruno tuvo la semana última su momento de gloria cuando más de 10.000 personas lo aplaudieron de pie y le tributaron un merecido reconocimiento a la prodigiosa interpretación que acababa de brindarles de "Honrar la vida", el poema hecho canción de Eladia Blázquez.
Lucas es un chico no vidente, de 12 años, que piensa que cuando se presenta un problema "uno tiene que buscarle la vuelta".
"Yo trato de encontrarle la solución. Me digo: a ver cómo lo resuelvo", sintetiza.
En estos tiempos de tanto desánimo, tanta impotencia y tanta rabia por la crisis económica y social de nuestro país, la actitud de Lucas confirma que no hay adversidad que no se deba enfrentar o contratiempo que no se pueda superar. Ni sueño que no se deba intentar alcanzar.
Porque para él, haber actuado en el escenario de uno de los mayores encuentros folklóricos de la Argentina, como el Festival de Doma y Folklore de Jesús María, ha sido una meta en su camino. "Quisiera llegar a ser un gran cantante -cuenta a LA NACION-; ya cumplí un sueño, que ha sido estar en esta fiesta del folklore."
Un artista consagrado, Jairo, después de escucharlo sentenció que está dotado de "una voz muy bonita, plena, canta muy bien". El chico se siente alentado por los pronósticos que le asignan, por su excepcional registro vocal, un futuro de cantor.
Un chico muy estudioso
No obstante, acostumbrado a medir sus pasos, repara: "Primero tendré que estudiar muy mucho y después veremos a qué llego cuando sea más grande".
Ya es un buen estudiante. En 2001 fue escolta de bandera en la escuela Maestro Domingo Nogal, de la localidad de Monte Cristo, a una veintena de kilómetros de la ciudad de la ciudad de Córdoba, dónde vive con sus padres y su hermanito de 10 años, Federico. Los dos niños padecen la enfermedad de Leber, que les produjo ceguera desde que nacieron.
En la escuela primaria transitaron maravillosamente bien ese camino de doble mano que es la integración. Los chicos videntes les hicieron enseguida un lugar, primero a Lucas y luego a Federico. Cada uno puso su parte, que es lo importante.
El mayor narra cómo sucedió: "Yo pensaba que se me iba a hacer difícil, pero me integré bien y me llevo bárbaro con los demás chicos. Al principio ellos no comprendían que no soy un inválido y a cada rato me querían alcanzar el bastón o llevarme de la mano. Pero después que uno les explica que no hace falta que me alcancen el bastón, que yo puedo solo, van entendiendo. Y ahora me tratan como a un igual".
Lucas -que este año comenzará a cursar el secundario en el instituto parroquial de la población- canta desde los siete años. "Canto con el corazón, porque me gusta", dice, para explicar su vocación. Admira a Peteco Carabajal y a Jairo, de quienes considera que tiene que "aprender muy mucho".
Con una madurez que hace suponer que tiene más edad, puntualiza: "Un cantante tiene que ser humilde, siempre tiene que aprender del que es más que uno".
La filosofía del chico para enfrentar los problemas se evidencia en su resolución de ponerse a aprender a tocar la guitarra hace ocho meses: "No se me había dado por estudiar guitarra. Pero cuando para cada actuación tenía que buscar un músico que me acompañara, lo cual no es fácil porque muchas veces están ocupados, me dije: agarro yo la guitarra y listo. Y me puse a estudiar".
Debut folklórico
Lucas se inclinó por el folklore cuando decidió participar de un certamen -"El Cantorcito"- que organiza un folklorista cordobés, Juan Bautista, además conductor del programa televisivo "La casa del trovador".
Fue este cantor quien propuso al Festival de Jesús María la presentación del jovencito y del Coro Ibis, de niños, del Instituto para Sordomudos de Córdoba.
A muchas de las 10.000 personas que escuchaban a Lucas y veían la interpretación en lenguaje gestual de los chicos que no pueden hablar ni oír se les cayó una lágrima de emoción. Al terminar, todo el mundo aplaudió de pie durante un par de minutos.
El cantorcito de Monte Cristo, que parece ver con el corazón, está escribiendo su primera letra a instancias de otro músico, Juan Escalzo. "He escrito un par de estrofas", anticipa: "Madre, tú que con sonrisas alegras mis días ..."
La mamá, Mónica Ochoa, es la encargada de todos los menesteres que demandan las actividades de sus dos hijos. El papá, Juan Carlos Belbruno, es productor y comerciante de productos hortícolas.
Familia de artistas
Federico, el hermanito de 10 años, toca el bombo, aunque todavía no ha ido a acompañarlo a un festival. "Pero en cualquier momento empiezo", apunta, con típica tonada mediterránea.
En una de ésas, lo suyo son los cuentos de humor cordobés. "Aprendí uno bueno -se larga, desenfadado-. Va un "negro" a la comisaría y le dice al comisario: -Comisario, me acaban de robar la casa rodante. -¿Y viene a hacer la denuncia? -No, si "vua" venir a hacer un cambio de domicilio."
Las buenas ondas son otra de las cosas que destilan los dos chicos no videntes. Son fanáticos del fútbol y van a la cancha a "hinchar" por Belgrano de Córdoba. No sólo eso, se atreven a imitar a Osvaldo Whebe y a Víctor Brizuela, el relator y el comentarista, respectivameente, más famososos de Córdoba.
Y dejan registrada en el grabador del cronista la "transmisión" de un gol con lujo de detalles y el análisis del equipo de sus amores: "Belgrano 1, Boca 0". No ven, pero su inteligencia e imaginación rompen todas las barreras.
Lucas y Federico coinciden en un mensaje. "A los que tienen una discapacidad como la nuestra les diríamos que no se echen atrás, porque con distintas capacidades se pueden hacer muchas cosas", resume el mayor.
Un mensaje que bien vale para los que gozan de todos sus sentidos y capacidades.
Los chicos no están ajenos a la realidad
- CORDOBA.- Lucas y Federico Belbruno demuestran estar bien informados sobre la realidad argentina. "Están bien los cacerolazos para protestar por medidas del Gobierno, pero no está bien que ataquen a los supermercados, porque no tienen la culpa de lo que pasa", reflexiona Lucas, el mayor, de 12 años. "¡Qué bronca!, ¿no? A mí me dio bronca cuando empezaron a romper los vidrios de los supermercados y a saquearlos", añade Federico, el menor, de 10 años. En síntesis, dos hermanos preocupados por superar la adversidad, incluso la ajena.





